Las seis claves para sobrevivir a tu jefe

Gritos, miradas que te fulminan y órdenes imposibles de cumplir... Es el día a día con ciertos jefes, y antes de darse a los ansiolíticos es mejor probar los consejos de Fernando Marañón en Defiéndete de tu jefe (Ed. Oberon).

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Si tu jefe es muy impulsivo... No entres al trapo. Parece que es buenrollista profesional, pero debajo de su apariencia extrovertida se esconde un ser egocéntrico a quien le importa un bledo el bienestar de todo aquel que no sea él (o ella). Manipula a su antojo y se considera infalible. ¿Te suena? Pues ni se te ocurra llevarle la contraria, pero tampoco te dejes manipular: síguele la corriente y gana tiempo para que se le pase el pronto.

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Si es un narcicista... Haz que tus ideas sean suyas. Si se te ocurre una idea magnífica puede que la rechace porque no sea suya, pero si él ha dado con la verdad de Perogrullo por inspiración divina esperará que todos caigáis rendidos ante su supina incompentencia. Lo sentimos, en este caso, si te quieres llevar bien con él, tendrás que asumir que tus buenas ideas pasarán a ser suyas. La ventaja es que puede que te dé algún día libre.

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Si es un inmovilista... Vete de dócil. No te mira a los ojos, le aterra hacer un mínimo cambio en el día a día de la empresa, todo tiene que seguir sus reglas y tú eres un tornillo más dentro de su cadena de montaje. Para él la sociedad no existe. Pónselo fácil: si sabes que cambiar de proveedor de folios le provoca urticaria, ¿para qué vas a proponerle adoptar el último grito en gestión empresarial? Sigue su inercia y serás más feliz.

Si es un histriónico... Ríele las gracias. Podría haber sido actor porque le encanta exagerar, enfatizar y adoptar el rol de colega... cuando es simplemente tu jefe. Organiza constantes quedadas y afterworks pero, ¡ay, amiga! no es capaz de tomar decisiones por sí mismo si no cuenta con respaldo. Si te ha tocado este jefe en suerte, lo tienes fácil: ríele las gracias y procura compartir con él algún que otro café...le encantan los chismes.

Ve de hormiguita... Es el tipo de empleado preferido de los jefes: sabe en qué consiste su trabajo y lo desarrolla con disciplina y seriedad. Son capaces de tomar decisiones sobre la marcha aunque lleven sobrecarga de tareas, porque tienen claro su cometido y funcionan de manera mecánica. Imítalas, pero no te olvides de ser, además de eficiente, leal: las hormigas tienen como destino final el hormiguero y no se distraen por el camino.

Evita a gansos y hienas. Vagos, ególatras y mala gente son a menudo los empleados favoritos de los jefes. No hacen nada, pero lo venden tan bien que se convierten en la mano derecha del incapaz de turno. ¡Menudo equipo! No entres en su juego y evita compartir la más mínima confidencia: un desahogo inoportuno por tu parte se convertirá en un arma de destrucción que usarán contra ti. No te lleves mal con nadie, pero mantén las distancias.