Cómo saber si ha llegado el momento de acudir a terapia de pareja

¿Cuándo pedir ayuda profesional para tu relación de pareja? Son varios los desencadenantes que llevan a las parejas a acudir a terapia: las fuertesdiscusiones, las infidelidades y la falta de intimidad son algunos de los motivos más frecuentes. Sin embargo, son pocas las parejas que deciden hacer terapia nada más empezar a percibir señales de que la relación no marcha bien.

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Normalmente, las parejas que acuden a consulta psicológica arrastran ya un largo recorrido de deterioro y malestar que se ha hecho notar ya en otras parcelas de la vida de cada uno. Las frustraciones y la distancia ya pesan a hombros de la pareja y, por tanto, no puede ofrecerse una solución tan sencilla o tan rápida como podría haberse propuesto de haber acudido en otra etapa más temprana de su relación conflictiva.

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Es difícil identificar el momento exacto en el que la ayuda terapéutica es recomendable, y es normal que así sea, pues resulta complicado aceptar que necesitamos la ayuda de un tercero y que no estamos siendo capaces de hacer nada eficaz para resolver nuestro propio problema. Por eso, aunque la terapia es más eficaz cuanto antes se inicie,  el síntoma más claro de que la terapia es necesaria no puede ser identificado ni demasiado pronto (sin haber intentado ni una sola alternativa para abordar la relación) ni demasiado tarde (cuando uno o ambos piensan que “ya lo he intentado todo y cualquier opción que quede es un mero trámite”).

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Así, el mejor momento para pedir ayuda profesional para gestionar tu relación de pareja es ese en el que a la insatisfacción se le empieza a sumar la sensación de que la comunicación se ha vuelto imposible. Me refiero a una sensación que se ha repetido ya varias veces y que resulta exasperante, la sensación de que “no entiende nada de lo que le digo” o de que “le digo una cosa y, por norma, entiende otra bien distinta”. A partir de ese momento las posturas en las que ambos os colocáis se vuelven cada día más defensivas y, por tanto, cada día más distantes. La negociación, sin comunicación eficaz, se vuelve imposible. Y, a los problemas, que rara vez se resuelven solos, no les queda otra que seguir agravándose. Las discusiones infructuosas se vuelven rápidamente destructivas para ambos.

Y, en este punto, no importa que los dos estén igual de convencidos o no lo estén. Normalmente es uno el que más se alarma, o el que con más inquietud se ha informado y quiere recibir la ayuda, y otro puede mantenerse en un plano más escéptico. Esto no tiene por qué ser un obstáculo. No hace falta venir a terapia con confianza plena, esta ya puede y debe trabajarla el profesional. Ahora bien, lo que sí es necesario es que ambos tengáis, en última instancia, una misma motivación de colaborar en lo posible para salvar la relación. Porque a terapia de pareja no se viene a ganar o a perder: en cualquier pareja ambos somos parte del problema y, por tanto, ambos somos también parte de la solución.