¿Por qué me casé?

​​"¿Por qué me casé?" Ufff… Delicada pregunta… Si has llegado hasta este punto y estás leyendo esto es que has pasado por no pocas dificultades en tu matrimonio en los últimos tiempos. Tranquila, es normal, todas las relaciones pasan por distintas etapas. Detengámonos a ver qué podemos sacar en claro de esta complicada situación.

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Cuando decidimos embarcarnos en el compromiso que supone el matrimonio lo hacemos normalmente con ilusión pero también con muchas expectativas –algunas de ellas implícitas- que no siempre se corresponden con una visón realista ni de la pareja ni de la vida.

Creemos que la intensidad de lo que sentimos es inamovible y que lo poco o lo mucho que nos disgusta de él de desvanecerá de manera sencilla con el tiempo. Nos parece inconcebible que las cosas puedan cambiar o que podamos pensar de otro modo.

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Nos falta visión a largo plazo.

Hasta que no alcanzamos la siguiente etapa o el siguiente nivel de madurez no tomamos conciencia de lo mucho que nos quedaba por vivir. Y por aprender. Y por cambiar.

Porque resulta que hoy no eres la misma persona que hace 20 años; incluso puede que no seas la misma ahora que hace tan solo un par de años, todo depende de las experiencias con las que te hayas encontrado y del poso de transformación que hayan ido dejando en ti.

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A él, como es lógico, le puede haber ocurrido lo mismo. Puede que tampoco sea el mismo. O todo lo contrario. Puede que precisamente porque sigue siendo calcadito a como era antes ya no se ajusta a las necesidades de esta renovada persona en la que te has convertido.

Si pasamos por fases tan distintas a lo largo de la vida, ¿por qué pensar que la pareja que un día escogimos ha de seguir siendo siempre la idónea? Sé que suena duro, pero es la visión más realista de cualquier crisis de pareja.

Por supuesto que todas deseamos un amor de película: primero pasional y después admirablemente sereno y confiado... Pero esto no siempre sucede así. Dos personas no siempre evolucionan en paralelo en un sentido compatible, ni son capaces de cultivar en distintas etapas los vínculos que les mantienen unidos.

Por eso, antes de precipitarte y tomar una decisión drástica, trata de trabajar con él, codo con codo, por evaluar vuestra situación y analizar posibles vías de solución.

Hablad de lo que teméis, de lo que rechazáis, de lo que queréis, de lo que necesitáis… Hacedlo con sinceridad y sin batallar. Trabajad hombro con hombro por identificar vuestros anhelos, proponer soluciones, llevarlas a la práctica y examinar si sois capaces de satisfaceros.

Reconstruid la narrativa que os enfrenta y construid otra nueva, una en la que no os recriminéis nada sino en la que colaboréis para alcanzar un objetivo.

Que por vuestra parte no quede. Muchos de los conflictos que enfrentan a las parejas son mucho mas trabajables de lo que a primera vista puede parecer.

Y, en última instancia, si las opciones se agotan, piensa que tu bienestar y la satisfacción de tus necesidades emocionales mas básicas es la mas importante de tus prioridades. Una vida de sacrificio no tiene sentido, sobre todo si es a cambio de nada.

Llegado el caso no tengas miedo, la separación es solo una transición, dolorosa pero superable. Al final del siguiente tramo del camino descubrirás que tú eres tú y que él es él, y que ninguno de los dos está llamado a este mundo para satisfacer obligatoriamente las necesidades del otro. Lo que en un momento vital puede funcionar, en otro bien distinto puede ser un obstáculo para tu bienestar, tu libertad o tu proceso de autorrealización.

Más info: www.anavillarrubia.com

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