Greenery, más allá del color de moda

​Moda, deco, belleza... han abrazado el tono estrella del año. Pero es mucho más que una variedad de verde. De hecho, se ha convertido en toda una filosofía de vida. Un paradigma del nuevo lujo.

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Cada principio de año la empresa Pantone (máxima autoridad mundial sobre el color, responsable de haber fijado una norma mundial que homologa y pone nombre a cada tonalidad) anuncia a bombo y platillo el color de moda de 2017. Los sociólogos, estilistas, grafistas e informáticos de esta empresa de Nueva Jersey rastrean el mundo entero para percibir una tendencia general y el color detectado fue el Greenery, una mezcla de verde y amarillo. Pero no resulta sorprendente, ya que el verde se ha convertido en los últimos años en algo más que un color: es un estilo de vida responsable y ecológico que forma parte del ADN de los millenials y los que no son tan millenials.

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Cada vez más orientamos nuestro consumo hacia la ecología, los valores sociales y los productos regionales. El respeto a la naturaleza se abre paso a marchas forzadas en todos los sectores: los cosméticos veganos, el turismo de bajo impacto de CO2, la ropa fabricada en condiciones laborales dignas, la electricidad limpia, la comida fresca y cultivada sin pesticidas... Lo ecológico empieza a conquistar también las primeras filas del lujo, el diseño y el arte. Arquitectos, decoradores, ilustradores o escultores de nueva hornada dirigen los pasos de su inspiración para volver a conectar con la naturaleza. Y en gastronomía, la era vegana no acaba más que empezar.

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Conexión ARTY

Paisajismo interior. Las decoradoras Catherine Grenier y Claudia Bonollo reinterpretan el concepto de jardín vertical trasladándolo al interior de los edificios.

La fiebre eco consigue sacar brillo y dar un nuevo impulso a una alianza ya de por sí imbatible: la formada por el arte y la naturaleza. La ilustración se rinde sin concesiones ante el gusto por lo orgánico y nos regala creaciones de auténtico capricho como los estilismos vegetales de Gretchen Röehrs o las esculturas orgánicas de Mathilde Roussel.

Vegetales fashion. La artista Gretchen Röehrs convierte vegetales y frutas en estilismos dignos del mejor street style.

El mundo vegetal invade la arquitecturay la decoración hasta desdibujar los límites entre lo bio y lo urbano: los edificios se convierten en vergeles, como El bosque vertical, dos impresionantes torres de 110 y 76 metros de altura en Milán, y la exuberancia de los jardines verticales de las diseñadoras Catherine Grenier y Claudia Bonollo florecen en el interior de los espacios más trendy.

Refugio natural

Cabañitas del Bosque. Un hotel en A Coruña donde los bungalows (algunos con jacuzzi exterior) son cabañas en los árboles.

Los jardines verticales cuelgan de los restaurantes de moda como Amazónico, en Madrid; algunos hoteles como Cabañitas del Bosque, en A Coruña, han encaramado sus mejores suites a los árboles, y en la Riviera Maya mexicana se acaba de inaugurar El Dorado Maroma, un resort de lujo que flota sobre el mar. El senderismo se ha convertido en la nueva estrella del turismo de interior y acondicionar las mejores rutas es hoy una prioridad de las comunidades autónomas.

A la izquierda, el chef Rodrigo de la Calle, pionero en alta cocina vegetal. A la derecha, el restaurante vegetariano Copenhagen, en Madrid, y una imagen de ensalada en tarros, una de las tendencias en Francia.

En la gastronomía, los grandes chefs han dejado sus alquimias para dedicarse a la botánica y a cultivar sus huertos. El pionero, Rodrigo de la Calle, es el más aplaudido haciendo alta costura vegetal desde El Invernadero, de Madrid. No es casualidad que el grupo de restauración vegetariana Copenhagen sea uno de los más pujantes. A sus cuatro restaurantes de Valencia –Copenhaguen, Malmo, Oslo y Helsinki– hay que sumarle el recién estrenado Copenhagen en Madrid.

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