¿Cuál es tu umbral del dolor?

Ante el mismo daño, unos sufren más y otros menos. La culpa es de la genética, pero tranquila: la medicina está cambiando y las sufridas acabaremos siendo una especie en extinción.

Lo más popular

A nadie nos gusta, pero el dolor es necesario para garantizar nuestra supervivencia: es una señal de alerta de nuestro organismo que nos avisa de que algo no funciona correctamente. Pero no para todos es igual.

Una persona recibe un golpe y aúlla de dolor; otra, sin embargo, apenas siente nada. Para algunos, el dolor de cabeza es un trance intolerable; otros, en cambio, aguantan hasta que se desmayan. ¿Es que unos son más sufridos y fuertes que otros? La diferencia está en el umbral o la tolerancia que tenemos los seres humanos frente al dolor. Los estudios realizados con diferentes tipos de razas humanas, por ejemplo, indican que casi todo el mundo tiene, más o menos, el mismo umbral… pero con algunos matices.

Publicidad

Ellos aguantan másMuchas veces te preguntarás si exageras. La respuesta probablemente es no. Pero para comprobarlo, existen especialistas que pueden realizar una medición del dolor según distintas escalas unidimensionales (que analizan una dimensión del dolor) o multidimensionales (que analizan diversos aspectos como las sensaciones, la frecuencia, la intensidad…). Las hay particularmente útiles para los niños, con dibujos de expresiones faciales con las que podrán identificarse.

Lo más popular

Mediciones aparte, el nivel de dolor que llegan a sufrir dos personas con lesiones similares varía. Estas diferencias pueden ser reflejo de la educación o cultura de cada uno. Sin embargo, existen cada vez más pruebas de que la respuesta al dolor tiene mucho que ver con nuestros genes y nosotros, por supuesto, no tenemos control sobre ellos. Según explica el doctor Juan Pérez Cajaraville, director de la Unidad del Dolor de la Clínica Universidad de Navarra, "en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, se han realizado investigaciones que indican que hay diferencias biológicas y psicológicas: influyen los genes, pero también aspectos emocionales, como las expectativas y los daños en el sistema nervioso".

Y aún podemos afinar más. Por ejemplo, mujeres y hombres no somos iguales y, por tanto, tampoco actuamos igual frente al dolor. De hecho, al contrario de lo que siempre hemos pensado, ellos aguantan mejor. Eso sí, parece ser que las mujeres responden mejor a los analgésicos.

La diferencia la marca una proteína y las conclusiones del estudio que lo investigó se publicaron en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences. El trabajo indicó que una proteína (GIRK) en el organismo de los hombres transmitía el dolor con menor intensidad. Sin embargo, en las mujeres, si bien lo transmitía con mayor agudeza, era más sensible a la acción de los analgésicos.

Proteínas aparte, los expertos empiezan a medir también otras variables como la experiencia personal. Por ejemplo, aquella antigua máxima de "Los chicos no lloran" ha acabado desarrollando mecanismos psicológicos de tolerancia al dolor entre ellos. Increíble, ¿verdad? Por otro lado, la tolerancia puede cambiar incluso con la edad: a medida que envejecemos, se producen unos cambios en el organismo que disminuyen en nosotros la percepción del dolor.

Lo que sí está claro es que, frente a determinadas situaciones, la reacción es similar. Por ejemplo, si tropezamos en una huida frente a algún peligro, probablemente ni mujeres ni hombres seremos conscientes de ello. Esto se debe a que, dentro del circuito neurológico del dolor, los receptores de los opiáceos naturales –las encefalinas, las dinorfinas y las endorfinas– actúan como analgésicos sin interferir en la actividad motora. Éstas evitan que el cerebro sea consciente del dolor, lo que explicaría por qué, en algunas circunstancias, como en momentos de riesgo vital, en una huida o en la lucha, el organismo no es consciente del dolor. El deporte es uno de los mejores motores de producción de endorfinas; por ello, realizar cualquier tipo de ejercicio físico no sólo es beneficioso para mantener una forma física óptima, sino también para regular el dolor. Lo mismo ocurre con la risa o las reuniones sociales satisfactorias, excelentes productores de endorfinas.