Las seis claves para ser la invitada ideal

Todas queremos ser la anfitriona perfecta, pero ¿qué hay de la invitada modélica? Carmeta Morán nos propone algunas claves para desenvolvernos con mucho 'charme' en Sin maneras no hay manera. Una guía actualizada para saber comportarse en cada ocasión (Ed. Alba)

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Sé puntual. No hay nada peor que una fiesta en la que los invitados van llegando a cuentagotas, de modo que la comida se enfría al tempo que se van calentando los ánimos. Si estás entre las que aplican el 'complejo novia' (es decir, la dispensa para llegar tarde) a cualquier ocasión, plantéate cambiar al 'modo reloj suizo' y no te hagas de rogar. Si llegas de las últimas todos lo sabrán, y es algo que provoca muy mala impresión.

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No preguntes: '¿Te ayudo?'. Sí, todos saben que eres una persona muy dispuesta y que te encanta echar una mano, ya sea para terminar de emplatar los aperitivos o para recoger la mesa antes de que lleguen los postres, pero...¡cuidado! El protocolo deja claro que está prohibido. Además esta actitud puede llegar a incomodar al anfitrión e incluso puede sentirse en un aprieto.

Si regalas champán o vino...no pretendas que lo abran. Puede que te hayas gastado toda la paga extra en una botella carísima de gran reserva o en un mágnum del mejor champán francés, pero seguro que tus anfitriones tienen previsto (y ya frío) otro espumoso estupendo para el momento del brindis. Así que evita ponerlos en el compromiso de: '¿Por qué no probamos, mejor, la botellita que os he traido?'.

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Tu silla no es solo tuya...salvo que vayas a una comida o cena en la que los asientos estén ya asignados. Pero si te invitan a uno de los cada vez más frecuentes cócteles o bufés, procura no aferrarte al primer aisento que encuentres libre. Que hayas aguantado un día entero diez centímetros de tacón no te da derecho a monopolizar los elementos de descanso: rotar las sillas es una norma básica para cualquier buen invitado.

No sin mis medias. Aunque lleves vestido largo y no pienses enseñar ni el tobillo, descarta acudir a una fiesta o reunión social sin esa segunda piel para tus piernas. En esto, el protocolo es tajante: nada de lucir extreminades inferiores sin cubrir, por muy morenas que estén o por poco que se vean. Puede que te resulten incómodas pero piensa que tus piernas se verán mucho más estilizadas. Te dará seguridad.

Cada invitación tiene hora de caducidad. ¿A que odias que un asistente se pase las horas muertas en tu salón, alargando las conversaciones eternamente mientras tratas de evitar que se te cierren los ojos y se te abra la boca? Pues aplícate el cuento cuando vayas a casa ajena: el final del café o la segunda hora después de tu llegada son buenos momentos para decir adiós...Aunque no sin antes dar las gracias por la velada, claro.