Seis claves para aprender a meditar

Sin palabrería ni rollos esotéricos, la meditación es una de esas cosas que te cambian la vida, y para bien. Lo único que hace falta es recurrir a la fuente adecuada, como el psicólogo David Fontana y su libro "Aprender a meditar".

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Sin sudar. La meditación puede fascinar o dar la risa, según quién hable de ella y quién escuche el mensaje. Y es que aquello de contemplar la inmensidad del universo y descubrir el poder de la mente no es fácil de asimilar. Pero meditar es una herramienta formidable, un viaje de crecimiento personal que da beneficios muy pronto. Como en el gimnasio, para obtener los mejores resultados hace falta compromiso y determinación. Eso sí, con paciencia y sin sudar.

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¿Tienes diez minutos? O incluso cinco: con eso cada día, basta para empezar. A partir de ahí puedes subir poco a poco hasta llegar a la media hora, repartida si prefieres en dos sesiones de 15 minutos. Hay quien llega a la hora diaria, pero no hay que forzarse. El momento preferido suele ser por la mañana, porque la mente está más descansada, aunque también hay quien lo hace por la noche, para relajarse. Prueba y elige lo que más te vaya.

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¿Qué me pongo? Y dónde... Llegarás a poder meditar en cualquier parte, pero al principio busca un lugar sin ruidos, distracciones ni desorden. El dormitorio puede ser un buen sitio, y mejor pintado en colores relajantes o en blanco. Puedes montarte tu minisantuario portátil, con flores, velas, música que te inspire, lo que prefieras. Crea tu propio ritual y trata de mantenerlo, sin obsesionarte con los detalles. En cuanto a la ropa, ponte algo cómodo, claro.

La pose. Lo más habitual es sentarse en el suelo en la postura del loto, con las piernas cruzadas y la espalda en línea recta con la cabeza. Hay maestros que meditan girando como peonzas, yoguis que hacen el pino sobre la cabeza y budistas que pasean o hacen taichi, pero no te compliques. Si el loto no te va, ponte como estés a gusto: puede ser en una silla o con la espalda apoyada en la pared. Para concentrarse, ayuda cerrar los ojos y, sobre todo, estarse quieta.

Al tema. Meditar comienza al atravesar mentalmente lo que llaman la 'puerta sin puerta'. Toma ya. Es algo difícil de explicar y de encontrar, pero no hay prisa. Tú a lo tuyo, hasta que empieces a pillarlo. Hay que concentrarse, no como al estudiar, sino de forma más relajada, descansando la mente en un punto fijo y placentero. Un buen recurso es la respiración, tranquila y profunda. Quédate ahí, en cada inspiración y cada expiración. Y nada más.

Hasta el infinito y más allá. Un error muy común es ponerse objetivos o expectativas sobre lo que te va a aportar la meditación. No esperes nada, ni busques atajos, ni te rindas. Ve paso a paso y no te quedes en estos seis consejos. Un libro serio pero fácil como el de David Fontana es mucho mejor que gastarse los euros en la escuela de algún charlatán. Pero si prefieres un profesor, busca uno bueno, y ya probarás algún retiro en Bali.