¿Por qué somos infieles?

Falta de pasión, rutina, crisis personal... Nuestra psicóloga de cabecera, Ana Villarrubia, nos da las claves para entender por qué somos infieles.

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No es esta una cuestión fácil de responder, ni posible de dilucidar en unos pocos párrafos: hay tantos motivos por los que el infiel justifica su engaño, que bien nos daría este tema para todo un libro sobre el amor, la traición, y el desamor. Sin embargo, desde mi experiencia como terapeuta de pareja, sí considero que la gran mayoría de las infidelidades comparten un misma función y obedecen, en el fondo, a una misma naturaleza: la falta de habilidad o la incapacidad para abordar otros problema en la pareja de manera alternativa.

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Es decir, quela infidelidad se presentaría como un respuesta evitativa ante un conflicto, una vía de escape, reflejo de quela persona carece de otras respuestas orientadas a resolver el problema en cuestión. No importa que ese problema se llame "falta de pasión", "rutina", "aburrimiento", "miedo al divorcio", "problemas de autoestima", "venganza", "necesidad de autorrealización ligada a una crisis personal" o "llamada de atención", por poner solo algunos ejemplos. Lo que importa es que ante la dificultad la persona escapa de su compromiso, no afronta el conflicto, se evade y satisface una necesidad o un deseo, sin haber abordado el foco del obstáculo que lo originó.

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Las páginas de contactos saben mucho de infidelidad, pues a ellas acuden muchas de estas personas que buscan una vía de escape que eluda a su pareja. Según un estudio llevado a cabo por el portal eDarling (web dirigida a poner en contacto entre sí a "solteros que buscan una relación estable" y cuya especialidad, en la teoría, no es la de proporcionar a sus clientes aventuras fútiles) el 50% de los usuarios que son infieles a través de esta red lo hace después de un periodo de tiempo (y, a menudo, también de crisis) en el que "no se han sentido queridos por su pareja".

Fíjate en lo curiosos que son los datos que aporta este estudio, cuando se comparan entre sí, y fíjate en lo mucho que nos dicen sobre por qué seguimos siendo infieles:

Según este mismo estudio el 90% de los encuestados confiaba en encontrar el amor de su vida. Sin embargo, la inmensa mayoría de hombres y de mujeres se reconocía capaz de mantener su relación de pareja sin amor: por "comodidad", por "miedo a la soledad", por no hacerle a sus hijos pasar por un divorcio o por motivos económicos. En esta dicotomía se explican a la perfección los muchos casos de infidelidad que se atienden en las consultas cada día:somos capaces de estar en una relación por motivos ajenos al amor, pero a la vez no somos capaces de renunciar a él, no cejamos en nuestro empeño de encontrar a una idílica media naranja que, probablemente, de tan idealizada que está, ni siquiera exista.

Parece que nuestros ideales románticos solo se sostienen solo en la imaginación, pero nos llevan a hacer, en la práctica, cosas de las que luego nos arrepentimos y cuyas consecuencias no somos capaces de valorar de antemano. ¿Es este tu caso? ¿Eres consciente de que mantienes tu relación de pareja para "evitar otro mal mayor" o sin ningún vínculo amoroso con él? Ha llegado la hora, entonces, de que te plantees qué vas a hacer para abordar tu problema. Habla con él, propón ideas, haz las peticiones oportunas, negocia y resuelve. Es mejor decidir a qué renuncias que actuar después a la desesperada y que eso conlleve renuncias que no deseabas hacer.

www.anavillarrubia.com