Imanol Arias y Lluís Homar. ¡Vaya pareja de artistas!

Un ventrílocuo y un músico de vodevil frente a la miseria mental de la Guerra Civil. Dos compañeros, dos amigos con una gran película por compartir

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Se admiraban desde jóvenes, cuando Lluís era el pequeño de la compañía del Teatro del Lliure de Barcelona e Imanol, de la del Bellas Artes de Madrid. Después, la vida, sus largos recorridos, “el cariño y el respeto” les fueron encontrando. Por eso Pájaros de papel ha sido un regalo para ambos. Un abrazo intensísimo (con el que se saludaron) fue suficiente para demostrarlo. También sus confidencias, y la risa, porque juntos no paran de reír.
Lo vuestro es un auténtico flechazo.
IMANOL ARIAS: Yo quiero morir en los brazos de este señor [ríe]. He sentido una tremenda cercanía con Lluís actuando. Tiene algo que me impresiona, es como un baño de energía.
LLUíS HOMAR: Ha sido una ilusión compartida. Imanol está descomunal en la película. Y es tan simpático...
En la trama tenéis que actuar para Franco. Vosotros vivisteis la época como artistas, ¿lo habríais hecho?
LL.H.: En mi caso no era planteable porque hacíamos teatro independiente, y a Franco no le interesaba. Pero estoy encantado de no haberlo hecho.
I.A.: A nosotros nos vio Carmen Polo una vez. Pero Franco ya había muerto.
Emilio Aragón os hace cantar, bailar... ¿Qué es lo más excéntrico que habéis hecho vosotros sobre un escenario?
LL.H.: Yo, quitarme el uniforme y llevar liguero, medias y unas braguitas en Tirano Banderas, en el 92.
I.A.: Yo soy un hombre falto de gira, pero una vez, haciendo Calígula con Tamayo, alguien me gritó desde la calle: “Maricónnnn”, y me quedé como un imbécil. Recité el texto a mil por hora.
En la cinta compartís protagonismo con la guerra, un tema que aún parece anclado en nuestra memoria.
LL.H.: La guerra sigue siendo la aberración más grande que el ser humano lleva a cabo...
I.A.: Para mí, lo importante de Pájaros... es cómo cuenta por qué se iba la gente. Porque en España no todo el mundo huía de Franco. Lo hacían del desastre, del hambre, de la nada intelectual...
LL.H.: Y añade una cosa muy novedosa: los intentos fallidos de atentado contra Franco.
También está muy presente la injusticia. ¿Han cambiado las formas de ejercerla entonces y ahora?
I.A.: Sin duda. Las de entonces eran generalizadas, hoy selectivas. Entonces se debían a la incapacidad de repartir y crecer. Por la pobreza. Ahora se basa en la explotación. No terminamos de entender nuestro papel en el mundo de una manera lógica, humana. Y eso nos hace más responsables.
LL.H.: En la guerra, la injusticia más temida era el hambre. Yo, ahora, no puedo dejar de pensar en el paro, que está dejando desamparadas a miles de familias.La amistad entre Jorge (Imanol) y Enrique (Lluís) es inquebrantable...
I.A.: Es una amistad que roza el amor y hay dependencia casi de pareja, y tiene que ver con la libertad de cada uno, porque se aceptan como son.
¿Vosotros sois de muchos amigos?
I.A.: Yo, seguramente, creo que tengo más de los que tengo. Pero no me considero un hombre aislado.
LL.H.: Yo reconozco que no soy de los que llaman a diario...
I.A.: Pero eres muy atento. De los que les gusta quedar físicamente...
LL.H.: Me gusta sentir el cariño. Mi mujer se pasa horas hablando con sus amigas [ríe]... Yo no puedo.
I.A.: Para mí, en este momento de mi vida, la amistad es lo que me mueve. Reconocerme en mis amigos.
Junto a Miguel, el niño huérfano al que adoptáis, formáis una extraña familia. Dos hombres educando a un niño, un tema muy actual.
I.A.: Sí: esta pareja no le crearía problemas ni a Rouco Varela, con todo el respeto. Porque las circunstancias hacen que Miguel tenga la mejor de las familias posibles.
LL.H.: Imanol hace el papel de padre y yo el de madre.
I.A.: Pero no discuten como hombre y mujer, por lo tanto, la referencia es totalmente válida. ¡Ya me hubiera gustado a mí que me educaran así un tiempo! Con lo cual, el prejuicio nunca es hacia la forma, es hacia el sexo. Es un prejuicio católico. Evidentemente, un niño está mejor educado por dos mujeres o dos hombres que huérfano.
Ambos sois padres tardíos... ¿Cómo se llevan, así, los 50?
LL.H.: Yo bastante bien. Tener dos niños pequeños (de 9 y 6 años) me llena de vida. El tiempo pasa, pero pienso que para bien. Tengo miedo a la muerte, al dolor, a sufrir... pero vivo esperanzado, creyendo en el momento.
I.A.: Yo no le tengo miedo a la muerte. Me gusta cumplir mi destino, y los 50 es una estupenda edad para hacerlo, porque de alguna forma se rejuvenece.
¿Y enfocas tu vida de otra manera?
I.A.: Yo quiero vivir con la misma pasión, y con más sabiduría. Decía una canción: “Llegan los 50 y una mano te trae la cuenta”. A mí me la han traído. Me he quedado sin nada, pero la he pagado en el mejor sentido: aceptando las cosas. ¿Se puede ser feliz? Sí. Y tengo más amor que nunca. Hay que enseñarle a los jóvenes que tenemos mucho más en común de lo que nos divide, para que con 22 no se sientan únicos y diferentes.

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