Carmen Machi: La timidez hecha coraje

Pasión, fuerza y sabiduría. Eso aporta ‘La Machi’ a la escena.

Hubo un tiempo en que las grandes damas de la escena lucían un artículo delante de su apellido. Algunas como ‘La Espert’ aún lo conservan. Era un modo de señalarlas como únicas, algo que se merece también Carmen Machi, una actriz capaz de meterse en la piel de un personaje y exprimirlo.
Después de desgarrarnos el corazón en Juicio a una zorra, ‘La Machi’ se sube cada noche al escenario para triunfar con Agosto (Condado de Osage). Y lo hace encarando un papel que la enfrenta a Amparó Baró, otro monstruo de la escena que une a su buen hacer las ganas que teníamos de volverla a ver en el teatro, tras 12 años de ausencia.
El duelo interpretativo es de esos que te ponen la piel de gallina. Ellas, como madre autoritaria e hija mayor desquiciada por la herencia recibida, se enfrentan en escenas antológicas donde la rabia contenida logra que se te salten las lágrimas o que rías a carcajadas gracias a esa comicidad feroz que imprimen a sus puñaladas –que son muchas–.
Si hubo un tiempo en que mucha gente solo la reconocía por sus trabajos en comedias, ahora su fama de bordar los dramas ha hecho que aquello se olvide, quizás porque como ella dice “hacer reír presenta más dificultades que el drama, pero se valora poco”. Viendo su coraje en el escenario, cuesta creer que sea una mujer muy tímida que incluso llegó a tener fobia a salir a la calle cuando la alcanzó el éxito. Pero es que cuando actúa ella nunca es Carmen Machi. Hasta el 19 de febrero en el Teatro Valle-Inclán de Madrid.

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