Tendencias deco: el oro es el rey de la casa

Es la pareja perfecta de los tonos grises y ocres, la madera y los espejos, y tiene una capacidad única para convertir en singular cualquier espacio. En este piso madrileño del siglo XIX, el brillo del oro marca la diferencia.

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Elegante, sofisticada y cálida, con una mezcla de muebles únicos tratados como obras de arte y acabados luxury como el oro, que le otorgan gran personalidad. Así es esta casa pensada para desconectar, disfrutar del tiempo libre, recibir amigos, trabajar y encontrar momentos de calma que lleva el sello inconfundible de la interiorista Estefanía Carrero. Ella le ha dado un estilo atemporal y contemporáneo a esta vivienda "en la que cada rincón está estudiado para sacar el máximo partido a los espacios", explica. La vivienda se sitúa en un edificio del siglo XIX del madrileño barrio de Las Letras, cuyo autor fue el arquitecto Juan de Madrazo, hermano del famoso pintor. El objetivo del proyecto era recuperar los aspectos formales y estilísticos del inmueble, que se habían ido perdiendo por el paso de los diferentes inquilinos: se restauraron y rehicieron las carpinterías, se recuperó la altura original de los techos y se intentó rescatar la antigua distribución de la vivienda. El resultado es un piso con estancias en las que reinan el equilibrio y la armonía. Los acabados dorados están presentes en prácticamente todas ellas: "El latón y el bronce me gustan mucho porque ofrecen el brillo que me permite jugar con texturas, pero aportando la calidez que es característica de estos materiales", matiza Estefanía.

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Un interior refinado

El comedor lo preside una mesa obra de Estefanía Carrera.
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En el salón principal el oro es protagonista: las dos mesas de centro de latón diseñadas por ella ejercen de foco visual y comparten tono con otros elementos decorativos como los candeleros art déco, la escultura de pared y el gallo de Curtis Jeré y la moldura de los espejos que, situados a ambos lados del chester en piel vuelta, refuerzan la simetría. La luz natural inunda el espacio gracias a los dos grandes balcones, y la naturaleza está presente con el gran ficus de cuatro metros de altura que pone una nota de verdor en la vivienda. Como reconoce Estefanía, "la casa tiene un encanto especial desde la primera vez que entras en ella, con esos techos altísimos. Hay muchos rincones que me gustan, pero este con el ficus y los dos sillones de los años ochenta me parece muy apetecible". En la pared opuesta, un magnífico mueble de roble italiano del siglo XIX compite en belleza con ese rincón.

El uso del color en paredes y suelos está muy estudiado: "He elegido tonos claros para potenciar la luz natural, y fuertes en las zonas menos iluminadas para crear un espacio más acogedor y cálido y que no se note la ausencia de grandes ventanales en algunas habitaciones". El resultado es una amplia gama de tonos grises y ocres desarrollados con diferente intensidad por toda la vivienda.

Ejercicio de contrastes

El salón se comunica con una estancia que hace las veces de comedor y estudio. El suelo de tarima aporta gran calidez a este espacio presidido por una mesa ideada por Estefanía Carrero y sillas de Pierre Cardin tapizadas en terciopelo. Una librería en madera lacada en color crema recorre la pared y ayuda a integrar la zona de trabajo, formada por una mesa en hierro y cristal y sillas en terciopelo. La chimenea forrada en espejo añade profundidad. Y no es la única de la vivienda: "Actúan como ejes tanto del comedor-estudio como del dormitorio. Decidí basarme en ellas para definir las dos habitaciones y, además, se utilizan a diario en invierno", cuenta Estefanía.

El gris y el dorado se combinan con materiales cálidos como el terciopelo de las cortinas y la chenilla con la que se ha tapizado la cama

El dormitorio, además de la chimenea, está lleno de detalles que crean una atmósfera sumamente acogedora. Sobre la chimenea se ha situado un jarrón de Murano con ramas de sauce, un grabado del siglo XIX con marco dorado y candeleros en latón martelé. Las cortinas están confeccionadas con seda rústica de José María Ruiz y rematadas en terciopelo. La cama, diseñada por Estefanía, está tapizada en chenilla gris y presidida por un escultural círculo de mármol que cuelga de la pared. En la mesilla, llama la atención la lámpara de Paul Evans en acero y latón. El baño es pura sofisticación. En la pared se ha combinado el papel pintado con un friso de piedra donde está perfectamente integrado el lavabo. Un elefante francés de fibra y una silla de mimbre comprada en Perú se convierten en los mejores complementos.

El office biblioteca resume a la perfección el espíritu de esta vivienda. El suelo de madera y las paredes gris antracita están en perfecta sintonía con la mesa de hierro y tapa de mármol y las sillas del siglo XIX. Sobre la mesa, dos cuencos de Becara y el jarrón de Murano crean un bello contraste, al igual que la colección de dibujos con marcos art decó de madera dorada. La librería y la lámpara con acabado de escayola configuran un espacio que destila funcionalidad y armonía.

Virtuosismo creativo

Nació en Santiago de Compostela, pero desde muy joven tuvo claro que el mundo de la decoración era lo suyo y a los 17 años viajó a Madrid para estudiar interiorismo. Comenzó su carrera profesional en 1996 colaborando en el estudio de Pascua Ortega y, tras cinco años a su lado, se trasladó a Sevilla para encargarse del departamento de decoración de la empresa de muebles Guardarte y colaborar con el estudio de Javier González Sánchez-Dalp. En 2003 regresó a Madrid y volvió con Pascua Ortega. Desde 2007 desarrolla en su propio estudio trabajos de interiorismo y arquitectura de hoteles, restaurantes, comercios, oficinas y residencias particulares. También ha desarrollado varios encargos propios en Lima.

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