Como: así se vive la dolce vita en el lago del amor

El lago Como, al norte de Italia, es el centro de una larga historia de amor con los amantes de la belleza. Sus villas estucadas, los 'campaniles' de piedra y los paseos en 'vaporetto' llevan siglos hipnotizando espíritus sensibles.

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Al pasear por las calles de Bellagio, se respiran feromonas de amor. La mayor parte de quienes visitan este lago a media hora de Milán son parejas que se prometen, parejas en viaje de luna de miel o parejas que celebran su aniversario. Amarse es fácil en las orillas tranquilas de este lago maravilloso salpicado de villas renacentistas pintadas de añil, ocre o caldero. Por eso, Manzoni situó aquí su célebre novela Los novios. En estas villas flanqueadas de cipreses y almendros han vivido y viven quienes han podido permitírselo. Desde George Clooney a Mariah Carey, pasando por Madonna, Rockefeller o el multimillonario Richard Branson. Y eso viene ocurriendo desde siempre, desde que Plinio el Joven lo descubrió y desde que Leonardo da Vinci buscaba inspiración (parece que el paisaje de fondo de La Mona Lisa es una colina de Bellagio). Y también desde que Liszt componía sus obras y Stendhal escribía mientras enfermaba porque no podía digerir tanta belleza. Así su síndrome se hizo famoso. Para disfrutar de una porción de la Dolce Vita hay que recorrer en barco privado o vaporetto las orillas de este lago y los pequeños pueblos que lo rodean. Las mejores vistas no se ven desde el interior, sino desde el agua. Y no es difícil conseguirlo: decenas de vaporetti recorren las aguas constantemente entre Bellagio, Cernobbio, Tremezzo o Lenno. Son el transporte de línea habitual de escolares, amas de casa y oficinistas. Una vida cotidiana de envidia.

Si no hay más remedio que venir en verano, merece la pena alquilar un bote

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Al lago Como se llega sobre todo desde Milán (ciudad donde llegan aviones high y low cost) y se accede a su ciudad principal, Como, por carretera. Es la capital, más centro comercial que destino turístico, porque resulta superpoblada y ruidosa. Allí caen sobre todo los fanáticos del shopping atraídos por el maravilloso diseño italiano. Merece la pena visitar el Domo, gótico renacentista, caer en la gelateria Bolla y pedir un helado pistaccio y nocciolla para sentirte como un local a la salida del trabajo. Para darse un lujo gastronómico, el lugar indicado es La Colombetta, uno de sus mejores restaurantes, donde coinciden la crème de la crème de los negocios de Milán y se deleita uno con la comida de la región, Lombardía, con sus pescados de lago y su pasta fresca. Pero donde merece la pena echar raíces, al menos por unos pocos días es en Bellagio. Si el lago tiene forma de Y invertida, Bellagio está en el vértice, rodeado por agua en tres flancos. Encaramado a una colina, en sus pocas calles peatonales hay pequeñas tiendas de souvenirs, productos gourmet y moda de alta gama. Abajo en el lago, antiguos cafés con mucho ambiente y terrazas bajo las parras donde tomar un prosecco son el mejor sitio desde donde empezar a transformarse en un bon vivant.

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Amarse aquí no es tan caro

Pasear y recorrer calles sin mirar el reloj es parte esencial de este viaje, y cuando recorres los jardines de la antigua villa de los Rockefeller (hoy fundación benéfica donde se beca a estudiosos de todo el mundo) atisbas qué significa esa expresión tan italiana de dolce far siente.

Los amantes de las experiencias diferentes encontrarán un plan inmejorable en el Gran Hotel Villa Serbelloni. Este cinco estrellas es una antigua villa con preciosos jardines donde Winston Churchill tenía habitación propia. Un espectacular edificio con escaleras de mármol, alfombras persas y paredes estucadas que quita el hipo. Cenar en su restaurante sobre el lago es un lujo que uno recuerda toda la vida. Pero todavía hay algo mejor: las tardes de jazz y baile en sus salones de ventanales infinitos. Bailar es parte esencial del manual del vividor, y si nuestro viaje tiene una aureola de amor, por el precio de una coca-cola o un prosecco este momentazo se convierte así, sin quererlo, en un high light de tu vida. Aunque Como es un refugio tradicional de ricos, comer, cenar o tomarse una cerveza no es caro. Las pizzas y la carbonara, por muy caras que sean, no pueden superar los 18 euros, así que no es obligatorio gastar en este lugar. Pasear, amarse y tomar un negroni (cóctel típico a base de ginebra, Campari y vermut) de aperitivo siguen siendo placeres muy asequibles. Pizzerías como La Grotta o terrazas como la del Hotel Du Lac son una buena prueba de ello.

Bailar en el Salón de Villa Serbelloni por el precio de una Coca Cola es un momentazo

Al amanecer un nuevo día, ya sea desde este hotel maravilloso, desde otro alojamiento más económico pero encantador –como el Hotel Bellvedere– o desde un apartamento alquilado por días, conviene viajar por el lago en vaporetto. Merece la pena comprar el pase de día (15 €) y visitar Villa Balbianello, en Lenno, donde Daniel Craig se hizo con el papel de James Bond por primera vez en la película Casino Royale. De nuevo al barco, y mecidos por el trap trap del motor, nos dejamos llevar hasta los jardines de Villa Carlotta, en Tremezzo, un prodigio botánico dispuesto en terrazas que acaban en el lago. El que haya leído Bomarzo, la novela de Mujica Lainey, visualizará rápidamente este tipo de jardín delirante con aglomeraciones de azaleas y rododendros que, cuando florecen en Semana Santa, son un espectáculo admirado en todo el mundo.

Atardeceres de queso y martini

Los días y las horas en este lago maravilloso discurren tranquilamente siempre y cuando uno no los visite en verano. Julio y agosto son meses de colas en las terrazas, precios estratosféricos en los hoteles, mal humor de camareros y calor. Pero las fechas de las vacaciones no son siempre algo negociable, así que si no queda más remedio que viajar en esta época, lo recomendable es alquilar en el barrio de Pescallo, a las afueras de Bellagio, un bote o un barquito a motor y descubrir pueblos, calas y rincones a nuestro aire. Desde el agua y sin aglomeraciones todo se disfruta más.

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Pescallo, un silencioso barrio de pescadores de una calle o dos, tiene apartamentos para alquilar por días y un par de restaurantes al borde del lago donde se puede cenar bien a precios asequibles. En algún momento de este viaje hay que conseguir una cena en primera línea de lago para ver el atardecer. Es uno de esos momentos esenciales del manual del bon vivant. Hacia las ocho o las nueve de la noche el lago empieza a calmarse, se reduce poco a poco el número de vaporetti que recorren las aguas, los veleros vuelven a sus pantalanes y las gaviotas comienzan su ruta diaria en busca de peces despistados. La calma acompañada de una tabla de quesos lombardos y un martini es más calma y es mejor.

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Senderismo en el interior

Claro que no todo tiene por qué mirar hacia el lago. Muchos turistas activos se acercan a esta zona para practicar senderismo. Es, por supuesto, una experiencia fuera de lo común, porque los senderos discurren por bosques mixtos y en cualquier recodo se abre de repente una ventana con vistas al lago que te quitan el hipo. Las cumbres nevadas de los Alpes y el agua azul marino mil metros más abajo son una vivencia que no se podría olvidar aunque se quisiera. Hay que tener en cuenta que el paisaje es montañoso, por lo que las rutas revisten cierta dificultad, pero los muchos caminos y senderos están bien señalizados e incluyen en los datos que ofrecen el tiempo estimado, dificultad y si puede ser para familias o no. Esta propuesta de viaje, que permite encontrar alojamientos más económicos en las montañas que siguen mirando al lago pero desde las alturas, es una opción más tranquila, y alejada de las aglomeraciones de la orilla.

Es más que recomendable acercarse hasta el Rifugio Martina en Lezzeno y sentarse a comer tranquilamente en su terraza.También visitar la Trattoria Baita, en la carretera de Chevrio. Los restaurantes de la zona se precian de tener sus propias huertas y granjas, por lo que se come de forma extraordinaria. Si te gusta la polenta, una receta a base de harina de maíz y agua aderezada con carne, este es tu lugar.

Villa del Este

Rita Hayworth, George Clooney e incluso los príncipes de Gales elegían este destino para sus escapadas románticas

Este opulento palacio de origen renacentista en Cernobbio es un hotel, y fue escenario de los tórridos romances de Rita Hayworth, Frank Sinatra, los duques de Windsor, Maria Callas o Ava Gardner. Glorioso y barroco, pasear por sus jardines flanqueados por estatuas centenarias es inolvidable. Sus interiores de mármol turban el espíritu más frío. Si no te alojas ahí, merece la pena pedir un negroni en su bar o pasar una tarde en las tumbonas del lido (solarium) frente al lago.

Villa Navalia

Sentir que tienes casa en el lago no tiene precio. Villa Navalia, en la pequeña aldea de Menaggio, es un gran chalet pensado para alquilar entre amigos. Sus seis habitaciones dobles y una terraza con jacuzi la convierten en un destino de lujo muy solicitado. Villa Navalia está disponible a través de Booking, que permite el alquiler inmediato (sin esperar respuesta del dueño) con atención al cliente en castellano todos los días al año.

booking.com