Mis seis días en el Caribe

Aguas turquesas, arena blanca, palmeras de ensueño... La Riviera Maya reúne todos los requisitos de la típica postal caribeña que cualquiera tiene en mente. Pero hay más: pirámides, reservas ecológicas, cenotes... Nuestra redactora jefe estuvo allí y así nos lo cuenta.

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La primera tentación es quedarse en la hamaca... Esa es la realidad. ¿Los culpables? Los más de 130 kilómetros de arena blanca y aguas turquesas que pintan este paraíso natural para los fans confesos del sol y la playa. El calor y la humedad también tienen mucho que ver, por supuesto. Sin embargo, el azul y el blanco no son los únicos tonos que iluminan esta parte del mundo, y merece la pena descubrirlos todos: el gris viejo de las impactantes ruinas de la cultura ancestral de los mayas, el verde magnético del agua de los cenotes en mitad de la selva y los mil y un colores de su artesanía dan forma a la paleta cromática de un lugar único que te atrapa a través de todos los sentidos: el destino perfecto para disfrutones y hedonistas en busca de nuevos placeres.

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El sitio de moda

Sumergirse en el universo maya y cargarse del misticismo y energía de sus ruinas milenarias es asignatura obligada. Tres son los nombres clave en este mágico viaje al pasado: Chichén Iztá, Tulum y Cobá. Elegir solo uno resulta casi misión imposible. La impactante pirámide de Kukulkan recibe orgullosa al visitante desde el centro del yacimiento de Chichén Itzá, considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco, y es de esas imágenes que sabes que quedarán grabadas en tu retina para siempre.

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Las ruinas de Tulum, por su parte, desafían el paso del tiempo desde el borde de un impresionante acantilado bañado por las aguas del mar Caribe. De hecho, su playa (a la que se accede a través de unas cómodas escaleras) lidera las listas de las más bonitas del mundo. Y es fácil comprender por qué. Además, Tulum Pueblo cuenta con una amplia oferta de puestos locales y restaurantes que lo han convertido en el sitio de moda con cierto aire boho chic a la mexicana, y donde es posible alargar el ocio nocturno hasta el amanecer.

Tulum, la única ciudad maya situada al borde del mar.

Por último, las ruinas de Cobá emergen en mitad de la vegetación exuberante de la selva. El mejor plan: alquilar una bici para recorrer la ciudadela y animarse (si el vértigo y el calor lo permiten) a subir a la pirámide de Nohoch Maul y contemplar desde sus 45 metros de altura una visión privilegiada del entorno.

Para acceder a los yacimientos, resulta imprescindible llevar protección solar alta, gorro o sombrero y agua, para ayudar a mitigar los efectos del sempiterno sol del Caribe,.

Antes de acceder al yacimiento maya de Cobá, una decena de tiendas locales nos tientan desde sus puestos con todo tipo de recuerdos: huipiles (vestidos tradicionales) bordados, objetos de cerámica, hamacas tejidas a mano y reproducciones de tallas índigenas en madera y piedra.

Pero no solo de ruinas ancestrales se alimenta el espíritu del turista de la Riviera Maya: otro tesoro por descubrir en el Caribe mexicano es el Gran Arrecife Maya, la segunda barrera de coral más grande del mundo, que se extiende desde la península del Yucatán hasta Honduras. Hay tres destinos a tener en cuenta para los amantes del snorkel y el buceo: Isla Mujeres (a donde se llega en catamarán desde Cancún), Cozumel (hay un transbordador desde Playa del Carmen) o Isla Contoy, un parque nacional conocido como la 'isla de los Pájaros'.

Sin embargo, una de las mayores sorpresas que esconde la Riviera Maya son los cenotes: una especie de piscinas naturales formadas en grutas inundadas con aguas cristalinas procedentes de las lluvias, que invitan al baño y a disfrutar del contacto sanador de la naturaleza. No es de extrañar que fueran considerados enclaves sagrados por los mayas.

Recorrer las grutas de Río Secreto es una experiencia inolvidable.

Visita obligada es la reserva natural de Río Secreto, un complejo de grutas subterráneas y cavernas semiinundadas que se pueden recorrer en tres horas y media, aunque lo cierto es que dentro de sus cuevas, rodeados de agua y con la única compañía de estalactitas y estalagmitas milenarias, resulta inevitable perder la noción del tiempo y del espacio. Sin duda, una maravillosa terapia de choque para decir adiós al estrés y las preocupaciones del día a día.

Un margarita, por favor

Como todo sitio turístico que se precie, Riviera Maya cuenta con parques temáticos que intentan resumir la esencia del Caribe mexicano, como Xcaret, un parque ecólogico que además de cenotes y animales marinos ofrece espectáculos que reproducen el folclore maya y resumen la historia de México desde su pasado aborigen, pasando por la colonización española y los charros hasta la actualidad.

No podemos abandonar México sin disfrutar de su gastromonía, que mezcla con mimo la herencia de las culturas española e indígena. Además de marisco y pescado recién llegados del Caribe, destacan platos autoctónos como la sabrosa cochinita pibil (carne de cerdo adobada, envuelta en hoja de plátano) y los sorprendentes papadzules (tortillas de maíz rellenas de huevo con salsa de tomate con chile). No está de más recordar la afición desmedida por el picante en la cocina local, a niveles no aptos para nuestro paladar. Por eso, siempre es recomendable preguntar antes de degustar cualquier –en apariencia inofensivo– plato de guacamole, quesadillas, caldos.... y volver a casa con el mejor sabor de boca. No sin antes brindar con un margarita por un pronto regreso al paraíso maya.

La visita a Isla Mujeres y Cozumel es una oportunidad única de descubrir el fondo marino.