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Isabel Muñoz

Para hacer fotos hay que tener ojos... y corazón”. Así de rotunda es la última Medalla al Mérito en las Bellas Artes. ‘Infancia’, su nuevo trabajo con Unicef, es un capítulo más de su denuncia social e interés por explorar el mundo.

Texto: MAR MORENO. Fotos: ISABEL MUÑOZ. Making off: DAVID LÓPEZ

En 1996, Isabel estaba en Camboya fotografiando la belleza de su arquitectura y su danza cuando un amigo le pidió que le acompañara a visitar un hospital infantil que había cerca. “Operaban a los niños sin anestesia, no había antibióticos, pero no se oía ni un gemido. Me sentí muy mal porque yo me vi hablando del cielo: la belleza, la sensualidad... y justo al lado estaba el infierno. Aquella visita marcó mi vida”.
A partir de entonces, la denuncia social ha sellado gran parte del trabajo de esta mujer que siempre mira a los ojos. Cada instantánea es un ser humano, una historia, un recuerdo imborrable con el que Isabel crece como fotógrafa y como persona y que la hace más intuitiva, misteriosa y franca. Infancia, su último trabajo con Unicef que expone a partir del 15 de septiembre en CaixaForum Madrid, es sólo un ejemplo más de su empeño por hacer que nos cuestionemos lo que nos rodea.
Has dicho que Infancia es el trabajo de tu vida.
Sin duda. Un proyecto con el que he aprendido mucho. Imagínate qué intenso: hemos visitado 20 países
y fotografiado a más de cien niños en apenas unos meses...
¿Te has llevado más alegrías o malos ratos?
Los malos ratos están ahí, porque muchos niños tienen vidas dramáticas. El hecho de que nazcas en un país u otro marca tu existencia. A mí, desde pequeña, el cuento de Hansel y Gretel me agobiaba mucho, y te das cuenta de que, en el siglo XXI, muchos pequeños deambulan por el mundo perdidos como aquéllos, cayendo en las manos de la gente más horrible. Aun así, hacer un retrato del mundo a través de los niños y sus sueños, de sus sitios secretos, sus juguetes... se convirtió en un trabajo sobre la esperanza.
Siempre hablas de esperanza, de afectos.
Es que para mí es muy importante. Yo no puedo vivir sin ella y los mismos niños te lo dicen. De hecho, tú ves a uno que está en una situación tremenda y, de repente, se pone a jugar, te sonríe. Y no es un tópico.
De todos los derechos, ¿cuál has echado más en falta?
No hay ninguno por encima de los demás. El derecho a jugar es básico, pero claro, también a que estén alimentados, escolarizados... ¡a existir! Porque si no están censados, no tienen nada, ni derecho a un trozo de tierra. Al retratar la infancia retratas el mundo que estamos construyendo.
¿Y tu conclusión acerca de cómo está el mundo...?
No me veo capaz de darte un veredicto. Sí te diría que en estos 20 años de lucha de Unicef te das cuenta de que su trabajo está sirviendo para algo. Cuando ves que sus granitos de cooperación llegan, es como si llegáramos todos. Porque estos niños tenían otra forma de mirar, esperaban algo.

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