Hijos adolescentes en casa: ¿cómo afecta a la pareja?

Solo quien tiene hijos adolescentes en casa puede comprender el tsunami emocional que atraviesa una familia cuando los niños dejan de ser tan niños. Nuetra psicóloga de cabecera, Ana Villarrubia, nos da las claves para sobrellevar la situación sin que afecte (demasiado) a la pareja.

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El inicio de la adolescencia así como todo el tiempo durante el cual se prolonga esta etapa vital son, es, en sí mismos periodos de crisis tanto para quien los experimenta como para quienes rodean al adolescente. Con una personalidad en plena efervescencia y con tendencias de acción a punto de quedar definidas (casi, a veces, para siempre), al adolescente lo que le toca es ensayar nuevos patrones de conducta, poner a prueba los límites, equivocarse con todas sus consecuencias y cuestionar las normas establecidas… Y claro, esta época convulsa no solo la sufre el adolescente, sino que también se someten a examen los nervios y la paciencia de sus padres.

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La pareja, que hasta prácticamente “antes de ayer” disfrutaba de las ventajas de unos hijos más autónomos que cuando eran bebés con los que compartir experiencias un sábado por la mañana era una autentica delicia, se ven de pronto enfrascados en interminables discusiones siempre en torno a los mismos temas, y sometidos a desafiantes interpelaciones que, con toda la razón del mundo, creen no merecer. “Es tremendo”, “es agotador” y “me consume la energía y me saca de mis casillas” son las frases con las que más a menudo se desahogan los padres de chicos adolescentes que acuden a mi consulta por problemas de conducta que, aunque no son graves en absoluto, a ellos les han sorprendido y alarmado al observarlos en sus propios hijos. Los conflictos con los adolecentes en una etapa en la que, por definición, ellos mismos experimentan contradicciones internas en el paso a la edad adulta, son perfectamente normales. El peligro es que esta etapa deje mella en la relación de los padres, pues las discusiones, el cansancio y el hartazgo llegan fácilmente a integrarse en la vida de pareja. Y las contestaciones, las malas formas, las provocaciones y los desafíos en los de un hijo en plena pubescencia pueden llegar a ser un motivo de enfrentamiento entre los dos.

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Para que esto no ocurra, es imprescindible que los conflictos nos se vuelvan “personales” y, por tanto, no acaben enfrentado también a los padres entre sí. Es importante recordar que el hijo adolescente cuestiona los límites y, por tanto, cuestiona también a quien los establece, porque es precisamente la edad en la que su desarrollo evolutivo y la creación de su propia identidad así lo requieren. Pero no pone en duda al padre o a la madre por ser ellos quienes son, lo haría con cualquier padre y cualquier madre que se prestasen. Por tanto, ninguna de las discusiones con los hijos pueden o deben ser usadas en la pareja en contra del otro.

Al contrario, la fórmula magistral consiste en ser un equipo, con mecanismos de decisión perfectamente engrasados y gran disponibilidad para la comunicación emocional y a todos los niveles. No vale que uno sea el bueno y otro asuma el papel de malo constantemente, a menos que eso sea una estrategia puntual que se haya decidido emplear en un determinado conflicto. Ambos han de gestionar todas las normas que se han de respetar en su casa, ambos han de promover el diálogo y la colaboración por igual, y así han de transmitírselo a los hijos.

www.anavillarrubia.com