Seis claves para solucionar conflictos sin llegar a discutir

El gran problema es cómo solucionar los problemas, decía un filósofo. Y la solución es la misma para una guerra que para un asunto familiar. Josep Redorta lo resume en su libro ‘Cómo actuar ante un conflicto’.

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Primero piensa. Será de perogrullo, pero para arreglar un problema tienes que saber antes cuál es. Entender el qué y el porqué de un conflicto puede requerir más tiempo y esfuerzo que dar con la solución, pero es imprescindible. Debes escuchar a todas las partes enfrentadas y analizar bien lo que pasa. A partir de ahí, piensa qué es lo que quieres conseguir y cómo puedes lograrlo. Si los problemas son varios, pues de uno en uno y en fila india.

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Sé lista. Esto significa que no la líes. No te dejes llevar por las emociones y respeta a los demás. Para desahogarte, haz lo que se te ocurra y luego cuenta hasta diez o hasta diez mil. Trata de separar los problemas de las personas y no pienses en quién tiene la culpa. Ser impulsiva, prepotente, desagradable u ofender al otro solo te complicará las cosas. Si quieres salirte con la tuya, necesitas estar calmada y tener cuidado con la autoestima de todos.

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Tu mejor arma. La asertividad es la capacidad de defender tu postura sin ser agresiva, sin enfadarte pero sin pasividad. Así es como puedes ganar: con buenos modales y buena comunicación. Si en una negociación las partes caen en posiciones de ataque o defensa, la cosa se complica. Tienes que legitimar tu posición, explicar tus razones para que los demás las entiendan aunque ellos tengan otras. Y usa la empatía: ponte en su lugar si quieres moverlos de ahí.

Calla y pregunta. Escuchar es más persuasivo que hablar, lo dicen los científicos. Dejar explicarse a los otros, no interrumpir y respetar los silencios son técnicas básicas para convencer. Y escuchar no es oír, así que presta atención a lo que te dicen. Eso te permitirá usar otra técnica fundamental: hacer preguntas, correctas y bien dirigidas. Preguntar sirve para explorar el conflicto y para hacer sugerencias de forma sencilla sin resultar impositivos.

Siempre hay salida. Cualquier problema tiene solución, y si no la encontramos es porque no lo estamos planteando bien o porque tenemos que replantearnos nuestras expectativas. Todos. Si nos vemos en un callejón sin salida, hay que mirar el laberinto desde arriba, ser pacientes y tomarnos tiempo y distancia para tener una visión más amplia. A veces hace falta pensar de forma creativa e ir más allá de lo obvio. Ni te rindas ni te emperres.

El lado bueno. Los conflictos forman parte de la vida, en el trabajo, en la familia, con los amigos o en cualquier otro ámbito. No es culpa tuya ni de los demás: es así. Para superarlos a veces hay que atravesar fases destructivas, asumir pérdidas y hacer renuncias, pero sin conflictos no hay cambio. Afrontar problemas nos estimula, nos obliga a comunicarnos, a cooperar, a aprender y nos hace más fuertes cuando los superamos. A por ellos.