El editorial de Ana Rosa: Por las tallas reales

​​Todas podemos ser bellas a cualquier edad o con cualquier talla. En AR, desde hace 15 años, intentamos hacer una revista para mujeres reales, con presupuestos normales y vidas auténticas. Tenemos problemas y alegrías, pasamos rachas buenas y, a veces, la vida nos golpea, pero no nos rendimos, sobre todo porque no podemos. Nuestros hijos, nuestros trabajos y multitud de responsabilidades nos impiden tirar la toalla. 

Hemos luchado desde hace muchos años por que no nos coman el tarro con que la felicidad está en la talla 38. No nos creemos que los años hacen a las mujeres invisibles, ni perseguimos la eterna juventud y otras aspiraciones imposibles que solo traen frustración. Cada vez hay más ejemplos públicos de mujeres que encuentran el gran amor pasada la jubilación. Ya sabemos que la belleza de la madurez es tremendamente atractiva si encontramos nuestro estilo, con kilos y sin kilos, con pequeñas rutinas de belleza, ejercicio y alimentación sana, pero, sobre todo, con actitud. 

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La actitud es la clave: seguir sintiendo curiosidad, apasionarte por las cosas, no perder el brillo en la mirada y gustarte. Una de las cosas buenas de cumplir años es que te sientes más segura. Por eso, en este número hablamos con mujeres bellas que han emprendido una cruzada contra los estereotipos, que nos demuestran que el atractivo y la felicidad no tienen nada que ver con la báscula. 

Podéis pensar que entro en contradicción con mi anterior editorial, en que hablaba de mi plan de choque de puesta a punto, pero nada más lejos de la realidad. He frenado una deriva que no me beneficiaba y quería volver a reconocerme. Ni más delgada que mi naturaleza, ni una talla imposible. Sencillamente, quería dejar aquello que no me beneficiaba. Ahora como mejor, hago más ejercicio, estoy más sana y he vuelto a mi talla, ni una menos. 

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Hace tiempo que decidí mantener la curva en lugar de la línea, pero sin colesterol.

Nuestras heroínas no se resignan a que nos impongan un prototipo que no tiene nada que ver con la realidad. Todas hemos comprobado, especialmente en rebajas, que cuando pides las tallas 42, 44 o 46 siempre son las primeras que se agotan. El motivo es bien claro: hay más demanda. Y no digamos cuando la ropa que te gusta no se fabrica más allá de la 44, con mucha suerte, o que la 42 en realidad es una 40. Me uno a la reclamación de que las tallas sean las reales y no cada vez más pequeñas. 

Os deseo un feliz mes junio.