Marlango: Por fin en castellano

Con Un día extraordinario cambian de idioma para hacer una reivindicación que te anima a afrontar tu rutina con optimismo.

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Convencidos de que hay que prestar más atención a los detalles y de que todos tenemos una posibilidad de decidir cómo queremos que sea nuestra vida, aunque “ahora no estemos en un momento brillante para nadie”, Marlango lanza su positivo mensaje a través de su nuevo disco, Un día extraordinario (Universal Music). Leonor Watling y el pianista Alejandro Pelayo nos cuentan cómo ha nacido este álbum, qué les ha inspirado y cómo trabajan juntos.

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¿Por qué en esta ocasión habéis aparcado el inglés?
LEONOR WATLING: Es nuestro quinto disco y queríamos cambiar algo, así que pensamos en probar en castellano.
ALEJANDRO PELAYO: Y para hacerlo hemos tenido que desaprender. Por ejemplo, esta vez hemos buscado más las melodías y, después de compuestas, escrito las letras para que encajaran.
¿Es más difícil escribirlas?
LEONOR: Sí, ya solamente por gramática es mucho más complicado. En inglés casi todas las palabras son monosílabos y bisílabos y acentúas donde quieres, mientras que el castellano es menos elástico.
¿Por qué habéis elegido como título Un día extraordinario?
ALEJANDRO: Es el lazo que envuelve las 10 canciones y guarda relación con estar atento a lo que te rodea, con la posibilidad que todos tenemos de decidir cómo queremos que sea nuestra vida. Es una microrreivindicación que anima a seguir hacia delante. Cuesta lo mismo escoger la alegría que la tristeza, ¿por qué no intentarlo?
En el single Dame la razón decís que os gustan “las puertas abiertas” y “las camas deshechas”. ¿Qué más cosas os agrada que os ofrezcan?
LEONOR: Espacio… y cerveza. Yo con eso soy una chica feliz [risas].
ALEJANDRO: A partes iguales, ¿no? [risas] A mí a estas alturas del año todo me viene más o menos bien.
Ambos tenéis hijos, ¿os han cambiado la forma de trabajar?
LEONOR: Sí, resulta más difícil porque hay más variables. Antes llegaba de una gira hecha una piltrafa y me tiraba tres días en el sofá. Ahora no puedo, claro. Pero... recuerdo que vi un filme en el que una niña le preguntaba a una chica: “¿Tienes hijos?”. Y cuando esta respondía negativamente, le decía: “Y entonces, ¿cómo te diviertes?”. Me parece genial, porque es así.
Además, Leonor, imagino que en tu caso la situación se complica porque tu pareja, Jorge Drexler, también es músico.
LEONOR: Pero tenemos muchísima ayuda. Lo cierto es que yo nunca he trabajado sola, no comparto esa idea del hombre hecho a sí mismo. Soy de equipo y creo que uno solo no hace nada interesante. Y en la maternidad y en la paternidad todavía más.  
Parafraseando la letra de otra de vuestras canciones, Exquisita, ¿el Norte va con vosotros o perdéis el rumbo fácilmente?
LEONOR: Yo pierdo el rumbo todo el rato.
ALEJANDRO: Fuiste una pionera en eso. Yo creo que cuando uno tiene niños pequeños por un lado se obliga a no perderlo porque ya se encargan ellos de vivir en…
LEONOR: ... la anarquía [risas].
ALEJANDRO: Porque están constantemente en modo random. También te enseñan que por mucho que tú quieras imponer unos horarios, no siempre es posible. Pero tener un poco de flexibilidad nos hace ser personas.
Donde parece que no perdéis el rumbo es en vuestra música, pero ¿os ponéis fácilmente de acuerdo en el estilo que va a marcar el álbum?
ALEJANDRO: En realidad sí, aunque nos ahorraría mucho tiempo que alguien desde fuera nos hiciera ver que a veces discutimos sin motivo, porque estamos diciendo lo mismo pero cada uno en su ‘idioma’.
LEONOR: A los dos nos gusta tener razón.
ALEJANDRO: También, pero en las cuestiones de fondo creo que estamos de acuerdo. El problema es que los dos lo tenemos todo muy claro y, además, somos dos personalidades radicalmente opuestas. Yo tomo decisiones todo el tiempo, soy un artista a la hora de equivocarme. Y Leonor es la duda constante y el no querer decidir nunca. Como dice uno de nuestros músicos, mantenemos un extraño equilibrio.
Y cuando Leonor interpreta una canción, ¿también opináis y le aconsejáis?
LEONOR: Sí, son unos pesados [risas]. En serio, creo que eso es trabajar en equipo. Además, yo siempre pregunto mucho porque hay cosas de las que tú no te das cuenta que los demás sí notan. También te digo que, en general, somos bastante positivos y nos gusta decirle al compañero lo que nos ha encantado.
ALEJANDRO: Sí, para meter el dedo en la llaga ya están nuestras familias.
LEONOR: Bueno, y también estás tú.
ALEJANDRO: Es que somos como familia.
Leonor, ¿cómo cambias cuando interpretas tus canciones en lugar de un personaje de alguna de tus películas?
LEONOR: Las críticas dicen que como cantante soy muy poco teatral. Bailo y me muevo poco pero, mientras canto, en mi cabeza hay fuegos artificiales. Veo el sonido.
Después de la promoción llegará la gira, ¿no os cansa tanta furgoneta?
ALEJANDRO: El viaje cansado siempre es el de regreso, son los mismos kilómetros que los de ida pero parecen el doble. Salir de casa es una cosa fantástica.
LEONOR: Como esa frase que me encanta que decía el actor Antonio Gamero: “Como fuera de casa, en ningún sitio”. Pero ahora volver te da también un subidón. No está el vaso donde lo has dejado.
ALEJANDRO: Es cierto. No es como hace unos años.
En la canción Lo que sueñas vuela habláis de soñar despiertos, ¿es algo que hacéis en vuestro día a día?
LEONOR: Yo sí.
ALEJANDRO: Los niños nos enseñan lo maravilloso que es estar en Babia. Deberíamos intentar no perder ese ritmo infantil porque los adultos a veces vamos demasiado rápido sin saber hacia dónde.
Para acabar esta entrevista soñando, ¿os gustaría hacer alguna banda sonora?
LEONOR: A mí me haría ilusión que algún director de cine como Paul Thomas Anderson eligiera un tema nuestro. En general me encantaría que escogieran una canción de Marlango para una película porque significaría que hemos inspirado a alguien.