El regreso de Javier Marías

Nuestro más firme candidato al Nobel indaga en el deseo y el perdón en ‘Así empieza lo malo’.

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Leer a Javier Marías es  siempre un ejercicio de autorreflexión: pocos como él se adentran tan profundamente en la condición humana. Filosófico, agudo y muy inteligente, es uno de nuestros autores más vendidos, con más de siete millones de ejemplares en todo el mundo y traducciones a más de 40 lenguas. Y, a pesar de no presentarse a los premios porque le parece un poco pretencioso, estos le llueven. El último ha sido el prestigioso Tomasi di Lampedusa, otorgado a su última novela, Los enamoramientos, que fue publicada en 2011 y considerada como el mejor libro de ese año.

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Tras este gran éxito regresa con Así empieza lo malo, una historia que, como él mismo explica, versa “sobre el deseo, como uno de los motores más fuertes en la vida de las personas, que a veces lleva a pasar por encima de cualquier lealtad, consideración e incluso respeto en el trato con los demás”. Para ello, ha elegido como protagonistas a un matrimonio y a un joven que será testigo de su misteriosa desdicha conyugal. Un balcón para asomarse también a la arbitrariedad del perdón y la justicia, que cambia en la medida que nos afecta y nos toca. Y así, de nuevo, diseccionará los sentimientos, como ya hiciera antes con el amor, la persuasión, la traición o la violencia, con la delicadeza y precisión de un cirujano. Para ello, utiliza la palabra de forma magistral, pues por algo es miembro de la Real Academia Española.

Portada del libro de Marías 'Así empieza lo malo'
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Nuestro más firme candidato al Nobel –para muchos no hay quien lo merezca más– es también un excelente cuentista. De hecho, Mala índole, un libro que recoge casi todos sus relatos, es quizás la mejor puerta de entrada a su universo. Si prefieres un toque de acidez, incluso con un punto de irreverencia, no te pierdas Vidas escritas,  un compendio de insólitas biografías de genios de la literatura que aquí son tratados como si fueran personajes de ficción. Toda una delicia de fina ironía. Y una excusa más para leer a Marías, un placer que siempre es esperado.