Praga: el nuevo paraíso foodie

Viajamos hasta Centroeuropa para redescubrir la capital checa a través del paladar. Una cita gourmet perfecta para los amantes de la buena mesa.

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Siempre es una buena idea revisitar la capital de la República Checa. Más allá de su legendario castillo y del mítico reloj astronómico de la Ciudad Vieja, más allá del afamado cristal de Bohemia y sus románticas calles empedradas, en esta ocasión viajamos hasta Praga con un propósito meramente gourmet: redescubrir la ciudad de Kafka a través de sus sabores. Puesto que no solo de monumentos vive nuestro espíritu viajero, nos preparamos para deleitarnos con sus contundentes sopas, sus sabrosos guisos, sus sempiternas tartas, su internacionalmente laureada cerveza y su típico vino caliente. Así, descubrimos una ciudad muy trendy donde los restaurantes y las cafeterías de diseño conviven con la mejor tradición culinaria checa.

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Praga es una ciudad para ser pateada y saboreada. El centro histórico permite recorrerlo a pie (eso sí, con calzado cómodo, el empedrado obliga) y, precisamente, este paseo gastro comienza en la calle. En los puestos callejeros repartidos por todo el centro es más que recomendable caer en la tentación de probar un tdrlo, dulce típico con canela (50 coronas, al cambio dos euros) o un kolacek mak, un bollito de amapola (la República Checa es el segundo productor de Europa en semillas de amapola), o su versión con requesón, el tvaroh.

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Otra cita obligada es el mercadillo que cada sábado atraca a orillas del río Moldava. La Casa Danzante, el edificio de Frank Gehry inspirado en Fred Astaire y Ginger Rogers, marca el inicio de un recorrido jalonado por puestos con la mejor mermelada casera de Europa (si hacemos caso a sus vendedores), flores, pescado fresco... La tradición consiste en comprar salchichas crudas (sekacek) y asarlas nosotros directamente en el fuego mientras disfrutamos de una cerveza o un vino caliente en un ambiente muy familiar.

Sin tartas no hay paraíso

Las tartas, dulces o saladas, son imprescindibles en cualquier cafetería

La vitrina de dulces es omnipresente en todos los establecimientos de la ciudad. De hecho, nos confiesan que, en Praga, el sitio que no tiene tartas no existe. En la Galería Svetozor, el escaparate de la pastelería Ovocny Svetozor (Vinohradska, 2828/151) es el sueño hecho realidad de cualquier fan de la repostería, con decenas de tartas a base de fruta, gelatina, crema... aunque no son tan dulces como estamos acostumbrados en España. Pero también hay una vitrina salada. Aquí destacan las chlebicky, el equivalente checo de las tapas: una rebanada de pan blanco sirve de cama a todo tipo de ingredientes, y dos o tres son suficientes para un almuerzo frugal por poco más de un euro cada una. Por cierto, una hora antes del cierre (a las nueve de la noche) hacen un 20 % de descuento en todo el género.

Los amantes del chocolate están de enhorabuena: en la calle Liliova, justo detrás de la calle Carola, la arteria más transitada de la ciudad que une el puente de Carlos con la plaza de la Ciudad Vieja (donde se encuentra el reloj astronómico), está Liliova, la chocolatería con más solera de Praga. Allí podremos disfrutar de una merienda completa con varios tipos de chocolate a la taza por tres euros. Si estamos por la zona, también podemos tomar un café en el mismo establecimiento que frecuentaba Albert Einstein, en la misma Plaza Vieja: "Quizás fue aquí donde postuló la teoría de la relatividad" se puede leer en checo en su terraza. En las calles de la Ciudad Vieja las pastelerías y los restaurantes de comida internacional se entremezclan con tiendas de cosmética natural, establecimientos de souvenirs y cristal de Bohemia (en la mítica Mosers, se puede visitar gratis la exposición del sótano y ver la vajilla de la boda de los reyes Felipe y Letizia). Las adictas al shopping encontrarán su Valhala particular a lo largo de la avenida de Wenceslao: todas las grandes firmas están en este barrio, que en los últimos años ha asistido al nacimiento de numerosos locales con encanto, como S&I (Vodiakova, 708/35). Nada como sentarse en el delicioso invernadero de esta antigua tienda de diseño (ahora puede comprarse todo lo que se encuentra en su interior) y disfrutar, cómo no, una exquisita tarta.

La ciudad de los bistrós

Otro distrito famoso por su oferta de ocio es Karlín, un barrio para pasear, comer y divertirse. De hecho, cuando el tiempo lo permite sus calles se llenan de praguenses y conciertos al aire libre. Sus casas señoriales conviven en armonía con bares y cafés de diseño: Muj šálek Kávy ('mi querido café', en checo) es de visita obligada para los cafeteros confesos (Krizikova, 386/105) y los desayunos de Bistro Proti Proudu (Brezinova, 22/471), que se pueden pedir durante todo el día, tienen una merecida buena reputación.

Selección de panes en Field, restaurante con estrella Michelin
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En este barrio se encuentra también Forum Karline, el mayor centro audiovisual de la ciudad. En la primera planta, la cerveza artesanal del restaurante Eska no deja indiferente a nadie. Por no hablar de su mantequilla salada. Y los fans confesos de los mininos encontrarán su paraíso gatuno en Kavarna Kocici (Krizikova, 22), la primera cafetería donde podrán sentarse a tomar una tarta o un zumo casero de remolacha, por ejemplo, en compañía de sus mansos gatos. Si nuestro estómago necesita algo más consistente, en U Mrtvyho Ptaka (Krizikova, 226/16) podremos deleitarnos con las mejores hamburguesas de la ciudad. Al atardecer, y para paliar el resultado de tanto descubrimiento gastro, es más que recomendable subir a la colina de Vítkov para llegar al monumento nacional en honor a los legionarios caídos en la Primera Guerra Mundial. Las vistas en Praga se pagan, pero esta resulta una oportunidad única de disfrutar de la ciudad desde las alturas de forma totalmente gratuita (y de bajar la comida, de paso).

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Sin duda, el bistró más bonito de Praga es La Bohème Café (Sázavská, 32), situado en otro de los barrios de moda de la ciudad, Vinohardy. Tomarse uno de sus más de 30 tipos de té o café en uno de sus glamurosos sofás de terciopelo es un lujo para los sentidos. De hecho, recibió el Czech Bar Award 2016 en diseño de interiores. El distrito hípster por excelencia acoge además a una gran cantidad de enotecas y restaurantes de cocina internacional.

Para degustar la cocina tradicional, es recomendable visitar U Pinkasu (Jungmannovo, 15/16 ), una de las cervecerías más antiguas. El tamaño de sus platos de carne puede no ser apto para estómagos frugales. Una buena opción es pedir algún entrante y compartir el plato principal. Otra joya para disfrutar de la gastronomía local es Next Door (Zlatnická, 1126/3), con cocina a la vista. Nada mejor que pedir una sopa para comenzar, como manda la tradición, y acompañarla de dumplings, un sustituto del pan a base de patata o harina. Y si buscamos nuevos sabores y sorprendentes texturas, nuestro destino será Field (U Milosrdných, 12), uno de los tres restaurantes con estrella Michelin de Praga, basado en la comida de campo. Su decoración austera contrasta con la espectacular presentación de su menú degustación con maridaje de vinos (135 €/persona). Se recomienda no ir con el estómago lleno. Buen provecho.

Cita en el barrio del arte

En el corazón de Holseovice, el barrio con más galerías de arte por metro cuadrado de Praga, se encuentra el centro de arte contemporáneo Dox, en una antigua fábrica de metal. Cuenta con cafetería y tienda de objetos de diseño y, en la azotea, destaca el zepelín de madera y acero de 45 metros de longitud, que 'planea' sobre este edificio sostenible, obra del arquitecto Martin Rajnis. Su interior es el escenario perfecto para conciertos de música clásica y conferencias. A diez minutos en metro del centro (Poupétova, 1).

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