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Charla con Dominique Lapierre y su hija Alexandra en París

El padre reedita sus mejores best sellers, la hija publica nueva novela. Y nos hablan de las pasiones que les unen: los héroes olvidados, la pasión por viajar, los caballos...

Padre e hija en la casa de ésta

Cuando Alexandra era una niña, un día la castigaron en el Liceo de monjitas donde estudiaba porque se había maquillado esperando a un enamorado. Nadie podía imaginarse que el amor de su vida no era otro que su padre, Dominique. “Yo lo adoraba y, como él viajaba mucho, recuerdo aquellas eternas esperas y mi ansiedad por su regreso. Me preparaba como si fuera el amor de mi vida...”, nos cuenta.
Cumplidos los 15, decidió escribir su primera novela y la mantuvo en secreto hasta que tuvo el primer borrador acabado. Sólo entonces y “muerta de miedo” se lo dio a su padre que, según confiesa, se quedó “alucinado”. “No es amor de padre. Todavía ahora he llorado al leer el final de la última novela de Alexandra [En el amor y en la guerra, la historia del hijo de un imán secuestrado por el ejército del Zar Nicolás I]”, apunta Dominique.
Un apellido, dos mundos
El escritor afirma que, cuando su hija decidió publicar, él le aconsejó cambiarse el apellido, “para liberarse del yugo del padre”. Pero ella se negó. “Tiene mucho carácter, decía que quería triunfar por ella misma y todos esos rollos, pero sin renunciar a ser una Lapierre”, ríe. Y el apellido es lo único que comparten sus libros porque, aunque a los dos les gusta husmear tras el soplo de epopeyas históricas, afrontan su trabajo de un modo muy distinto.
“Eso es lo extraordinario. A los dos nos gusta hacer que los lectores sueñen con épocas fantásticas, pero para mí lo importante es la técnica periodística [durante 14 años formó parte del staff de la revista Paris Match], me gustan los temas de actualidad. Ella, sin embargo, trabaja sobre el pasado. Es la intelectual. Le encanta buscar personajes casi olvidados, investigar entre papeles llenos de polvo... ¡Para este libro aprendió incluso a leer el Corán!”.
Ella lo confirma, pero cree que, al final, el objetivo es el mismo: testimoniar grandes aventuras humanas: “Si conociéramos un poco más nuestra historia, muchas tragedias que se repiten podrían evitarse.”

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