¿Cómo indentificar a un hombre tóxico?

El hombre tóxico es negativo en tu vida. Consigue que olvides tus principios y que acabes modificando tu forma de comportarte hasta un punto en el que no la reconoces como propia. ¿Sabes reconocerlos? Es la única forma de mantenerlos a raya.

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Tóxico es todo hombre que de manera sistemática te descalifica o simplemente es incapaz de tratarte bien desinteresadamente, que mina tu autoestima poco a poco, que se aprovecha de ti cada vez que tiene ocasión o te deja un poso de emociones negativas cada vez que se acerca. ¿Te suena?
Puedes tener la mala fortuna de cruzarte con un hombre así, pero tolerar su desprecio cotidiano ya no es cuestión de suerte: es tu responsabilidad poner límites a quien no te trata con respeto, a quien como pareja no se digna a cuidarte. Por muy atractivo que a primera vista pueda parecerte, presta atención a señales muy obvias, lo único que tienes que hacer para no engancharte a un hombre tóxico es observar y no justificar actitudes que en otra persona censurarías duramente. Cuando reúnas las pruebas suficientes, huye sin piedad.

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¿En qué debes fijarte? ¿Qué es lo que tienes que rechazar?

•Aléjate del narcisista redomado a quien solo interesas en la medida en la que satisfaces o compensas su ego, aléjate del pasivo-agresivo que casualmente solo explota en la intimidad contigo y del iracundo que es todo explosión y a quien todo importuna.

•Aléjate del psicópata frío que no sabe ni nombrar sus propias emociones y con quien la comunicación no es posible. Aléjate del sabiondo que te deja en evidencia sin importar las formas o quien haya delante.

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•Del mentiroso compulsivo que ofrece una versión de sí mismo diferente en cada contexto y que se rige por la premisa “que mi brazo izquierdo no sepa lo que hace el derecho”.

•Aléjate del eterno victimista atormentado que acaba destruyéndose a sí mismo y cuya debilidad es contagiosa.

•Manipuladores, infieles sin remedio, arrogantes, presuntuosos, excesivamente frágiles, ávidos de venganza, obsesivos sin límite o llenos de rabia contra el mundo; todos ellos son tóxicos y su compañía, al más puro estilo vampírico, te succiona lentamente tu propia esencia. Te hacen pagar por sus propias carencias y su codicia es despiadada.

Ojo con...

Ojo con tener compasión, desplegar la vena maternal o querer erigirte en una eterna salvadora a toda costa. Su forma de comportarse le trae beneficios, desde sus complejos obtiene de los demás exactamente lo que quiere, nada indica que necesite ayuda para cambiar. Es más, nada pronostica siquiera que quiera o pueda cambiar. Quien tiene que protegerse eres tú. Todo ello sin hablar, por supuesto, de agresores (físicos o verbales). En estos casos corre sin retorno, no hay margen para ningún tipo de tolerancia.

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