Y tú, ¿serías capaz de desconectar el móvil? Te explicamos por qué no puedes vivir sin él...

¿Es lo primero que miras al levantarte y lo último que consultas por la noche? ¿Lo dejas sobre la mesa en la comida y lo llevas contigo (incluso) cuando vas al baño? Quizá ha llegado el momento de desconectarlo... ¿Podrías?

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"Quédate con quien te hace sentir lo mismo que cuando miras en el bolso y no encuentras el móvil", sentencia 
@lavecinarubia. ¿Reconoces esa sensación? El corazón se encoge y el mundo parece paralizarse a tu alrededor. En Reino Unido, de hecho, ya le han puesto un nombre a ese sentimiento: 'nomofobia' –"no mobile-phone phobia"–, "el malestar, la angustia, la ansiedad que provoca no tener el móvil a nuestro lado o cien por cien conectado", nos explica Marc Masip, CEO de Desconectad@s, programa contra la adicción al teléfono móvil y redes sociales. Para muchos, estamos ante la nueva adicción del siglo XXI, comparable con la generada por otras sustancias como el alcohol, el juego o las drogas. Francisca López Tordecillas, experta en adicciones de la Universidad de Granada, lo explica así: "En la última década, numerosos estudios han establecido similitudes psicológicas y neurobiológicas con patrones de uso adictivo. Hay un mecanismo común entre adicciones a sustancias (alcohol y drogas) y adicciones conductuales (juego y móvil)".

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¿Crees que exageramos? ¿Eso jamás te ocurriría a ti? Un estudio de las universidades de Lancaster y Nottingham asegura que solemos pensar que usamos el móvil la mitad del tiempo de lo que lo hacemos. En la página de la OCU se puede encontrar un test que permite averiguar tu nivel de adicción. "Si prescindo de él, me pongo de mal humor". "Casi provoco un accidente". "A veces lo uso en vez de estar con gente importante para mí que quiere estar conmigo". ¿Te resulta familiar?

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"¿Sabes cuál es la señal más clara para saber si hay un problema de dependencia? Estar mucho con el móvil. Utilizarlo en momentos y lugares inadecuados, léase conduciendo, véase haciendo deporte, en el baño, en el trabajo; que haya cambios emocionales; por ejemplo, que me cambie el humor si envío un mensaje y veo que no me contestan... El adicto es el último en darse cuenta de que algo falla. Hay un síndrome de abstinencia, te hace cambiar tus hábitos, afecta a tu vida personal, laboral o de pareja", señala el director de Desconectad@s.

No eres tú, es tu dopamina

¿Por qué son tan adictivos los smartphones? "Por la respuesta inmediata: nos permite hacer muchas cosas en poco tiempo e incluso vivir en un mundo en ocasiones irreal, pero con una inmediatez pasmosa. Se puede jugar, hablar, ligar...", nos explica el doctor Francisco Pascual, coordinador médico de la Unidad de Conductas Adictivas Alcoi y presidente de Socidrogalcohol. Además, el uso del móvil favorece la generación de dopamina. "Cualquier búsqueda de placer incrementa estos niveles y activa el sistema de recompensa cerebral. Al dejar de hacerlo, la dopamina disminuye provocando la necesidad de repetir la acción para encontrarse bien", añade el científico. Por no hablar de la dosis extra de dopamina que supone la incertidumbre ante la respuesta o los futuros likes al subir una foto a Instagram, por ejemplo.

Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid publicado en 2017 por Frontiers in Psychiatry, el 5 % de la población española (uno de cada 20) es adicta al móvil. La necesidad de llevar el terminal encima, de mirarlo cada pocos segundos en cualquier circunstancia (trabajo, amigos o reuniones familiares) es algo que reconocen el 45,3% de los jóvenes entre 18 y 24 años, según Rastreator.com. La periodista Marta García Aller, autora de El fin del mundo tal y como lo conocemos (ed. Planeta), cuenta: "Los españoles preferimos salir a la calle sin ropa interior antes que sin teléfono móvil. Ha pasado a ser algo fundamental en nuestras vidas: no podemos vivir sin él. Hay un estudio que asegura que los jóvenes preferirían provocarse descargas eléctricas antes que estar 15 minutos sin ningún estímulo".

¿Maleducados 3.0?

Mucho se habla de los adolescentes, esa generación nativa digital... pero no son solo sus pulgares lo que vuelan a la velocidad de la luz sobre sus smartphones. No son solo ellos los que no paran de comprobar compulsivamente si hay nuevas notificaciones. La antropóloga Amber Case alerta en uno de sus TED Talks más conocidos: "Miramos el móvil entre mil y dos mil veces al día. Es el nuevo cigarrillo. Te aburres, lo miras".

Hace treinta años el único móvil que conocíamos era el que salía en Superagente 86. Hace 15 'solo' servía para llamar. Hoy en día son muy pocos los que pueden vivir sin él. ¿Por qué dejas el teléfono en la mesa cuando quedas a comer? ¿Por qué whatsappeas sin pudor con el grupo de madres del cole si has quedado a charlar con esa amiga que hace siglos que no veías? En su libro, la periodista García Aller analiza cómo WhatsApp ha acercado a los que están lejos y alejado a los que están cerca, y cómo cada vez es más difícil prestar atención plena a la gente de nuestro alrededor. Masip es más crítico: "El hecho de que alguien esté más pendiente del móvil que de una persona lo equipararía a una falta de respeto como puede ser eructar en la mesa. Estás ignorando a alguien por estar más pendiente de una máquina. Estamos en una fase muy embrionaria de la concienciación social sobre el uso del móvil y, por lo tanto, a la gente no le parece de mala educación. Vamos camino de una sociedad idiotizada, robotizada, sin valores, cobarde, que no se atreve a decir las cosas a la cara porque es más fácil hacerlo a través de una pantalla", alerta el experto. Aunque no pierde la esperanza. En definitiva, puede que el móvil sea una especie de superpoder que hay que aprender a utilizar y, para ello, hace falta crear un protocolo de buenas costumbres. Es hora de ponerse manos a la tecla.

NUEVOS CÓDIGOS DE EDUCACIÓN

No importa si has quedado con una amiga, tienes reunión familiar o de trabajo... no puedes evitar mirarlo. No vaya a ser... ¿No crees que ha llegado el momento de desconectar de la pantalla y volver a conectar con la realidad?

1. La prioridad es la gente con la que has quedado. Las personas presentes son lo primero, y deberían ser lo único. Se impone silenciar el móvil, guardarlo en el bolso o, ¿por qué no?, activar el modo avión para poder centrarnos en la tierra.

2. No siempre tienes que estar disponible. No hay obligación de contestar una llamada o un mensaje. Salvo que sea urgente, obvio. La experta de la Universidad de Granada recomienda "establecer un horario para mirar mensajes, llamadas o WhatsApp (cada dos horas, seis veces al día...) y silenciar las notificaciones".

3. Tus hijos, lo primero. Son espejos y reflejos de lo que ven. Una nueva generación que crece teniendo que competir en atención con un terminal. "Nunca un padre debería dar el móvil en un restaurante para que su hijo no moleste mientras comemos los mayores. ¿Qué mayores?", se pregunta el doctor Francisco Pascual.

4. Si conduces, no whatsappees. "España es el país que más accidentes tiene por culpa del móvil", explica Marc Masip.

5. Puedes separarte de tu smarthphone. En serio. No es un miembro de tu cuerpo. No es el collar de La fuga de Logan y no explotará si te separas de él. López Tordecillas recomienda "irse a la cama sin teléfono y que la primera actividad del día sea respirar y planificar la jornada con ilusión, no mirar el móvil". ¿Podrás?

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