​Cómo sobrevivir al verano en pareja (y salir fortalecidos)

Vivimos en un mundo de frenética actividad y permanente urgencia. Todo es importante cada día, y todo se antepone a lo personal. Ese el desgaste de la rutina del que tantas veces hablamos: el que hace que el cuidado de la pareja acabe relegado a un segundo plano demasiado a menudo. Confiamos en que la pareja "siempre está ahí" y en que, por lo tanto, ya tendremos tiempo más tarde de ir a encargarnos de ella. Pero a veces ese tiempo no llega, y eso que posponemos con pasmosa facilidad tiene un precio… A veces, incluso, se paga con la ruptura.

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El verano, ese que estamos a punto de estrenar, es la época del año en la que más divorcios se producen. El desgaste de todo el año se hace evidente cuando nos situamos frente a frente y en nuestra pareja solo reconocemos distancia, rencores acumulados y conflictos por resolver.

La pareja no se rompe en verano, se ha ido debilitando desde mucho antes, pero todos necesitamos de un periodo de tranquilidad para disponer de perspectiva y tomar decisiones importantes.

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Pero, si algo he aprendido de todas la parejas que han pasado por la consulta, es que las crisis son salvables, que con esfuerzo y trabajo, si hay afecto y respeto, cualquier pareja puede salir fortalecida de uno de sus peores momentos.

Por eso las vacaciones de verano no tienen por qué representar el escenario en el que las cosas terminan del torcerse del todo. También pueden suponer un momento de inflexión, un periodo de trabajo y de cambio. Pueden ser, de hecho, una magnífica oportunidad para acercarnos a la pareja sin las presiones y exigencias del día a día.

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Y, como todo lo que en la vida nos importa, las mejoras en la pareja tampoco suceden solas.

Si queremos que el verano sirva para fortalecer a la pareja en lugar de para evidenciar su deterioro entonces tenemos que ponernos las pilas y dedicarnos a ello activamente, respetando algunas pautas básicas:

•Compartid actividades de ocio. No olvidemos que la pareja nació de un intercambio gratificante de actividades y reforzadores. El verano os permite cambiar de escenario y romper con la rutina; por eso es un momento ideal para recuperar aficiones en común o compartir nuevas experiencias que después os acompañen para siempre en el recuerdo.

•¡Eso sí, sin renunciar nunca a vuestra individualidad! Sin dejar a un lado el cuidado de ti misma y de tus intereses personales. En pareja nunca es sano vivir fusionados. El componente de admiración es fundamental para que la relación sea gratificante. Y para querer y admirar a otra persona es importante entender que ese alguien nos elige libremente, pero no nos necesita. Es un adulto independiente, con toda una biografía a sus espaldas, a quien yo también escojo libremente porque admiro sus valores sus cualidades, su trayectoria, su inteligencia, etc. Para que todo eso no se anule él también ha de poder seguir ocupándose de sí mismo con independencia de lo que comparte contigo.

•Expresad todas las emociones positivas que experimentéis. Si estamos en pareja es porque todas las renuncias que ello supone nos compensan a cambio de sentirnos amados, admirados y valorados por alguien a quien también valoramos. Las muestras de cariño y las palabras de amor no deberían extinguirse nunca entre dos personas que se quieren y que comparten un proyecto de vida en común.

•Mejorad vuestra intimidad y vuestra comunicación. Para hablar con sinceridad acerca de nuestras emociones y todos necesitamos tiempo y tranquilidad. No puedes pretender que tu pareja adivine lo te ocurre o lo que deseas si no se lo has contado antes. Tu pareja te quiere y te conoce pero no es adivina. El verano, con más horas de luz y menos carga de trabajo, es el momento ideal para retomar conversaciones más profundas y permitiros hablar desde lo más íntimo de vuestras emociones y necesidades.

•Alimentad la pasión que un día os unió. Porque para que la relación siga viva necesita conservar su esencia mas allá de las responsabilidades diarias. Antes de todas las 'cargas' familiares y mucho antes de todos vuestros problemas, hubo citas, pasión, cortejo y mucha química. Esa es la base de vuestra unión. Todo lo demás es importante también pero vino después y se asentó sobre esas bases. Creatividad al poder porque aquí todo vale: toca desempolvar el romanticismo y todas tus artes de seducción.

•Discutid sin miedo. En general todos tenemos miedo a discutir porque creemos que es sinónimo de pelear y hacerse daño. Sin embargo, el conflicto es inherente a toda relación de pareja, pues requiere de un ajuste constante entre dos personas diferentes. Este momento de tranquilidad es el más adecuado para resolver todo lo que durante el año ha quedado abierto, y que os perseguirá en caso de ser resuelto. A discutir también se aprende:
Hablando de lo que el otro hace y no de lo que es, de manera que no puedas caer en ofensas ni descalificaciones gratuitas e hirientes
Proponiendo soluciones y negociando, comprometiéndote tu también con el cambio su consecución
Aceptando que todo punto de encuentro implica que ambos tengáis que asumir responsabilidades: para estar de acuerdo ambos ganaréis y perderéis en la misma proporción.

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