Dulces de alta costura

Grandes chefs y confiterías de lujo reinventan chuches y 'snacks' para darles la 'dignidad' perdida. La clave está en utilizar materias primas naturales.

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¿Quién dijo miedo? Desde su Ávila de origen, la firma de productos gourmet Santa Teresa vende sus 'frutinolas' de membrillo cocinadas de forma artesanal a través de su web. Mientras, desde el pueblo de Jijona, en Alicante, la centenaria casa de turrones Pablo Garrigós triunfa en las tiendas gourmet de todo el mundo gracias a sus 'fruités', unas gominolas cocinadas con auténtica pulpa de frambuesa, piña, manzana o ciruelas. 

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Y más al norte, en el País Vasco, el chef Andoni Luis Aduriz ha fundado Candy Project, una iniciativa con la que pretende devolver la dignidad gastronómica a las chucherías: catedráticos de Sociología y de Nutrición, chefs y el movimiento Slow Food (por una cocina lenta y de calidad) le apoyan. 

En ese mismo frente trabaja la pastelería bilbaína Zuricalday, que ya va por su cuarta generación de pasteleros   con sus dulces del día, y también el gran repostero Oriol Balaguer, que reabre una de las confiterías más antiguas de Madrid, La Duquesita, con su propio obrador tras el mostrador. Su objetivo es recuperar nuestras recetas más tradicionales hechas de manera artesanal.

El mejor cruasán de España. Hace nueve años que el gremio de pasteleros de Barcelona convoca el premio al mejor cruasán artesano de España. En 2015 lo ganó Lluís Costa. En 2014 fue Oriol Balaguer, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que la elaboración en sus obradores arranca tres días antes de que el producto salga del horno.