Seis claves para saber defenderse

¿Te cuesta decir NO? ¿’Pasas por el aro’ por miedo a molestar? Sigue leyendo: aprender a negarte es solo el punto de partida de la ‘autodefensa personal’. Más claves para hacerte valer, en ‘Aplicaciones de la asertividad’, de Olga Castanyer.

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1. Ponte en situación. Imagínate en esa terraza tan chic en la que acabas de aterrizar. El sitio es precioso y te encanta la compañía, así que vas a tomarte esa vichysoisse caliente que te acaban de servir. Lo que sea para no alterar el momento: pasarías más vergüenza reclamando que tragándote el engrudo. Error. Estás en tu derecho y bastaría con pedir por favor que la sirvan a la temperatura correcta: fría. Una respuesta asertiva frente a la sumisión de callarte y tomarte la crema caliente.

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2. Qué no hacer. Veamos ahora el caso contrario: tu cita va a ser un desastre pero tú aún no lo sabes. Tu acompañante quiere impresionarte y le grita al camarero que jamás le habían servido una vichysoisse caliente. Te hundes en la silla y le dices que no te importa, que incluso te gusta tomarla a 40 grados... en verano. Pero al galán ofendido no hay quien lo pare y se precipita la tragedia. Otro mal ejemplo de autodefensa personal: la agresividad, en el polo opuesto de la sumisión.

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3. Asertividad, por favor. La palabra es rarita, sí, pero te va a dar la clave: aprender a defenderte sin sumisión ni agresividad. Ese puntito intermedio tan difícil de lograr para los impulsivos y para los que siempre callan por no discutir ni molestar. Ninguna de las dos respuestas resuelve: la agresión provoca al otro, hace que te sientas culpable y daña a los demás. Y la sumisión, sencillamente, prescinde de lo que tú opinas, decides o deseas. Necesitas un ‘plan C’.

4. Ataque verbal. Bien, y ¿qué haces entonces si alguien cruza la raya roja y se pasa tres pueblos con nosotros, normalmente (dicho sea de paso) para demostrar control o poder? Tres pasos: identificar la frase o actitud conflictiva (mal servicio, puesta en evidencia, desprecio, burla, culpabilización, amenaza, chantaje emocional...), procurar interpretarla bien (la vichyssoise caliente no es para tanto...) y elegir la estrategia asertiva. ¿Cuál?

5. Tranquila, pero firme. Hay tantas respuestas asertivas como situaciones para ponerlas en práctica, pero, básicamente, se pueden resumir en cuatro: la asertividad empática (“entiendo cómo te sientes, pero no me grites, por favor”); la repetición de nuestra posición ante la insistencia, el error o el ataque del otro; la focalización del problema (“¿qué propones que haga?”) y el aplazamiento de la situación a un momento menos tenso.

6. Respeta y te respetarán. “Disculpe, pero la vichyssoise está caliente. ¿Podría cambiárnosla, por favor?”. Tan sencillo como eso. Este sería un buen ejemplo de asertividad. Ni exiges, ni atacas, ni tragas (nunca mejor dicho) ante un conflicto cotidiano, sino que pides, educadamente, lo que te corresponde obtener: una crema fría y –siempre– un trato correcto de los demás. La clave de fondo es que el otro te merece respeto, pero tú misma te lo mereces también.