¿Por qué esta casa se merece un premio?

​Es la vivienda de la arquitecta Ángels Castellarnau, que hace 15 años decidió irse a vivir a un pueblo de Huesca para desarrollar su profesión de forma sostenible y acorde con las construcciones tradicionales. Un galardón internacional acaba de avalar sus obra y sus ideas.

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Se puede hacer una arquitectura diferente. Como mínimo eso es lo que piensa Ángels Castellarnau, que desde hace diez años investiga en construcciones tradicionales. Nacida en Barcelona hace 38 años, trabajó en diferentes estudios antes de volcarse en su pasión por el campo y la arquitectura tradicional. Así, a los 23 años fundó su propio estudio y decidió irse a vivir a Ayerbe (Huesca), de donde es originaria su familia. Allí, junto a su marido, Alejandro Ascaso, ha fundado Edra Cultura y Natura para desarrollar proyectos de arquitectura y agricultura. Viven con sus dos hijos y están esperando el tercero. Se han integrado en el mundo rural adquirido un claro compromiso social. Hay pocos profesionales en España que trabajen la arquitectura en tierra como Castellarnau.

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Muros de tierra y paja que regulan la temperatura y humedad. Techos con lana de oveja como aislante. Ventanas que aprovechan la luz. Contraventanas correderas termoprotectoras. Aislamientos acústicos y electromagnéticos naturales. Usa materiales kilómetro cero e investiga en la eficiencia energética, adecuando la orientación y el diseño de la casa para aprovechar la energía solar. Ángels se ha bajado del tren de alta velocidad para viajar a una velocidad más moderada que asegure un futuro mejor. Y ha tenido recompensa, porque el diseño de su propia casa ha obtenido el Terra Award, un premio internacional de arquitectura contemporánea en tierra cruda, y lo ha obtenido frente a otras 350 obras a escala internacional.

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¿Por qué decidiste trasladarte a vivir a Ayerbe?

Siempre supe que no quería vivir en una gran cuidad. La vida en el campo es más tranquila. Me gusta la agricultura, tengo mi propio huerto y voy en bicicleta.

¿A tu marido lo conociste aquí?

Sí, aunque él también vivía fuera. Digamos que tenemos vidas paralelas y nos encontramos aquí. Para nuestros hijos todo es más fácil. Juegan en la calle, se relacionan con otros niños, salen al campo y no necesitan la tecnología para distraerse. Basta con estar tres horas siguiendo a un pájaro.

"Si queremos tener un futuro sostenible, debemos seguir la arquitectura tradicional"

¿Por qué dejas la arquitectura convencional y te decides por la tradicional?

Porque me desligaba de lo que soy y trabajaba forzada. No me gusta el diseño por el diseño. Además, un día mi jefe me dijo que a la obra no irían ni mujeres ni extranjeros. Tendría un mal día.

Eso es mucho más que un mal día.

En todo caso, me ayudó a acabar de tomar la decisión. Aquel no era mi sitio. Además, no veía la arquitectura que se estaba haciendo en armonía con lo que se había hecho históricamente. Estoy convencida de que si queremos un futuro sostenible, la arquitectura debe seguir el camino de la tradicional.

Hay arquitectura sostenible sin ser tradicional. Poner una placa solar, por ejemplo.

Hay arquitectura low tech y high tech. Esta última busca la eficiencia a través de la tecnología, pero con un gran gasto. La los techo aprovecha los recursos del lugar. Yo tiendo a la segunda, pero, aunque no podemos ignorar la tecnología que tenemos, si puedo no la aplico. No renuncio ni a la electricidad ni a las placas solares. Pero, ¿hasta dónde llegaremos? Nos venden que tenemos que equipar los edificios con mucha tecnología para ser más confortables, pero yo me pregunto dónde está el confort calentando un edificio entero cuando es más fácil abrigarse con algo más de ropa.

Entonces, ¿cuál es tu propuesta en este sentido?

Nosotros hacemos arquitectura bioclimática. Algo tan básico como orientar hacia el sur para aprovechar la energía del sol que entra por la ventana y que puede calentar más que un radiador. Con esta orientación te levantarás con más energía si desayunas mirando al sol y puedes climatizar una vivienda perfectamente.

¿Se contemplan las orientaciones al diseñar los edificios?

Hemos perdido el norte y estamos en un punto en el que es más importante el material de la fachada o la normativa que comprobar si el edificio funciona.

"No me gustan las obras monumentales y chillonas, sino integradas en las texturas y los espacios"

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Y se acaban haciendo edificios cada vez más enfermos.

Y después nos aparecen patologías que no sabemos de dónde vienen. Hacemos edificios enfermos y no controlamos que los estamos cargando de campos electromagnéticos que nos afectan. Hacemos suelos radiantes de los que emana calor todo el día a temperatura homogénea. Eso atonta a la persona y provoca problemas de circulación y otras patologías. hacemos edificios que no responden a nuestras necesidades y nos pueden perjudicar.

Con gran impacto medioambiental.

Se utilizan materiales que nos cuesta mucha energía fabricar, después demoler y al final reintroducir en la naturaleza. No es sostenible en el tiempo. Se hace una arquitectura que no va a buscar al hombre sino la eficiencia energética. Y encima tenemos una normativa a todas luces contradictoria.

¿En qué sentido?

Pues, por ejemplo, estamos aplicando una sobre eficiencia energética que viene de Alemania, donde sus necesidades no coinciden con las nuestras. ¿Te quieres creer que los materiales tradicionales locales como el ladrillo, la tierra o la madera no están en la normativa de edificación española? Están los de los años setenta, pero toda la tradición de tres mil años de historia no está. Nuestro patrimonio está formado por elementos que no sabemos trabajar: la cal, el yeso, la madera… Los vamos redescubriendo.

Hay muchas empresas de recuperación de materiales de casas antiguas, el forjado de hierro, los suelos… pero es muy caro.

Se convierten en artículos de lujo. De ser una cosa cotidiana, se convierte en privilegio. En EE.UU., los sistemas de construcción en tierra como hacemos nosotros los pagan los ricos, los que primero toman conciencia de la situación y pueden pagar la experimentación. Es un paso que debe darse para popularizar esta arquitectura.

¿Quiénes son tus clientes?

Tengo dos tipos: ecologistas convencidos y sensibles que quieren seguir este camino, y gente con conciencia, que tiene dinero y le gustaría hacer las cosas mejor.

Haces edificios contemporáneos con técnicas y materiales antiguos…

Nosotros buscamos la armonía y para tenerla el material es muy importante. No buscamos una forma y después ya veremos cómo la hacemos. En cada espacio planteamos algo diferente. Por muy bonita que sea, no haremos una cubierta plana en el Pirineo. No me gustan las obras monumentales y chillonas, sino integrarme en las texturas de un espacio. Hacemos arquitectura del siglo XXI con todo el cariño hacia lo preexistente.

Como tu casa, que está hecha con tierra como las de alrededor.

Sí, construida por el sistema de tapial. Se montan unos paneles que hacen de encofrado. Se vierte la tierra dentro con paja. Se apisona y se levanta el muro hasta que quitas el encofrado. Se construyó muy rápido, por lo que es competitivo.

Y lana de oveja en la cubierta.

La ponemos en lugar de los aislantes industriales. Van resurgiendo muchos subproductos agrícolas que usamos. Me obsesiona la madera y la tengo que comprar en Soria porque en el Pirineo no hay productores. Ahora en el de Lleida se está reactivando. Si hubiera demanda, sería rentable.

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¿Ser arquitecto rural es muy difícil?

Has de lidiar con una psicología muy dura, la de zonas despobladas donde no hay gente joven y donde les importa poco si una cosa es bonita o no. Todos entienden de belleza, pero no es una prioridad.

El arte y la cultura rural son hermosos.

Eso lo decimos los de ciudad, pero en los pueblos las casas de barro las han querido tirar toda la vida. Nosotros encajamos más con los neorruales que con los rurales. Hay otros arquitectos que trabajan como nosotros. Formamos parte de este movimiento que piensa que la arquitectura no se hace por catálogo. Muchos de mi generación nos planteamos las cosas porque vemos las consecuencias que están dejando los de la generación anterior.

Pero hay gente joven que quiere volver a los pueblos, como tú.

Es un goteo pequeño, pero existe. No hay trabajo, y la mayoría se autoemplea. Algunos quieren que los asesoremos en la gestión integral de un terreno con el que no saben qué hacer. Agricultura y arquitectura van unidas.

Viajas mucho. ¿Qué extraes para tu trabajo?

De cada lugar, una cosa. En México aprendí sobre fibras naturales, arcillas y la baba de un cactus, que después aplicamos con cactus de aquí. Es un gran fluidificante e impermeabilizante . Su textura es como la de la mascarilla de la piel. Te quedaban las manos increíbles. De Chile, técnicas antisísmicas. De Indonesia, los trabajos exquisitos de madera.

Una pareja creativa

Alejandro Ascaso, el marido de Ángels, es ingeniero y enólogo y viene de una familia de agricultores. Ha montado una bodega con vinos de calidad. Empezaron son sirah y merlot. Después recuperaron variedades locales. Se comercializan bajo la marca Edra. Ángels construyó la bodega.