¿Cómo educar en feminismo? En el camino hacia la igualdad

Eliminar los roles de género que marcan lo que se espera de un hombre y de una mujer es el primer paso para criar niños y niñas valientes, con derecho a soñar y a perseguir sus sueños sin miedo a ser juzgados.

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Todos deberíamos ser feministas", esa es la traducción del texto de la camiseta que lleva puesta la chica de la izquierda. Toda una declaración de intenciones que ya se ha convertido en un mantra a nivel mundial para todos aquellos que saben que el feminismo "aún" hace falta. Su autora, la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, acaba de publicar un nuevo libro que da en el centro de la diana: Cómo educar en el feminismo (Random House). Una reinvidicación a la formación de nuestros hijos en la igualdad y el respeto. Una invitación a rechazar estereotipos y a luchar por una sociedad más justa. "En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enseñále a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad [...]. Dile que, si algo le incomoda, se queje, grite", señala la autora.

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Sin embargo, una gran parte de la población no se considera feminista, y en muchos casos se confunden conceptos. El tantas veces repetido "yo no soy machista ni feminista" puede llegar a hacer mucho dependiendo de quién lo diga. El feminismo no es lo contario al machismo. El feminismo es la lucha contra el machismo y por la igualdad de oportunidades. No es la lucha contra el hombre. Es la lucha a favor de los derechos humanos: "Es un discurso político que se basa en la justicia. Es una filosofía política y, al mismo tiempo, un movimiento social que nace en la Ilustración y que defiende los derechos de las mujeres. Es una teoría de igualdad y de justicia. Y como movimiento social realiza acciones para conseguir una sociedad más justa en la que las mujeres sean ciudadanas de pleno derecho", explica la experta en violencia de género y políticas de igualdad Nuria Varela. Eso implica que "no tengamos que cobrar menos por ser mujeres o que nos rechacen en un empleo por nuestro sexo o que por ello debamos encargarnos de todas las tareas domésticas y el cuidado de los que nos rodean... Feminismo es construir una sociedad más justa y para ello hay que cuestionar el orden establecido".

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Para educar en el feminismo, es clave darnos cuenta de que tanto la desigualdad como la igualdad se aprenden. Los niños y las niñas nacen libres de estereotipos: es la socialización la que les hace ir configurando determinada mirada. "Desde antes de nacer un bebé, cuando ya se sabe su sexo, las familias no solo buscan un nombre, también compran ropa, decoran las habitaciones... Generan expectativas de vida sobre ese niño o niña. Y ahí comienza la desigualdad, si no lo evitamos", afirma Nuria.

La meta, sin embargo, debería estar en criar niños y niñas valientes y capaces, que a su vez puedan cuidar de sus hijos y de su casa. Y, por supuesto, evitar la violencia hacia los dos géneros. En este sentido, el respeto, el diálogo y el conocimiento de lo que es el feminismo nos da las herramientas para lograr crear un mundo en el que seamos iguales, sin esa distinción que ningunea a una parte de la población por cuestión de sexo. Aún queda mucho camino por recorrer y hay que ponerse manos a la obra para que las cosas cambien.

Una segunda mirada

En la sociedad actual estamos acostumbrados a rechazar la violencia. A los niños ya no les regalamos pistolas ni les dejamos ver películas para mayores: se las prohibimos. ¿Por qué no hacer lo mismo con el machismo? "Si a las niñas las censuramos, les decimos que se sienten bien, que no corran, que no jueguen al balón, que no se manchen y desde que nacen les damos muñecas y cocinitas, será difícil que salgan de ese camino que les estamos inculcando. También hay que tener cuidado con los cuentos que compramos, con los discos y sus letras 'infantiles'... porque los hay vergonzosamente sexistas", apunta la experta. ¿Su apuesta? No comprarles juguetes sexistas como las Barbies o evitar que vean una serie o película cuando esta venda ese machismo camuflado del que a veces ni siquiera nos damos cuenta. "Creo que es importante hacerles entender que hay una parte de la población que por defecto tiene unos privilegios. Vivimos en un mundo desigual y eso necesitamos corregirlo a través de muchas conversaciones y siempre educando en el respeto", afirma Lucía Lijtmaer, comisaria del festival feminista Princesas y Darth Vaders.

Sexismo escondido

Hemos hablado de un machismo escondido del que a veces podemos no darnos cuenta. Pero todo tiene truco y Lucía nos explica cómo detectarlo: "Con la regla de la inversión es fácil captar las injusticias. Por ejemplo, si tú dices: 'Los homosexuales pagan un IVA de lujo por productos de primera necesidad simplemente por el hecho de ser homosexuales' la frase ya nos horroriza. O 'la desigualdad salarial afecta especialmente a los discapacitados. Deben trabajar 88 días más que el resto para cobrar el mismo salario'. Y todo esto es lo que pasa con las mujeres. Lo que sucede es que con ellas lo naturalizamos, lo incluimos en nuestra cotidianeidad. Hay millones de cosas que evidencian que somos tratadas como ciudadanas de segunda".

El cine, por otra parte, es un gran caldo de cultivo para ese machismo escondido. La sempiterna 'mejor amiga' de la protagonista que no duda en traicionarla en cuanto tiene ocasión (así nos las gastamos nosotras, léase con ironía), la multitud de comedias románticas (por no hablar de los dibujos animados) donde la protagonista solo alcanza la felicidad si consigue casarse con ese hombre maravilloso. ¿Para cuándo una protagonista soltera y feliz?

Toca ahora repasar qué ha pasado con las mujeres en los libros de texto de Historia. ¿Por qué no aparecemos? Porque "antiguamente no existían las mujeres. Sí que había hombres y, entre ellos, no pocos eran genios", ironiza el inteligente y divertidísimo libro de Jacky Fleming El problema de las mujeres. "Tú hoy puedes hacer un grado en Filosofía y acabar sin saber quién es María Zambrano, o en Políticas y desconocer la figura de Clara Campoamor", nos cuenta Nuria.

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¿Y cómo logramos estar en las aulas? La experta recomienda hacerlo de la forma más razonable posible: "Introduciendo una asignatura en todas las etapas desde primaria que hable de educación afectivo-sexual e igualdad y normalizando el feminismo. Lo que tenemos ahora mismo en las aulas es una mirada androcéntrica: nos dicen que estudiamos la historia de la humanidad y realmente lo que estudiamos es la historia del hombre. Se deberían eliminar los estereotipos de los libros de texto y para eso hay que formar al profesorado y llegar a un pacto como sociedad en el que se establezcan los mínimos que debemos llevar al aula para que esta sociedad sea cada vez más justa, democrática e igualitaria", agrega.

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Stop, micromachismos

Las dibujantes de Feminista Ilustrada ofrecen en su web una definición bastante acertada de lo que es un micromachismo: "Muestra de violencia en la vida cotidiana tan sutil que puede pasar desaparcibida. Refleja y perpetúa activiades machistas y la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres". Acto seguido, elaboran una lista de 25 micromachismos tan habituales en nuestra sociedad que casi casi pasan desapercibidos. Es el caso de la distinción entre señora y señorita, cuando hace décadas que dejó de hacerse entre señor y señorito. Juguemos a las adivinanzas para detectar más micromachismos: si una pareja pide una cerveza y un batido en un bar, ¿a quién le pondrán cada una de las bebidas? ¿Y a quién le dará la cuenta el camarero? ¿A quién se le suele preguntar sin descanso "y tú para cuándo" en las bodas?

Al final, el feminismo no es solo una 'cosa de mujeres'. Es algo que debemos resolver juntos. Lo contaba muy bien la actriz Emma Watson en su famoso discurso como embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres ante la sede de Naciones Unidas en 2014: "Tanto los hombres como las mujeres deberían sentir que pueden ser sensibles. Tanto los hombres como las mujeres deberían sentirse libres de ser fuertes. Ha llegado el momento de percibir el género como un espectro y no como dos conjuntos de ideales opuestos".

Miguel Lorente Acosta: "Hay que tomar un papel proactivo en esta educación para la igualdad"

Profesor de Medicina legal en la Universidad de Granada, Miguel Lorente fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género de 2008 a 2011. Autor de libros como Tú haz la comida que yo cuelgo los cuadros (Crítica) o Los nuevos hombres nuevos (Destino), es uno de los pocos hombres que hay implicados en la causa del feminismo.

Hay aún a quien le extraña que un hombre sea feminista. Se piensa que es cosa de mujeres. ¿Cómo podemos educarnos para que estos prejuicios acaben?

El feminismo cuestiona el modelo jerarquizado de desigualdad y poder construido sobre las referencias masculinas, y eso genera una reacción de contraataque y una resistencia para que no se consiga. La primera cuestión que debemos plantearnos a nivel general es que el feminismo es igualdad y la igualdad es democracia. Después, al dejar de mirar esa realidad con todos los estereotipos y prejuicios que existen, tendríamos que ser capaces de transmitir a nuestros hijos e hijas la necesidad de incorporar a su educación lo que el feminismo pide como valor al hablar de igualdad: que se te respete como mujer e interiorizar que como hombre no puedes exigir ni imponer ni cuestionar ni decidir por una mujer.

¿Cómo le mostramos a alguien que se cree que no es machista y lo es que no está en lo cierto?

En primer lugar, para no ser machista hay que dejar de serlo, y eso implica intención, porque el machismo es cultura y es identidad. No es una conducta, es producto de lo que nos han enseñado, que es a ser hombres y a ser mujeres. No por el hecho de no hacer algunas cosas identificadas como machistas dejamos de serlo. Al final, tú puedes entender que el machismo es un chiste, un piropo, un comentario... pero por debajo de esas conductas hay toda una actitud, un disfrute de ciertos privilegios que son claramente machistas. En el caso de los hombres significa renunciar a esos privilegios que han tenido desde siempre. No permitir que las mujeres sean quienes dedican cada día un 92% más de su tiempo a tareas domésticas o un 26% más al cuidado de hijos e hijas, mientras que los hombres tienen un 34% más de tiempo de ocio cada día respecto a las mujeres. Si no hacemos algo por acabar con el machismo, por posicionarnos frente a él, estamos permitiendo por omisión que todo continúe como está.

En tu libro, Los nuevos hombres nuevos, hablas del posmachismo.

El posmachismo es en sí una estrategia de ataque del machismo actual y básicamente juega a la confusión. Es decir, intenta evitar que la gente tome conciencia de las cuestiones que plantea el feminismo. El posmachismo es el que dice que sí hay violencia de género, pero que muchas son denuncias falsas. Y ¿por qué denuncian falsamente las mujeres? Y te dicen que es para quedarse con la casa, con los niños y la paga. El posmachismo juega con mitos históricos, como el de la Eva perversa, para reactualizarlos.

Y ¿cómo educamos a nuestros hijos e hijas frente a toda esta cultura?

Todo depende de la edad que tengan. Hay momentos en los que habrá que evitar la exposición a esa cultura. Evitar, por ejemplo, que vean ciertas películas, aunque sean muy pequeños y aún no tengan capacidad crítica. Pero, sobre todo, serán el ejemplo y la imitación lo que los ayude. Ellos harán lo que vean en la propia casa. Y cuando ya son capaces de entendernos, lo mejor es tratar de hacerles razonar, tomar un papel más proactivo en este tipo de educación y tener esa actitud pedagógica necesaria que pueda ir corrigiendo sobre la experiencia.

Encuéntralo en la red

Whe should all be feminists es la TED talk de Chimamanda Ngozi Adichie que dio origen al libro Todos deberíamos ser feministas. Un modo de comenzar a construir un nuevo mundo en igualdad.

No solo duelen los golpes es un certero monólogo de Pamela Palenciano en el que, en clave de humor, se analizan y crítican todas las formas de machismo con las que convivimos a diario.

Ahora o nunca es el escalofriante corto que la pasada primavera se hizo viral. Firmado por Alicia Ródenas, en él vemos a la joven de 17 años sentada frente a una cámara a la que va diciendo una serie de micromachismos que escuchamos día sí, día también. La violencia va subiendo... hasta el final.

Cuatro libros inspiradores

Yo también soy una chica lista. Lucía Lijtmaer escribe sobre el pensamiento de las mujeres jóvenes de nuestro país y analiza cómo las conductas dañinas han ido ciñendo un corsé innecesario sobre nosotras. Destino.

Tú haz la comida, que yo cuelgo los cuadros. Miguel Lorente apunta a esas situaciones que a veces no tenemos por machistas pero que lo son, y señala las trampas de la cultura para que todo siga sin cambiar en el terreno de la igualdad. Crítica.

Cansadas. Nuria Varela apunta su mirada feminista al pasado para reaccionar frente a la nueva misoginia que nos ha hecho estar hartas y cansadas de tanta impunidad. Ediciones B.

Eso no es amor. Marina Marroquí expone en este libro juvenil treinta retos para trabajar la igualdad. Y lo hace a través de reflexiones y ejercicios que ayudan a los más jóvenes a detectar el machismo. Destino.

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