Toni Acosta: "Cada función es un regalo"

La actriz protagoniza La gaviota, una versión del texto de Chejov que la lleva al límite cada día.

Toni Acosta y Rubén Ochandiano, director de la obra, convencieron a amigos actores para montar La gaviota, drama de Chejov sobre el amor, las frustraciones y el deseo, que ahora se representa en el Teatro Galileo de Madrid. Fue así como ella se convirtió en Irina Arkadina, una diva madura capaz de herir y frustar hasta a su propio hijo, un aspirante a dramaturgo.
¿Cómo te enfrentas al personaje cada día?
Con terror, pero intentando darlo todo. Es un papel que merece que te dejes las entrañas.
Y cada noche vuelta a empezar de cero...
Sí, pero te puedo asegurar que no hay función igual. Cada una es un regalo único que le haces al público que está en la sala en ese momento.
El amor es una parte importante de la trama. ¿Qué tiene que tanto inspira a los actores?
Para mí es lo que mueve el mundo, y en esta obra se habla de muchos tipos: el primero, el maternal... Creo que las locuras más grandes se hacen y hay que hacerlas por amor.
Muchos de los personajes de esta obra viven el talento como una esclavitud. ¿Lo es?
Cuando empecé, José María Pou me dijo que tenía una “inconsciencia maravillosa”. Quizás se disfruta más así. Ahora tengo más miedo a equivocarme. Pero sigo aprendiendo, y no me creo todo lo bueno que me dicen porque si no te pierdes un poco en el camino. Pero, desde luego, trabajar en esto no lo veo como una esclavitud.
Cuando representasteis esta obra en el Lara, tus suegros, Raphael y Natalia Figueroa, formaron parte de los privilegiados que pudieron verla. ¿Fueron buenas sus críticas?
[Risas] Lo que me dijeron me lo reservo, pero me fío muchísimo de su criterio. A Natalia, como sabe tanto de teatro, le pregunto mucho. Fue ella quien me descubrió mi personaje de Ana en el Trópico. Me dijo: “En esta obra hay un papel maravilloso para ti. A ver si lo consigues”.

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