Carmen Machi: “No me siento encasillada”

Alcanzó la fama a base de hacernos reír, pero Carmen Machi tiene claro que prefiere los papeles dramáticos. Te descubrimos la nueva y sorprendente faceta de la actriz

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Derrocha sentido del humor sin proponérselo. Algo que nos contagió a todos durante la sesión de fotos. Alegre, ingeniosa, locuaz... A sus 46 años, la actriz madrileña se atreve con todo: curtida en el teatro desde los 17, tras cerrar una de las etapas profesionales más importantes de su vida en televisión, ha encauzado su carrera por otros derroteros. Con la vista puesta en el cine y el teatro, pasa de la comedia al drama con una facilidad asombrosa. ¿El resultado? Tres películas de géneros dispares y varias obras teatrales –Chéjov incluido– con las que confirma su versatilidad.
Sin duda había vida después de Aída.
Desde luego que sí. La verdad es que ya empecé a tener propuestas serias el mismo día que comenzaba a grabar el último capítulo de la serie. No me dio tiempo ni de tomarme unas vacaciones y ya estaba otra vez en un rodaje.
Después de muchos años en televisión, has vuelto a hacer teatro.
De hecho, ha habido momentos en los que estaba haciendo las tres cosas a la vez, como muchos otros actores de este país. El teatro es para mí un placer. Para un actor novel es el medio más accesible, el que más disfruta cuando se mantiene e incluso en el que le gustaría jubilarse. Yo lo considero mi hábitat natural, es donde más cómoda me encuentro y creo que, una vez que lo has probado, resulta muy difícil abandonarlo.
Tú empezaste muy joven en una compañía de teatro.
Sí. No estoy muy segura de si existe de verdad la vocación, pero la mayoría de mi familia son músicos y, al crecer en ese ambiente, siempre tuve muy claro lo que quería hacer. Me atraía mucho la idea del drama, de disimular las emociones, los sentimientos. Lo más importante de todo es que he tenido la gran suerte de poder dedicarme a esto profesionalmente. Me han ofrecido trabajos tanto en televisión como en cine y teatro, y lo he disfrutado mucho.
¿Qué te ha aportado cada uno de esos medios?
Los tres son grandes escuelas que se complementan perfectamente. Ahora que estoy descubriendo más el cine, valoro mucho la labor de trabajo en equipo que requiere. Todos mis trabajos los he abordado siempre como si fuera la primera vez. Es lo bueno que tiene esta profesión, que cada papel es siempre una aventura. La lección más importante que he aprendido es que si no eres absolutamente riguroso y respetuoso con tu trabajo y con el de los demás, no lo disfrutarás.
Estás a punto de estrenar Que se mueran los feos, escrita y dirigida por Nacho G. Velilla. Vuestra relación viene de largo.
Nacho ya dirigía Siete vidas cuando yo llegué a la serie. Después él tuvo la idea de hacer otro proyecto con el personaje de Aída, así que imagínate cómo es nuestra relación. A mí me gusta decir que somos como un matrimonio que, después de estar unido diez años, nos conocemos perfectamente y tenemos una complicidad increíble.
En la película interpretas a Nati, un papel que Nacho escribió pensando en ti, ¿qué tiene ella de especial?
Nati es una mujer tremendamente positiva, capaz de sacarle todo el jugo a la vida, incluso cuando más difíciles se ponen las cosas. Ha superado un cáncer y ha perdido un pecho, no es demasiado agraciada, pero demuestra que tiene una gran belleza interior, que le importan las cosas pequeñas. A pesar de que no la han tratado muy bien, lo valora todo como si fuera una niña.
También estás en Pájaros de papel, la primera película que dirige Emilio Aragón, ¿cómo fue la experiencia?
Incluso antes de leer el guión ya sabía que quería participar. ¡Hacer de cupletista! ¡Cantar en el cine! ¡Sí! Acepté porque respeto mucho a Emilio y le quiero. Creo que con este trabajo va a sorprender para bien a mucha gente.
La verdad es que, con cada nuevo papel que interpretas en el cine, nos descubres una faceta distinta, más alejada de los personajes cómicos a los que el público está acostumbrado. ¿Prohibido encasillarse?
El problema es que el término “encasillamiento” se ha puesto muy de moda. Para mí eso significa que interpretes a todos tus personajes de la misma manera. Yo sólo he hecho de un mismo personaje durante muchos años. Creo que el resto de papeles son muy distintos a ése. La verdad es que cuando dejé Aída –a la que le tengo muchísimo cariño, por cierto– fue sólo para cambiar de registro. En realidad nunca me he sentido encasillada.
¿Por eso has declarado que prefieres hacer drama antes que comedia?
Es que la comedia es cansadísima y, aunque estés haciendo reír al público, no significa que tú lo estés pasando bien. Requiere una técnica muy elaborada y un guión bien escrito, porque yo soy actriz, no humorista, y nunca improviso. Sin embargo, en el drama puedo desatar emociones reales.

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