Ideas para congelar para madres ocupadas

Anota todo esto en tu libro de cocina y tu comida congelada pasará a otro nivel.

Qué alimentos son mejores y cuáles peores, algunos trucos que te harán la vida más fácil, recetas salvavidas… anota todo esto en tu libro de cocina y tu comida congelada pasará a otro nivel.

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Congelar verduras

Las verduras son de los alimentos que mejor aceptan la congelación.  Que estén frescas es una de las claves. Antes de hacerlo, asegúrate de que están sanas y limpias (si hay alguna zona dañada, retírala). Prácticamente todas pueden congelarse sin problemas a excepción de las ensaladas y los pepinos. La patata tampoco acepta la congelación demasiado bien, a no ser que esté completamente triturada (sí está recomendada para congelar purés) y en el caso de congelar tomates o pimientos, ten en cuenta que a la hora de su descongelación su uso se limitará para salsas y no para consumo fresco. 

​Escaldar o blanquear antes de congelar

Efectivamente, antes de congelar las verduras se recomienda meterlas en agua hirviendo y retirarlas rápidamente (no dejar que hiervan). Es decir, "escaldarlas" o "blanquearlas". Con esto conseguirás que las hojas no se marchiten, ni pierdan su sabor durante la congelación. En el caso de congelarlas crudas, sécalas antes. 

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​Congelar hierbas frescas

Anota este truco porque te servirá para dar más sabor a tus guisos. Congelar hierbas frescas en aceite de oliva sustituirá de forma natural a los cubitos en polvo que añaden sabor. Perfecto para platos como las lentejas o las recetas de horno, como el pollo asado. Para ello sólo necesitas las hierbas aromáticas que prefieras, aceite de oliva virgen extra, un molde cubitos de hielo y papel film. Pica todas las hierbas y mezcladas con el aceite de oliva, ve rellenando con ellas cada hueco del molde. Sácalos cuando los necesites en tus recetas. 

​Bechamel

Los expertos saben que todos los minutos en la cocina son de oro. Por eso, congelar sobras, salsas o guisos es fundamental para aprovechar un perfecto dominio en la cocina y optimizar el tiempo. Congelar salsas como la bechamel, te ahorrará tiempo cuando una de tus recetas la incluya y vayas justa de hora. Por supuesto, mucho mejor será degustar una bechamel casera que la precocinada o, al menos, mucho más natural. Cuando la hagas, deja su textura lo más fina posible para poder congelarla. Acepta muy bien el proceso y su descongelación no le resta sabor. 

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​Salmorejo

Es una de las cremas que mejor acepta la congelación. En temporadas de entre tiempo, puedes disfrutarlo en cualquier momento en el que el termómetro suba. Además, tras la descongelación adquiere un doble valor: tanto un plato de crema deliciosa de verano, como una salsa perfecta para enriquecer otras recetas y guisos.

​Salsa de tomate

Y si de tomates va la cosa, la salsa casera de tomate congelada es de las mejores ideas para congelar y disponer en la nevera en cualquier momento. Los sofritos de tomate triturado natural son básicos que necesitarás en cualquier momento y te solucionarán más de un apuro. Triturar el tomate, sazonarlo y sofreírlo con cebolla, ajo y especias apenas te llevará tiempo un día. Congélalo en tarros de cristal con tapa. Puedes utilizarlo para guisos como las alubias vegetales, como salsa de albóndigas, para hacer pisto...

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​Pollo Villaroy

El pollo Villaroy o pollo relleno de bechamel es otra de las mejores recetas para tener congeladas y disponer en cualquier momento. Solucionará más de una de las cenas de los niños en poco tiempo. La carne de pollo acepta a la perfección la congelación y si le sumas el relleno de bechamel, su proceso de descongelado lo convertirá en un plato como recién hecho delicioso al que nadie dirá que no. Congélalos una vez que estén empanados y rellenos de bechamel pero siempre, antes de freírlos, con la carne cruda. Cuando los descongeles y los frías, te sorprenderán. 

​Caldos

Especialmente hay uno que acepta muy bien la congelación: el de pollo. Es indispensable en invierno ya que te asegura un primer plato en cualquier momento. Además, es perfecto para otros guisos, por ejemplo, para cocer arroz y convertirlo en una deliciosa sopa. 

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​Crema de champiñones

Lo mismo sucede con la crema de champiñones. Deliciosa tras la congelación y con un sabor como si estuviera recién hecha. Para hacerla, sofríe los champiñones con cebolla y ajo y bate junto a la cantidad de leche al gusto (para mayor o menor espesor), un cubo de mantequilla (o un chorrito de aceite de oliva), sal, pimienta y, para mayor cremosidad, un quesito. 

​Lasaña de verduras

La lasaña de verduras es perfecta para congelarla y disponer de ella para solucionar una comida en la oficina o una cena de los niños. Congélala antes de hornearla, una vez que ya hayas echado el queso para fundir por encima. Al descongelar, métela al horno unos minutos y ¡lista! Del mismo modo puedes hacer con su versión de pollo, otra de las recetas que acepta fenomenal el proceso de congelado.