Y después del flechazo ¿qué?

Una vez pasada la pasión inicial, el compromiso y la intimidad nos da miedo. No te esmeres demasiado en saber hacia dónde va tu relación: déjate llevar. El tiempo te ayudará a verlo con claridad.

El enamoramiento es delicioso: una época de pasión en la que vuelves a sentirte casi adolescente por momentos y piensas que las mariposas del alma nunca habían sido tan reales… Pero esa potente atracción inicial, un capricho casi irrefrenable por el otro, es insostenible en el tiempo de manera tan intensa. Parece que pasó el flechazo pero, ¿y ahora qué?

Lo más parecido al amor romántico que nos venden en las películas no dura eternamente, cierto, en nuestra mano está decidir en qué queremos transformarlo. Pasada esa primera enajenación pones los pies en la tierra, empiezas a identificar los defectos del otro, a convivir con ellos, le bajas incluso del pedestal y  tratas de reajustarte tras los primeros conflictos.
En este instante te das cuenta de que quizá ya no estás perdidamente enamorada de él pero, sin embargo, sientes que le quieres y que quieres seguir con la relación.

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Tomar conciencia de esto asusta hasta a la más valiente:  las diferencias, los compromisos y los cambios nos dan miedo, mucho miedo. No te esmeres demasiado por querer saber hacia dónde van las cosas o por ponerles un nombre concreto. Déjate sentir y déjate experimentar, ya tendrás tiempo de definir y el tiempo te ayudará a ello.

La construcción de la intimidad suele ser lenta pero está llena de alegrías, es un camino apasionante en el que se empiezas a compartir con el otro, a avanzar con él y, si todo va bien, poco a poco sientes que avanzáis en el mismo sentido.

La vida en pareja es un proceso de adaptación constante, un esfuerzo por mantener el equilibrio, ¡pero el esfuerzo mejor recompensado! ¿No es acaso la pareja la responsable de la mayoría de nuestras penas y alegrías? Aléjate de expectativas infladas, prejuicios y miedos. Pasado el flechazo inicial, déjate vivir el amor.

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