¡Esto se acaba! Así es cómo Internet y las nuevas tecnologías han cambiado nuestra vida

El fin de la enfermedad, del reloj biológico, del trabajo... 
Internet y las nuevas tecnologías han acelerado la evolución del ser humano hasta límites insospechados. El futuro ya está aquí. No, no estamos hablando del guión de un nuevo capítulo de la serie futurista Black Mirror o de una sociedad encaminada a replicar un universo Matrix, aunque hay detalles del libro de la periodista Marta García Aller, El fin del mundo tal y como lo conocemos (Planeta), que harían las delicias de los amantes de la ciencia ficción: vida eterna, cerebros robotizados, coches sin conductor...

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La periodista analiza el cambio del mundo tal y como lo conocemos. Un manual de uso futurista digno de Hollywood... si no fuera porque cuenta con el testimonio de expertos, estudios y datos que avalan sus teorías. ¿El auténtico propulsor del cambio? El smartphone. "Los españoles preferimos salir a la calle sin ropa interior antes que sin teléfono móvil. Ha pasado a ser algo fundamental en nuestras vidas: no podemos vivir sin él. Hay un estudio que asegura que los jóvenes preferirían provocarse descargas eléctricas antes que estar 15 minutos seguidos sin hacer nada o sin tener ningún estímulo. El móvil no solo nos ha facilitado la vida: ahora no sabemos estar solos. Ni tampoco tenemos paciencia. Está cambiando nuestra manera de vivir, de pensar y de sentir. Son cambios fascinantes, por otra parte. Perdemos algunas cosas, pero ganamos muchas otras".

La periodista Marta García Aller, autora del libro El fin del mundo tal y como lo conocemos.
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¿Estamos realmente ante el fin del mundo tal como lo conocemos? "El futuro es el lugar donde vamos a vivir el resto de nuestra vida. La diferencia es que ahora cambia a toda velocidad y no tenemos precedentes. Tenemos que intentar entenderlo, y la mejor manera es imaginarlo, pero no basándonos en la ciencia ficción, sino en los cambios reales. Y coger esas predicciones con cautela. No hubo expertos que nos advirtieran de las redes sociales. Hace diez años decían que los coches sin conductor eran imposibles, y ya están en las carreteras. La ciencia está llena de futuros fallidos y predicciones que no sucedieron. Pero no podemos negar que el cambio es vertiginoso".

¿Cómo será nuestro día a día?

No lo sé yo, ni Elon Musk [dueño de Tesla], ni Jeff Bezos [dueño de Amazon]. Lo están inventando ahora, entre todos. Lo que veo con más claridad son esas cosas que han sobrevivido hasta nuestros días, pero van a ser producto del pasado. Nos dará la risa cuando veamos una fotografía dentro de diez años y digamos: "Fíjate lo que usábamos en 2017".

¿Cuáles son las claves para sobrevivir a ese "fin del mundo tal y como lo conocemos"?

Hacernos preguntas, dudar mucho y abrir la mente. Porque los cambios que están sucediendo y están a punto de suceder afectan a todos los aspectos de nuestra vida. Desde el tecnológico al emocional.

LA CONVERSACIÓN CARA A CARA

"WhatsApp acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca". ¿Dejaremos de quedar con un amigo a tomar un café?

Eso es una verdad como un templo. Y por supuesto que dejaremos de quedar, ya lo estamos haciendo en muchas ocasiones. ¿Cuántos grupos de WhatsApp tenemos cada uno? Nos creamos la ilusión de estar en contacto con mucha gente a la vez, cuando lo que hacemos en realidad es dejar de verlos o de quedar. Nos genera la ilusión de estar cerca pero no lo estamos tanto. Ahora la vida es así. Antes era más sencillo porque creábamos amistad con las personas que teníamos a nuestro alrededor.

Y cuando quedamos miramos constantemente el teléfono de reojo...

Cada vez es más infrecuente que prestemos atención plena a la persona con la que estamos. Un aspecto que merece pararse a pensar en ello es que lo hacemos también con los niños. Los bebés, desde que nacen, tienen que competir con el teléfono que llevamos en nuestra mano por adicción. Y cuando esos bebés crecen y se convierten en pequeños adolescentes, les exigimos que dejen de mirar el móvil y nos hagan caso, cuando en realidad han crecido intentando que les prestáramos atención en sus primeros pasos mientras enviábamos un e-mail. El móvil ha llegado a nuestras vidas sin manual de instrucciones. Y no es que seamos terribles personas, es que es como un superpoder y tenemos que aprender a utilizarlo. El cambio ha sido tan veloz que no tenemos aún esos protocolos, faltan esas 'buenas costumbres'.

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¿Hasta dónde llegaremos por un like en las redes sociales?

La respuesta la iremos poniendo cada uno de nosotros. Hasta los restaurantes piden a los diseñadores que acondicionen el espacio para que sea 'instagrameable'. Hace cinco años ni se nos pasaba por la cabeza, pero ahora es fundamental. Los adolescentes utilizan Instagram como un pasatiempo más. Incluso quedan para hacerse cientos de fotos para seleccionar un par de ellas porque son fundamentales para su vida social. Ellos también se adaptan a la vida que necesita de esas redes sociales. Invito a la gente a informarse sobre el potencial que tienen. Hay que adaptarse a los cambios que, sin duda, ya están aquí..

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PRIVACIDAD, ¿QUÉ ERA ESO?

En un momento en el que nuestra localización del móvil o un me gusta de Facebook sirven a grandes empresas para analizar nuestros hábitos de consumo, ¿llegaremos a estar completamente vigilados, al más puro estilo Gran Hermano?

Pero ¿eso es el futuro o ya el presente? [risas]. Solo con la información que almacenamos en nuestro móvil podrían averiguar practicamente todo sobre nosotros. Operaciones bancarias, compra de ropa, conversaciones con nuestra familia, una cita con el médico... En realidad ya lo tenemos aquí. Nadie puede tener acceso a datos sin nuestro consentimiento, pero el problema es que avanzamos tan rápido que no somos conscientes de la importancia de pulsar el botón 'aceptar'. Tenemos que tener todo el cuidado del mundo para ser conscientes de que tener un teléfono en la mano es un superpoder. Un arma que solo tendría un agente 007 en las películas de ciencia ficción. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Muchas veces no somos conscientes del efecto que compartir datos en Internet puede tener. Una compañía de seguros podría tener acceso a todo un historial médico o a lo que mi genética prevé. Hoy por hoy no es legal, tendríamos que haber firmado ese consentimiento. Sin duda, las leyes que se desarrollen para proteger la privacidad de los ciudadanos van a ser más importantes que nunca, pero nosotros somos los responsables de las informaciones que compartimos. Hay apps que deciden a quién dar un préstamo o alquilarle una casa según los hábitos que haya compartido en redes. Hay que tener muchísimo cuidado con lo que publicamos..

EL FIN DEL 
TRABAJO ACTUAL

¿Es cierto que los robots están llamados a ser nuestros sustitutos en la mayoría de los trabajos?

Todo lo que pueda ser sustituido por un algoritmo, lo será. Hasta ahora habíamos asociado la automatización con las fábricas, pero es que las oficinas están llenas de trabajos automatizables. Hay un estudio sobre la robotización de empleos que advierte de lo poco conscientes que somos de este cambio que está a la vuelta de la esquina. Tendremos que preguntarnos en qué somos buenos los humanos y en qué vamos a ser mejores que las máquinas. Aunque, según los expertos, la buena noticia es que en todos los trabajos que requieran creatividad, intuición y empatía vamos a ser necesarios durante mucho tiempo. Tenemos que prepararnos para una sociedad donde va a seguir habiendo empleo, pero diferente.

¿Se reducirá todo a una competición entre el ser humano y las máquinas?

No, no lo creo. Las máquinas no están aquí para competir con los humanos. Están para ayudarnos a hacernos la vida más fácil. La misma tecnología que salva vidas es la que se utiliza en las guerras. Para qué usemos esa tecnología va a depender de nosotros. A medida que se vaya desarrollando la inteligencia artificial, vamos a tener que dar respuesta a qué es y qué no es humano, preguntas que hasta ahora solo habían sido desarrolladas en la ciencia ficción o en la filosofía. Van a ser las máquinas las que nos ayuden a entendernos mejor como humanos. El futuro va a traer avances fascinantes que tenemos la responsabilidad de desarrollar de la mejor manera posible.

También hablas de la posibilidad de implantar chips en nuestro cerebro. La idea asusta un poco.

No se trata de un futuro cercano, pero sí es verdad que se están investigando diferentes maneras de utilizar esa tecnología robótica. Actualmente, se usan para mejorar la vida de personas con discapacidad. Personas invidentes o sin audición con determinados implantes pueden recuperar los sentidos que han perdido. ¿Se convierten entonces en robots humanos? Esa tecnología está desarrollándose para ayudarnos a vivir mejor. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Podremos implantárnosla para llegar a ser superhumanos? (o posthumanos, como dicen algunos expertos) Todos llevaremos chips implantados, aunque no tengamos ninguna discapacidad, simplemente para ser mejores. Si algo he aprendido investigando para este libro es que no podemos descartarlo en absoluto.

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¿Y SI NO ENVEJECIÉRAMOS?

La posibilidad de vivir más de 100 años es una realidad que está sobre la mesa. ¿Está preparado el ser humano para esa vida eterna?

Hoy por hoy, no, según los expertos. Pero no deberíamos preocuparnos, porque no es un cambio que vaya a producirse de la noche a la mañana. Además, a nadie nos parece mal que la esperanza de vida de hace cien años fuera la mitad de la que tenemos ahora. Y viviendo más años y, lo que es más importante, con más salud, hasta ahora nadie se ha quejado por ello. Mientras lo que siga aumentando sea la esperanza de vida y la salud, no creo que tengamos ningún problema en adaptarnos a lo bueno. Los problemas surgen cuando tenemos que adaptarnos a las malas noticias. Eso sí, cambiaría la sociedad de arriba a abajo.

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La eterna juventud no tendrá un coste cero. ¿No se corre el riesgo de abrir aún más la brecha social?

Si se le pone precio a la eterna juventud, o a poder vivir más años, y no está al alcance de todos, corremos el riesgo de crear la peor brecha de todas. Hasta ahora lo que nos igualaba era la muerte. Si empieza a ser opcional, si se puede evitar con dinero, hablamos de un mundo difícil de imaginar pero que no está descartado por ninguno de los expertos con los que he hablado. Por eso son tan importantes las políticas sociales y que los políticos estén informados. No son ciencia ficción, son cambios que ya existen. Estas políticas sociales tienen que evitar que los avances en ciencia, tecnología y medicina solo beneficien a unos pocos.

HASTA SIEMPRE, RELOJ BIOLÓGICO

Has hablado con decenas científicos para escribir este libro. ¿Quién es el que más te ha impactado y por qué?

Es muy difícil porque he tenido el privilegio de hablar con gente realmente brillante. Por ejemplo, María Blasco, directora del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas). Es una de las científicas más destacadas de la lucha contra el cáncer, y no solo el cáncer. Prevén la posibilidad de vivir hasta los 150 años y más. Si encuentra la cura del envejecimiento, no solo la muerte tendría solución, sino todas las enfermedades asociadas al envejecimiento: cáncer, alzhéimer... También hablé con expertos en reproducción y salud reproductiva de las mujeres que me dieron a entender que el reloj biológico puede ser que se acabe, que sea un concepto del pasado, cuando las investigaciones en células madre avancen lo suficiente para poder evitar que la edad tenga una relación directa con cuando una mujer es madre o deja de serlo.

Nos ha llamado la atención la afirmación de una de las ginecólogas con las que has hablado: "Cuando tenga una nieta le voy a regalar una congelación de óvulos al cumplir los 18 años".

Los científicos ya están trabajando en ello. Empresas como Prelude Fertility se dedican a ello y ya hablan de una revolución similar a la que supuso la píldora en las mujeres de los años sesenta. Lo que pronostican es que cuando una chica tenga 20 años, su momento más fértil, pueda someterse a un proceso muy sencillo: se le extraerán los óvulos de mayor calidad para conservarlos hasta que quiera utilizarlos a la edad que ella le parezca más oportuno.

¿Alertas del arma de doble filo que esta situación podría suponer?

Sí. El reloj biológico es una metáfora que se inventó un periodista del Washington Post para condicionar a las mujeres que en los años setenta comienzan a incorporarse a la vida laboral. Buscar la igualdad en el puesto del trabajo es una lucha ganada, pero el concepto de reloj biológico viene a cuestionar esa libertad: "Eres igual que yo de libre, pero en algún momento podrías decidir ser madre, con el parón en tu vida laboral que eso significa". Sin duda, el concepto de reloj biológico tiene mucho de lucha por la igualdad, para decir que la maternidad y la vida laboral tienen que ser perfectamente compatibles, igual que la paternidad, con la misma naturalidad y sin ningún condicionante. Hay empresas, como en Silicon Valley, que ofrecen gratuitamente a sus trabajadoras congelar sus óvulos para que puedan retrasar la maternidad. Eso es un arma doble porque, por una parte, ponen facilidades pero, por otra, parece que te invitan a retrasar la decisión de ser madre. La ciencia plantea encrucijadas que antes no teníamos. O podías ser madre o no, pero ahora mismo está cambiando tan rápido que ayuda a mucha gente, pero también redefine las reglas del juego.

Te ha faltado vaticinar el fin del machismo y el sexismo.

Ojalá llegue. Pero el fin del machismo no depende de ninguna tecnología. Dependerá de una evolución cultural y de la creación de sociedades más sanas, igualitarias y mejor formadas. Porque la tecnología nos puede hacer mucho más humanos, justos e iguales, o puede crear sociedades en las que no querríamos vivir.

El futuro ya está aquí

1.- Coches sin conductor. Son habituales en Silicon Valley, la sede las empresas tecnológicas. Además, los vehículos autónomos de Google comenzaron a dar servicio en Arizona en abril.

2.- Solo Visa. Suecia planea eliminar el dinero en efectivo en el año 2030. A fecha de hoy, la mayoría de los establecimientos cuelgan el cartel de "No cash" en la entrada y hasta las limosnas se pagan con tarjeta.

3.- Un mundo sin secretos. Existen empresas que pueden analizar tu ADN para averiguar la información que desees: desde el nivel de intolerancia a la lactosa, el riesgo de paredecer cáncer o el porcentaje de neandertal que hay en tus genes.

4.- Supermercados ad hoc. Desde 2011, los usuarios del tren en Corea del Sur pueden hacer la compra mientras esperan el tren gracias a un panel que los supermercados Tesco colocaron en el andén. ¿Lo mejor? Al llegar a casa ya tienes la compra esperándote.

5.- Profesión con futuro. Los gestores de identidad online, expertos en borrar el pasado digital, serán cada vez más demandados: "Hasta ahora solo afectaba a políticos o grandes empresas, pero como cada día compartimos más información en Internet que puede condicionar nuestro futuro, esta profesión va a estar cada vez más demandada y será tan frecuente como una peluquería", sentencia Marta.

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