Mario Vargas Llosa

Su amigo, el escritor Juan Cruz, descubre al hombre que hay tras el genio y nos guía por su obra imprescindible.

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Es uno de los Nobel de Literatura más celebrados de los últimos tiempos. Le tocaba, y todo el mundo lo sabía. Era cuestión de paciencia. Porque Mario Vargas Llosa es una figura clave de la literatura hispanoamericana, un clásico con vocación renovadora indispensable en cualquier biblioteca que s e precie. ¿Su secreto? Según Juan Cruz, “ha complementado las dos funciones de la literatura, leer y escribir, para conseguir que la imaginación se complemente con la realidad. Él dice que no tiene imaginación, que necesita trabajar para que ocurran las cosas que hay en sus libros”.
Pero detrás del genio se esconde, sobre todo, un gran hombre: “Es una de las personas más honestas que conozco, como ser humano, como amigo, como ciudadano. Está atentísimo ante los fenómenos que se producen en el mundo. Y es un gran periodista, porque lo es, y por su actitud como periodista, siempre deseando saber más de los demás, de los acontecimientos. Se le podría definir con las palabras esfuerzo, imaginación y honestidad”.
¿Aún no has disfrutado de la obra del peruano?
En ese caso, éstos son los libros que, según su amigo y editor, te cautivarán:
La verdad de las mentiras, “porque ayuda a saber qué hay que leer para ser un buen lector y, eventualmente, a ser un escritor”.
El pez en el agua, “nos acerca a un Vargas Llosa insólito que la gente no quiere conocer por si acaso le hace cambiar de opinión sobre él. Es un libro extraordinario, para mí el más importante de su obra”.
Si ya eres fiel devota del recién galardonado Nobel peruano (y, por supuesto, has devorado Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor), Juan Cruz te recomienda releer:
La ciudad y los perros, “muestra al Vargas Llosa capaz de convertir su experiencia en una ficción con las características de una catedral gótica”.
Conversación en la catedral, porque es una novela maestra, que tiene “la capacidad de destripar los intestinos desagradables del poder”.
La fiesta del chivo, “donde llega ya al colmo de la perfección de la arquitectura de la novela. Ha sido capaz, con una historia ya conocida, de excitar la sensación en el lector de que, en realidad, está imaginando qué pasó en una hipotética república latinoamericana con un hipotético dictador”.

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