Miguel Poveda: “No soy nada supersticioso”

Trece son los palos que el cantaor ha elegido para trazar un mapa de la historia del flamenco en un disco con colaboraciones estrella como la de Paco de Lucía.

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He escogido los cantes más representativos y con los que más podía dar de mí mismo, intentando a la par que no fuese un disco que ‘pesase’ mucho”. Así describe Miguel Poveda la labor de selección de ArteSano, su nuevo trabajo, para el que se ha arropado con grandes guitarras como la de Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar.
¿Por qué estas colaboraciones?
He aspirado alto porque quería dar el color de cada cante con el guitarrista que más me gustaba. Doy gracias a su respuesta tan sincera y poco interesada.
¿Qué has aprendido junto a Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar?
De ellos he aprendido esa humildad y esa virtud de ilusionarse y de seguir emocionándose con el arte después de tantos años y de todo lo que han visto. Eso a mí tampoco me gustaría perderlo. Me encantaría que cuando tenga 60 años  siguiera sorprendiéndome y teniendo esa ilusión, que existan cosas por las que seguir creyendo en la música. Eso, y ser generoso como ellos.
Y eliges 13 palos, ¿imagino que no eres supersticioso?
No. Nací un martes y 13 a las 13.10 horas, así que es un número que me acompaña y me gusta. Lo cierto es que iba a haber un tema más, pero finalmente se quedó así. Cosas del destino.
¿Por qué esos 13 y no otros?
Lo cierto es que primero hice una lista en la que me salían veintitantos cantes, pero eso es casi una antología y aún no es el momento. Sería muy pretencioso querer hacer ahora una antología del cante porque para eso se necesita de otra madurez. Así que fui escogiendo aquellos en los que más podía dar de mí mismo, los más representativos y con los que mejor me expreso. También fueron escogidos en consenso con el productor José Quevedo ‘Bolita’ para que fuera una buena recuperación de cantes sin que el disco ‘pesase’ mucho y abarcara todo ese arco iris del flamenco.
De todos esos cantes, ¿con cual te identificas más?
Depende del estado de ánimo. Si estoy feliz, por bulerías me expreso muy bien. Si no, me gusta cantar por seguidillas, soleás e, incluso, me atrevo con los boleros.
Ha llovido mucho desde aquellas coplas que grababas en plan casero.
Le quitaba a mi padre sus cintas de The Beatles o Police y las borraba para grabarme yo. Al final, la música que se escuchaba en casa eran las coplas de la radio de mi madre.
¿Las madres nos influyen mucho?
Sí, ellas son las que cantan en casa y las primeras que, cuando nacemos, nos regalan nuestra primera música con sus nanas.
Hablando de las madres, ¿les dedicarías algún tema ahora que se acerca su día?
No una, muchas. Para todas esas madres que sin darse cuenta nos han inculcado unos valores de la música y lo popular a través de sus radios, a través de sus voces cantando en los hogares. Cuántas veces decimos: “Esa canción la cantaba mi madre” con una sonrisa en la cara. Es esa cosa sensible que tienen. Si incluso cuando nacemos son ellas las que nos regalan la primera música al cantarnos sus nanas. Pero, por elegir un tema, les dedico esa Nana de los Rosales que cierra el disco.
Hay muchas colaboraciones en ArteSano, pero aún te falta una con la que sé que siempre has soñado…
Te refieres a Chavela Vargas [risas]. Es cierto que es un sueño que tengo desde hace ya muchos años, más aún desde que la conocí en la Residencia de Estudiantes. Fue genial: comimos juntos, vino a mi prueba de sonido, yo fui a su concierto. La escuché hablar con tanta pasión de Frida Kahlo, de Diego Rivera, de la música popular mexicana… me fascina su persona y su música.
Seguro que la grabación de este disco ha estado repleta de experiencias y anécdotas, ¿te arrancarías a contarnos alguna?
Pues claro. Cuando grabamos la bulería de Jerez El Alfarero lo hicimos en un estudio que  está dentro de una bodega y claro, con ese ambiente y entre amigos, al final el trabajo se convirtió en una fiesta. Estuvimos toda una tarde para esos 5 ó 6 minutos que dura el tema.
Cambiando de tercio para ir a líneas más generales, ¿qué es el flamenco para Miguel Poveda?
Una de las músicas mas especiales que se han creado, una música con muchísimas influencias y con una poesía popular que ha vuelto locos a muchos grandes poetas y genios de la literatura, una música que guarda todos los sentimientos que tiene un ser humano. En definitiva, el flamenco es el ser humano en sí hecho expresión.
¿Eres un “buen aficionado” que diría Morente?
Sí, por encima de todo soy un gran aficionado más que otra cosa.
Tus comienzos fueron atípicos (ni tradición familiar, ni orígenes andaluces…), ese amor por la copla y el flamenco ¿cómo nació?
Por lo que mi madre ponía en casa, por esa música que me llamaba la atención, que me despertaba emociones. Y al ir creciendo me fui dando cuenta de que ese gusto me inquietaba más de lo normal, y desde luego mucho más que jugar al fútbol y otras cuestiones de niños
Y te grababas en cintas caseras.
[Risas] Le quitaba a mi padre sus cintas de The Beatles o Police y las borraba para grabarme yo. Al final, la música que se escuchaba en casa eran las coplas de la radio de mi madre.
Desde que te subiste a un escenario en aquella peña flamenca de Nuestra Señora de la Esperanza en Badalona hasta ahora, ¿cómo has cambiado?
Lo cierto es que no me reconozco en lo de antes. Hay cosas de base como el amor por la familia o por la sencillez que persisten, pero me doy cuenta de que ahora soy una persona obsesionada con aprender y crecer. Por eso voy puliendo todo lo que voy haciendo mal, o al menos lo intento.
La pasión también continúa, por lo que podemos escuchar.
Esa la he tenido siempre, pero antes quizás era más comedida porque en un principio yo quería convencer a los aficionados al flamenco, a los más tradicionalistas, y tenía mucho cuidado con respetar los cantes como ya lo habían hecho otros antes. Pero al crecer, al irte conociendo la forma de cantar, tu interior y al agrupar experiencias vas adquiriendo otra libertad para expresarte y una base más sólida para poder hacer tus cosas.
Hay mucho de verdad cuando cantas en directo.
Es cuando soy más yo. Sobre el escenario, por ejemplo, he tenido sensaciones que no he vivido en lo cotidiano. Toda la magia la encuentro en él. Si lo pienso, cantar es la forma menos tímida de decirle a alguien que lo quieres y también la menos salvaje cuando lo que quieres decir no es tan bonito. La forma más hermosa de llorar algo que te da melancolía o añoranza.
Tras lo conciertos que tienes por España regresas de nuevo a Buenos Aires, ¿es una ciudad que te gusta mucho?
Sí, pero sobre todo por lo musical, luego hay otras ciudades que me gustan por el pulso, por el paisaje…Puede sonar frívolo, pero un paisaje que me encanta es el de una playa paradisíaca con arena blanca, palmeras y una cabaña. Eso me gusta más que una gran ciudad. ¿Sabes? Mi sueño sería retirarme y vivir en un lugar así, con el tiempo ser un pescador que vive en Los Roques (Venezuela) o en la parte más virgen de México como Tulum. Pero con tiempo, porque fíjate que te he dicho que me veo de pescador y, de momento, no me gusta pescar [risas].

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