Cómo evitar que tu pareja se convierta en tu compañero de piso

Si te niegas a que él se convierta en un queridísimo e intimísimo compañero de piso, si eres de las que piensa que la pasión solo puede enriquecer vuestra relación de amor o si tu ambición se resiste a asumir que podáis convertiros en una pareja querida pero aburrida, entonces haz de estos consejos un hábito y consigue que el amor y el deseo convivan en vuestra relación en armoniosa y equilibrada cordialidad.

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La pasión se cultiva cada día, y no necesariamente en la cama.

De todas es sabido que la pasión más arrolladora y espontánea es la que experimentamos durante eso que aquí hemos llamado en más de una ocasión fase de enamoramiento, ese mismo momento en el que él es una versión idealizada de sí mismo y el deseo es el que mueve la relación. Ese mismo que, malas noticias, no dura para siempre. Después, con el trascurrir de los meses y de los años, esa intensidad se va asentando. No es que la llama del amor se apague del todo, pero sí es cierto que la convivencia y el día a día hacen que sean otras muchas las cosas que nos ocupan y las que nos vinculan a nuestra pareja. Hasta aquí, todo bien. Normal.

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Los problemas surgen cuando el frenesí no solo pierde protagonismo sino que desaparece del todo. Porque es ahí cuando, aunque sigamos queriendo a nuestra pareja, perdemos una importante faceta de la intimidad que en todo caso es necesario cultivar: la sexualidad.

Si te niegas a que él se convierta en un queridísimo e intimísimo compañero de piso, si eres de las que piensa que la pasión solo puede enriquecer vuestra relación de amor o si tu ambición se resiste a asumir que podáis convertiros en una pareja querida pero aburrida, entonces haz de estos consejos un hábito y consigue que el amor y el deseo convivan en vuestra relación en armoniosa y equilibrada cordialidad.

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•Cultivad la admiración hacia el otro.– Estar unidos no significa vivir fusionados. Cada una de vuestras individualidades requiere espacio para su propia auto realización y crecimiento personal. No le pierdas nunca de vista ni trates de anular lo que os hace diferentes: ahí reside precisamente la atracción y la admiración por el otro, la base de toda relación que merezca la pena ansiar.

•Besaos intensamente. ¿No es acaso el beso el preámbulo mas romántico para cualquier relación de amor? Besar es querer, amar y desear, todo en uno. Besaos apasionadamente, como lo hacíais al principio de la relación. Porque habéis dejado de hacerlo casi sin daros cuenta, y habéis olvidado lo placentero, íntimo y excitante que resulta.

•Haced el amor. Aunque no sea un deseo muy intenso el que os lleve a hacerlo. Sí, has leído bien. Porque no queda claro si viene antes el huevo o la gallina… Lo que sí se ha comprobado después de analizar las dinámicas de relación de parejas que se sienten felices y satisfechas es que hacen el amor con relativa frecuencia. No importa que no exista la misma espontaneidad que al principio, o que el deseo no sea el principal motor de vuestros encuentros; déjalo que surja a medida que vayáis excitándoos el uno al otro. La relación será igual de placentera tanto si se inició desde la pasión como si esta fue surgiendo poco a poco. La complicidad de vuestros cuerpos es ahora vuestra mejor herramienta.

•Trataos con amor y afecto. Pocas cosas desgastan más a la pareja, en todos los sentidos, que un estilo de comunicación agresivo, basado en las críticas, las quejas o los reproches. Todos los días observo en la consulta cómo modelos de comunicación viciados y perniciosos generan sufrimientos profundos e incluso deterioran hasta el límite cualquier relación de pareja. Sed amables y cariñosos, trataos con amor, cuidad el lenguaje y las formas con las que os habláis. Una relación saludable se basa en el afecto, sentir desprecio precisamente de quien más cuidado esperamos es una agresión inaceptable.

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