Arte africano

​Se ha convertido en el mercado más deseado por galeristas y coleccionistas. Las bienales de Marrakech y Dakar y varias exposiciones importantes, dos de ellas en España, lo demuestran. Pero ¿qué tiene de especial? 

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Pensar en el futuro es pensar en nuestras posibilidades en el mundo. El futuro le corresponde a África, porque parece ser que en el resto del planeta ya ha llegado", afirma Okwui Enwezor, director artístico de la 56.ª Bienal de Venecia –el primero africano en 120 años– y comisario consultor de la exposiciónMaking Africa. Pues bien, esa conquista que tiene en las artes y el diseño una de sus mejores armas no solo ha comenzado, sino que está en una fase de gran difusión que sirve para desmontar los mitos de un continente del que tenemos una visión que oscila entre el romanticismo del cine y las miserias del telediario. Y no quiere decir que estas no estén ahí: solo que hay mucho más, como desea mostrar una nueva generación de emprendedores, pensadores y diseñadores africanos que se dirigen a una audiencia global y proporcionan al mundo una nueva perspectiva de su continente. Un relato que muestra que los progresos sociales y culturales en África no se limitan a copiar tendencias globales. Así ha sucedido con el florecimiento de subculturas como los sapeurs de la República del Congo, hombres que visten ropas elegantes inspiradas en el estilo occidental, pero que han reinterpretado los códigos estéticos hasta hacerlos suyos. Pero también es algo que en cierto modo sucede en las pasarelas con vestidos realizados en textiles wax africanos (piezas de algodón 100 % teñidas con ceras), que, adaptados a las exigencias occidentales, han traspasado fronteras, y que, por supuesto, el resto del mundo ha copiado. 

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El año del 'boom'

Se ha necesitado más de una década para que el arte contemporáneo africano comenzara a ser conocido, pero desde 2007, cuando la empresa internacional de subastas y ventas de arte Bonhams optó por él, no ha parado de ganar visibilidad, y el precio medio de sus obras se ha quintuplicado, tal y como nos explica Sorella Acosta, directora de la galería Out of Africa (Barcelona) y nuestra cicerone por este nuevo panorama artístico: "Actualmente, el mercado del arte mira hacia el contemporáneo africano, lo que ha supuesto un aumento de visibilidad de sus artistas y de sus exposiciones", afirma. 

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Así, y aunque son los coleccionistas sudafricanos y nigerianos los que siguen dominando este mercado, el interés de la comunidad internacional es creciente. Matthew Partridge es el director de Cape Town Art Fair, una feria que el pasado mes de febrero acogió a coleccionistas de todo el continente en Ciudad del Cabo. Según su experiencia, la presencia de coleccionistas de Lagos o Nairobi, así como de instituciones de Zimbabue y Namibia, muestra que se va ampliando la base de coleccionistas, especialmente donde la economía es fuerte y próspera. Este crecimiento, la profesionalización del sector local y también las fluctuaciones de divisas atraen a los coleccionistas, siempre en busca de algo nuevo: "El arte contemporáneo africano tiene algo que nunca había visto hasta ahora", afirma Partridge. En este mismo sentido se expresa Hannah O'Leary, especialista en arte de Sudáfrica de Bonhams: "Los coleccionistas privados y las instituciones se vuelven hacia Sudáfrica para encontrar 'the next big thing', y las galerías y las empresas relacionadas con la venta de obras de arte comienzan a darse cuenta del potencial del arte contemporáneo africano". Fue precisamente O'Leary la experta que el año pasado identificó el óleo Arab in Black, de la sudafricana Irma Stern, una pintura que se vendió en subasta durante los años cincuenta para ayudar en la defensa legal de Nelson Mandela y que fue hallada en una cocina de Londres. Hoy el valor de la obra, enmarcada en madera antigua tallada a mano, podría ascender a un millón y medio de dólares.

Un triunfo mundial

Touria El Glaoui, fundadora de 1:54 Contemporary African Art (plataforma que ofrece visibilidad internacional al arte contemporáneo africano), explica que el auge en ciudades como Londres es muy real. Entre las señales de este entusiasmo en la capital inglesa hay dos muy importantes: el nombramiento de Elvira Dyangani Ose, española de padres ecuatoguineanos, como conservadora internacional artística de la Tate Modern, y la creación en este mismo museo de un comité para Adquisiciones Africanas. Tampoco se queda atrás París: después del éxito obtenido el año pasado con la maravillosa exhibición Beauté Congo, de la Fundación Cartier, este año volverá a dar un golpe de efecto con AKAA, todo un acontecimiento al tratarse de la primera feria de arte contemporáneo y de diseño de África que se celebrará en la capital francesa. Será en el mes de noviembre. 

Todo esto se queda corto si mencionamos que en la Bienal de Venecia del año pasado se premió al artista ghanés El Anatsui con el León de Oro en reconocimiento a su trayectoria, y era el segundo artista africano en recibirlo tras la concesión del premio en 2007 al fotógrafo maliense Malick Sidibé: "Días después de recibir este galardón, El Anatsui consiguió un nuevo récord en el mundo de las subastas con la venta de su obra Paths to the Okro Farm por 1.455 millones de dólares en Sotheby's, Nueva York", agrega Sorella. Y es que en la Gran Manzana, ferias como Armory Show, encuentro de arte moderno que nació en 1913, proponen ya foros centrados en la perspectiva del arte africano, mostrando así también su enorme interés por él.

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Mientras, en España, además de instituciones como Casa África (Las Palmas de Gran Canaria), galerías como Out of Africa y firmas como la navarra Danyé, especializada en piezas artesanales de diseño, podemos disfrutar de magníficas muestras. Ahora mismo, puedes visitar Making África, primero en el Guggenheim de Bilbao y que hasta el 28 de agosto estará en el CCCB de Barcelona, o El iris de Lucy: artistas africanas contemporáneas, hasta el 12 de junio en el MUSAC de León. 

Para acabar con estas pinceladas que dibujan el atractivo mundial que ejerce este arte, no debemos olvidar las bienales de Marrakech y Dakar. Esta última, que acaba el 2 de junio, tiene como tema el réenchantement: "Se quiere así motivar a los artistas africanos para que inventen nuevas pistas para reencantar a su continente y al mundo, y esto resulta una señal muy positiva para nuestra galería, Out of Africa, porque, desde nuestro nacimiento en 2011, decidimos presentar a los aficionados al arte y a los coleccionistas el lado positivo de este continente. Un África libre y responsable de ella misma, que es el sueño que persigue. Creo que el entusiasmo y la creatividad de los artistas pueden ayudar a cambiar las cosas", afirma Sorella. 

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Izq. Pájaro Kayimbou, de Xavier Sayago, artista de Burkina Faso. Drcha. Metales recuperados de barriles de petróleo usados para fabricar muebles, y sillas escolares

A este respecto, hay visiones audaces, como la reflejada en un colección de fulares de la marca americano-nigeriana Ikiré Jones, que muestra una visión futurista en el París de 2081. En él, los visitantes de la Nueva África despiertan más admiración que la propia Torre Eiffel: "Como inmigrantes, fueron ridiculizados y despreciados [...], pero de eso hace ya mucho tiempo", se explica en la web de la marca. 

Comprometido y social

Es imposible pretender mostrar las características del arte africano contemporáneo, tal y como indican los expertos. Primero, porque no lo haríamos con ningún otro arte, ya que esto es más propio de corrientes pictóricas, criterios personales, perspectivas... Y, en segundo lugar, porque África es un continente donde confluyen 54 países y mil millones de personas con una exagerada multiplicidad de voces, culturas y etnias y una vastísima y heterogénea riqueza: "Cada obra, sea africana o europea, se origina en la espontaneidad y la inspiración de su creador, así como en la lectura del observador. Lo vivido, la percepción del mundo, el reflejo de su alma... Todo influye. El arte africano puede nacer en todos los lugares; su pertenencia es más profunda, emocional y sensible que un simple concepto de pertenencia geográfica oficial", afirma Sorella. Con todo, y como agrega la galerista, se trata por lo general de un arte muy social. En la fotografía, la pintura, los vídeos, las instalaciones, los artistas expresan las desigualdades sociales, la corrupción, la guerra, etc. Por ejemplo, el fotógrafo Boubacar Touré Mandebory, de Senegal, realizó un interesante trabajo, Rufisque, regards sur la ville, donde captó a la gente de la calle, la suciedad y la pobreza. Y la sudafricana Lucinda Muge utiliza sus jarrones inspirados en la porcelana china para abordar temas como el miedo a la criminalidad y las desigualdades de su país. Y es que la mujer, más en África, no tiene fácil la tarea de dedicarse al arte. El rol que la sociedad le tiene asignado en el continente negro apenas le deja tiempo para nada más que cuidar de la familia o realizar tareas agrícolas. Afortunadamente, en 2014 la fotógrafa camerunesa Angèle Etoundi Essamba editó, junto a dos socias, la primera revista dedicada a la mujer artista africana, IAM Africa

Hay quienes gracias al arte han logrado salir de la pobreza y ahora combinan el tiempo dedicado a sus obras con el que emplean en tareas sociales. Es el caso del marfileño Aboudia, que actualmente está presente en las más grandes galerías de arte contemporáneo del mundo, como la Jack Bell Gallery de Londres y la Saatchi de Nueva York. De pequeño vivió en Abiyán (Costa de Marfil) y adquirió su estilo en la escuela de la calle. Eligió convertirse en pintor contra el dictamen de sus padres y profesores, que le predecían una carrera de 'tag artista' (grafitero). No ha sido así. Y aunque se reveló entre la comunidad internacional de críticos de arte y periodistas por sus trabajos donde relataba las confrontaciones durante la guerra civil en Abiyán, Aboudia no se considera un pintor de guerra. De hecho, su tema predilecto son los niños de la calle. Hoy, paralelamente a sus grandes exposiciones, organiza talleres de pintura y de street art con los niños de la calle de su ciudad.

Otro ejemplo es la fotógrafa camerunesa Angéle Etoundi Essamba, quien presentó el pasado mes de marzo en la Galería Nacional de Dakar una "impresionante" retrospectiva de su trabajo sobre la mujer africana, apunta Sorella. Ella organiza en Camerún talleres de fotografía para motivar a las 'chicas de la calle' a reintegrarse en la sociedad a través del arte fotográfico: "Hay que señalar, además, que los festivales de arte que se organizan en varias capitales de África, como Cotonú o Bamako, motivan a los jóvenes artistas a participar en los off [los circuitos no oficiales] y a encontrar una forma de mostrar sus obras a un público aficionado al arte", agrega la galerista. 

La nueva generación

Tal y como refleja la comisaria de Making Africa, Amelie Klein, especialista en diseño contemporáneo del Vitra Design Museum, en Alemania, en este continente complejo y diverso coincide una nueva generación que, en torno a la cultura y a través de la creación y del diseño, reivindica su derecho a construirse en libertad y en contra de los estereotipos y el imaginario que se proyecta desde el mundo occidental. Nada mejor para reflejar esto que las esculturas de gafas del keniano Cyrus Kabiru, una bellísima metáfora del cambio de perspectiva que hoy en día hay que adoptar urgentemente en relación con África. 

Tal y como refleja la hoja de ruta de la exposición que exhibe el CCCB, en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, los fotógrafos Malick Sidibé y Seydou Keïta celebraban con sus fotografías el estilo de Malí tras la independencia del país. Hoy, los nietos de aquella generación utilizan Internet como medio para lograr que África se integre en una cultura juvenil mundial. El blog de la fotógrafa sudafricana Jody Brand es un buen ejemplo de ello. ¿Tienes curiosidad? Visita chomma.tumblr.com Como mencionamos al principio, a propósito de la Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes (SAPE) congolesa, ni esta ni otras propuestas similares constituyen una mera copia de las tendencias mundiales: "Los códigos estéticos son reinterpretados y dan como resultado una forma cultural nueva, única y esencialmente africana", escribe la comisaria Amelie Klein. 

Neoesculturas de basura

Para acabar, es imposible no mencionar el gusto por el reciclaje, aprovechando que hasta el 7 de agosto Out of Africa exhibirá la muestra El arte del reciclaje en Burkina Faso. La técnica trata de recuperar objetos o residuos y desviarlos de su función primordial para convertirlos en objetos estéticos o neoesculturas. Entre los artistas que encuentran su materia en los vertederos destacan algunos como Hamed Ouattara, que diseña muebles a partir del metal recuperado de barriles de petróleo; Xavier Sayago, que esculpe pájaros a partir del mismo metal, o Sahab Koanda, un escultor que realiza personajes a tamaño real a partir de piezas de coches, motos y bicicletas. El resultado, como se ha podido ver a lo largo de estas páginas, es impresionante. 

Más artesanales, e igual de interesantes, son los marcos de madera de casas derruidas o las sillas escolares de colegios africanos (de venta en danye.com), que, rediseñadas, cuentan una historia a la par que ayudan a salir adelante a un continente que tiene muchísimo que decir.