Objetivo: vivir 'hygge', o cómo ser feliz como un danés

Si año tras año Dinamarca encabeza el ranking mundial de gente feliz, ¿qué podemos aprender de ellos? Científicos como Meik Wiking, director del Instituto Danés de la Felicidad, le han puesto nombre a su estilo de vida: se llama Hygge y quiere decir "el arte de crear intimidad".

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Acostúmbrate a la palabra de moda, porque los estantes de las librerías van a ser conquistados por libros que hablan de ella. Quien ha destapado la caja de los truenos es este científico danés, Meik Wiking, autor del libro Hygge (Ed. Cúpula), y es el más indicado para hablar de ello porque es desde hace seis años jefe ejecutivo del Instituto de la Felicidad en Copenhague. En los rankings mundiales de felicidad elaborados por la ONU (en los que se tienen en cuenta la salud, el nivel de vida, la familia o la libertad política), su pequeño país siempre está el primero. ¿Por qué? "Estos años ha venido tanta gente a preguntármelo que decidí escribir un libro y ponerle nombre [danés, claro] a lo que yo creo que es la fórmula, y la concentro en una palabra, hygge [que significa 'intimidad']".

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No es una moda, es un estilo de vida

Su libro, que en tres meses se ha colado entre los más vendidos de Reino Unido, EE.UU., Francia y Alemania, lo describe de una forma muy visual: "El sentimiento al que hace referencia esta palabra tiene que ver con la idea de bienestar, de disfrutar de los placeres cercanos, de estar cerca de la familia y los amigos íntimos. Tiene que ver con sentarte al fuego en calcetines con una taza de chocolate caliente y jugar a un juego de mesa".

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¿Cómo se aplica todo este atrezo tan nórdico en España? ¿La adaptación son el brasero y la mesa camilla?

¡Sí! Adoro el brasero. La vida familiar en muchas partes de España gira en torno a él. Hace años viví tres meses en Baeza, en Andalucía, mientras escribía un libro. En mi apartamento tenía un brasero y era tan hygge como nuestras chimeneas.

Además, todo lo 'lento' parece una tendencia mundial: slow cooking, slow travelling, mindfulness....

Sí, últimamente parece que las modas culturales en Occidente van todas en la misma dirección: centrarnos en el presente y saborear las cosas sencillas que nos rodean.

Su fórmula propone fomentar la intimidad, los encuentros cara a cara, la amistad cercana... Pero desde hace unos años nos hemos metido en un mundo hiperconectado e hiperinformado en el que nos relacionamos cada vez más a través del móvil. Usted propone una contrarrevolución.

Sí. Y creo que eso explica muchos de nuestros males. Hicimos un estudio hace un año sobre el efecto de Facebook y lo que encontramos fue que era muy negativo en la satisfacción vital de las personas: se vive en un constante bombardeo de fantásticas noticias que les ocurren a otros, y es inevitable acabar comparándose.

Pensar que uno va a ser feliz si enciende unas velas y se toma un café caliente parece un poco superficial.

Las velas y las mantas son más bien un resultado del hygge y no el hygge en sí mismo, que es estar con los que quieres, relajarte y sentir gratitud.

¿Por qué no somos felices los españoles?

Desde que empezó a presidir su instituto, Meik recibió decenas de visitas de delegaciones de gobiernos de países que le pedían consejo para subir escalones en el ranking. Como Arabia Saudita, uno de los países más ricos pero en los puestos más bajos.

A los españoles nos encanta nuestra forma de vida. De hecho, nos parece la mejor, pero ¡estamos en el puesto 37! ¿Por qué nos cunde tan poco?

Estar en el número 37 de 157 países no está tan mal. España es un gran país con muy buenas condiciones para la felicidad y la calidad de vida.

¿Será que somos unos caprichosos y desagradecidos? Lo tenemos todo: buen clima, la mejor de las culturas gastronómicas...

Tenéis muchas cosas a favor, pero la alta tasa de paro afecta a lo más profundo de la persona, a la percepción más básica del bienestar. No se puede disfrutar del sol si uno no sabe cómo pagar la luz y los colegios de los niños ese mes.

Es como si una vida placentera al llegar a casa mantuviera a los daneses lejos de sus preocupaciones.

Nuestro estilo de vida es un refugio contra el estrés y las preocupaciones. Lo que consigue es preservar un espacio en casa donde se pueda uno relajar, sentir placer y así recargar las pilas.

Tanta tarta, vino caliente y manta... ¿No será que el hygge engorda?

¡No! ¡En realidad tiene que ver con disfrutar de los placeres, pero sin la sensación de culpa! Saborear la vida de vez en cuando, sin ansiedad y con moderación, no puede engordar.

El dinero no siempre vale lo mismo

De las miles de entrevistas que se le han hecho a Meik en el último año, sorprende leer unas declaraciones en las que asegura que los daneses, llegados a un punto de riqueza, prefieren no ganar mil euros más al mes, dárselo al Estado y que lo gestione por ellos. Eso, en España, es lo más raro que hemos oído nunca...

¿Cree que esa idea podría exportarse a nuestro país? Resulta muy difícil de imaginar.

Es difícil de entender a priori, pero tiene que ver con cómo se percibe el dinero cuanto tienes mucho o cuando tienes poco. Piensa en un gran pastel: el primer trozo es absolutamente delicioso, pero ¿qué pasa cuando ya te has comido tres? ¿Sabe igual el cuarto? Lo mismo pasa con el dinero. Cuando tienes cubiertas todas tus necesidades, el dinero que viene a partir de entonces cada vez aporta menos valor añadido. En una familia que gana cien mil al año, mil más no supone tanto como en una familia que gana veinte mil.

Una de las cosas mejores de la globalización es que estamos aprendiendo cada vez más de las otras culturas que nos rodean. En 2016, la cultura japonesa, con la filosofía del orden de Marie Kondo, se contagió por el mundo entero. Este 2017 parece que toca copiar a los daneses. ¿Tenemos los españoles algo que enseñar al mundo?

¡Sí! Dentro de unas semanas voy a España para estudiarlo y así empezar a escribir mi próximo libro. Creo que es muy interesante cómo disfrutáis los unos de los otros incluso entre generaciones diferentes. España tiene mucho que aportar a la forma de vida global.