¿Matrimonio o pareja de hecho? Claves para elegir

Romántica para unos y aterradora para otros: la palabra ‘matrimonio’ no siempre convence, sobre todo si no es el primero. ¿La alternativa? La unión de hecho, más ‘ligera’ y con ciertas ventajas. Pero ¿las suficientes?

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Podríamos concebir este reportaje como un pequeño homenaje a Zsa Zsa Gabor, pues casarse nueve veces como hizo la gran actriz casi centenaria es una muestra de lealtad a la institución, ¡y de valor! Otras celebrities más jóvenes tampoco se asustan a la hora de dar el ‘sí, quiero’, y olvidan sus experiencias anteriores ante un futuro, a priori feliz, con sus nuevas parejas: Drew Barrymore, Jennifer Lopez, Demi Moore y Kate Winslet son solo algunas de las que ya han pasado tres veces por la vicaría o el registro civil.

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Un poco de pragmatismo
Sin embargo, hay quienes consideran que con una intentona es suficiente: “La primera vez que uno se casa tiene expectativas de que todo saldrá bien y solo piensa en los aspectos positivos. Cuando se separa tiene que afrontar los costes materiales y emocionales de la ruptura, y su visión de las relaciones cambia por completo. Es normal que quienes se plantean casarse de nuevo tengan miedo a equivocarse otra vez”, dice Montserrat Ribot, psicóloga y coach experta en relaciones de pareja, además de autora del libro De single a LP (Ed. Urano). La decisión de repetir el “contigo, pan y cebolla” tiene mucho que ver con el nivel de valentía y madurez personal de cada cual, porque, como aclara Ribot, “las personas maduras son más capaces de asumir compromisos, mientras que las que no lo son tanto se sienten incómodas. La palabra ‘matrimonio’ les asusta. Y es que el verdadero compromiso es cuando existe la voluntad de pasar el resto de la vida juntos. En este sentido, el matrimonio representa lo máximo en la convivencia”. Atendiendo a los consejos de la experta, bastaría con un poco de sensatez emocional para tener ciertas garantías de éxito, pero no siempre ocurre así. En gran parte de las parejas que no pasan por el altar o el registro civil subyace el miedo a ese compromiso firme que implica el matrimonio, pero lo cierto es que el compromiso está ahí y en algunos casos dura más que otros en los que hay papeles oficiales firmados.

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“Muchas personas deciden ser pareja de hecho por el bajo coste y la sencillez del proceso en la unión y en la ruptura”
Teresa de la Fuente

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Ni para ti ni para mí
Por muy claro que tengamos que no vamos a dar el sí quiero dos veces, en ocasiones el pragmatismo se impone y hay que buscar alternativas al matrimonio, pero que vayan más allá de la mera convivencia. Es el caso de Ana Almeida (50 años): tras divorciarse de su primer marido, conoció a un hombre que, a priori, no era su tipo. Sin embargo, después de crear momentos juntos, se dio cuenta de la afinidad que había entre ellos: “Es un amor muy tranquilo y especial, que ha puesto el listón muy alto, tanto como para que yo diera el paso a la convivencia”, dice. Después de 12 años compartiendo hogar, hace un año formalizaron su relación como pareja de hecho. Y aunque les une un gran amor, este no fue lo que los impulsó al cambio: “Fue por una cuestión de ventajas legales –contesta abiertamente–. Cuando mi padre falleció, mi pareja no obtuvo los cinco días de permiso para estar conmigo. Se los tuvo que coger de asuntos personales. Después de eso, formalizamos la relación para disfrutar de días libres en caso de que tuviéramos que cuidarnos o acompañarnos por enfermedad”, explica. En el caso de Ana muchos se preguntarán por qué no casarse si esos derechos también los recoge el matrimonio, y la respuesta de Ana es clara: “En ese momento no me convenía económicamente. Yo estaba pagando una hipoteca y, si me casaba, ya no me desgravaba”. Efectivamente, esta es una de las razones por las que muchas personas deciden ser pareja de hecho, y no marido y mujer, tal y como afirma Teresa de la Fuente, decana del Colegio Notarial de Castilla y León: “Por un lado, por el bajo coste y la sencillez tanto en la constitución como en la ruptura de estas uniones, y por otro, por la posibilidad de obtener algunas ventajas, ya sean fiscales o de otro tipo, sin que ese compromiso sea, a priori, para toda la vida”. Pero no siempre es así: estar casados puede ofrecer a la pareja algunos beneficios fiscales. ¿Cuáles? En el caso de que uno de los miembros de la pareja no trabaje, sale más ventajoso hacer la declaración de la renta conjunta, algo que solo pueden hacer los matrimonios. Y a la hora de comprar o vender inmuebles, las deducciones son más atractivas también si media matrimonio.

Con la ley en la mano
A día de hoy, el 13 % de los hogares españoles está formado por una pareja de hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y aunque no están reguladas a nivel nacional, en 13 comunidades autónomas existen leyes al respecto. En algunos puntos, como en los 15 días de vacaciones por casarse, suele haber equiparación entre las dos fórmulas, pero el matrimonio sigue reconociendo a los cónyuges aspectos legales que las uniones de hecho no contemplan: “Con carácter general podríamos decir que una de las diferencias es que el Código Civil recoge derechos sucesorios a favor del cónyuge viudo tanto en los derechos legitimarios como en la sucesión sin testamento. Y no se recogen a favor de la pareja de hecho. Si no hay testamento, se aplican las reglas de sucesión intestada y, como consecuencia, si no hay descendientes, los sucesores serán los padres”, explica Teresa de la Fuente. Este es uno de los apartados donde, como afirma la notario, “la pareja puede encontrarse más desprotegida”.

Además, hay que decir que la ley de cada comunidad implanta una serie de requisitos para acceder a los beneficios: “En Castilla y León, por ejemplo, si el fallecido ha dejado algo a su pareja en testamento, esta tendrá las mismas bonificaciones fiscales que el cónyuge, siempre que estuviera inscrito en el Registro de Parejas de Hecho de la comunidad con una antelación mínima de dos años”, matiza la letrada.

Otro tanto ocurre con el derecho a asistencia sanitaria, pues hay que acreditar una antelación mínima de un año en la unión. Y hasta de dos si se trata de subrogar la vivienda de alquiler en el supuesto de que fallezca quien había puesto el contrato a su nombre. Por eso, aunque puede haber pactos ante notario en cuanto a la constitución de la pareja y los aspectos económicos son válidos y eficaces, la inscripción en el Registro de Parejas de Hecho de la comunidad autónoma es, como dice De la Fuente, “necesaria para disfrutar de algunos derechos y ciertas exenciones fiscales que otorga la ley”.

El buen entendimiento
A pesar de los vacíos legales y las condiciones básicas, las uniones de hecho siguen creciendo. Según el INE, entre 2001 y 2011 aumentaron un 200 %. Uno de los atractivos es que, como dice De la Fuente, “dan la posibilidad de autorregular las relaciones personales y económicas de sus miembros”. Así, por ejemplo, si se constituyen en escritura pública ante notario se puede pactar un régimen de patrimonio común similar al de gananciales, y también las condiciones de repartición en caso de ruptura. Si la relación concluye, tampoco es necesario acudir al juzgado para declarar la extinción de la convivencia, como ocurre con una separación o un divorcio. Basta con formalizarlo en escritura, “lo cual evita muchos trámites administrativos, situaciones desagradables que se pueden alargar en el tiempo, y una considerable reducción de los gastos”, añade la notaria.

Más que un papel
Ambas fórmulas son un paso más, como dice Elena Jiménez, de 45 años: “La palabra ‘matrimonio’ no tiene por qué ser un inconveniente. Es una relación con otra persona, solo que en este caso hay una firma de por medio”. Elena se casó con 30 años y se divorció a los tres. Tras asimilar su soltería, se enamoró de otro hombre y decidió volver a casarse: “Yo me casé la primera vez con la intención de que durara muchos años. Y la segunda vez también lo hice con esa intención. Hoy, solo puedo decir que siete años más tarde sigo enamorada de mi marido y tenemos un hijo maravilloso. ¿El mañana? ¡Quién sabe! No puedes dejar de hacer las cosas por miedo”.

Las diferencias en los temas relativos a custodia de los hijos o pensiones alimenticias no son significativas en caso de ruptura: “El cese de la convivencia no supone la extinción de la obligación de prestar alimentos a los hijos o ejercer la guardia y custodia (...). Los padres pueden pactar lo que consideren oportuno al respecto, pero en ningún caso se puede renunciar a ello”, cuentan en iabogado.com