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Ellas se van de crucero

Rosa Beneitez y Ana Mª García querían vivir el lujo en el mar y AR las invitó a un crucero por el Mediterráneo. En el relato de su espectacular viaje encontramos todos los detalles de unas vacaciones de ensueño

Texto: Ana Mariscal. Fotos: Patricia Gallego

Hemos acompañado a nuestras lectoras a bordo de un crucero MSC en un viaje desde Roma hasta Barcelona en el que disfrutaron de unos días de lujo “muy placenteros”. Tras unos 50 kilómetros en autobús desde Roma hasta el puerto, llegamos frente al Splendida. “Te quedas sorprendida de la inmensidad del barco: es alucinante, a veces nos perdíamos por él”, comenta Rosa. Es más largo que la Torre Eiffel dispuesta horizontalmente, y tan alto como un rascacielos de 23 plantas. La mayoría de los camarotes disponen de un balcón privado. Antes de subir, nuestras lectoras no podían imaginarse todas las sorpresas que les esperaban. “El barco es una ciudad flotante: ofrece todo lo que puedas necesitar”, cuenta Rosa y Ana añade: “No me lo esperaba tan grande, no daba la sensación de estar en un barco.”
Rosa y Ana disfrutaron de cuatro días de placer y lujo haciendo escala en Marsella y Génova. Las dos coinciden en que, de las ciudades visitadas, Génova fue la que más les gustó. “Me encantó conocerla; estaba muy bien cuidada y sus calles, estrechas y empedradas, la convertían en una ciudad de cuento. En realidad, disfruté más del recorrido y sus paradas”, asegura Ana. Rosa, sin embargo, se muestra más indecisa y no sabría elegir entre las paradas turísticas o las atenciones que disfrutaban en el barco. “Todo en sí era un lujo”, nos cuenta.

Nuestras lectoras pudieron disfrutar de cinco piscinas entre las que había una cubierta y un espectacular Aqua Park con 150 chorros de agua y 12 bañeras de hidromasaje. “Desde algunas de ellas disfrutas de unas vistas increíbles”, explica Rosa.
Las dos tuvieron la oportunidad de recibir una sesión de masajes. Una pareja de balineses hizo las delicias de las amigas, que describen ese momento como “ de relajación total”, durante un rato que a las dos les pareció corto. “La pena fue que no durara más”, explican ambas. Además cuenta con una zona chill out, un espacio dedicado al juego y al azar en el Royal Palm Casino y 400 metros de zonas infantiles. Por las tardes, Rosa y Ana disfrutaban mucho con las tiendas que abrían a bordo, establecimientos que ofrecían de todo, desde un estanco hasta una joyería. Lo que más sorprendió a Ana fueron las dimensiones de los pubs, “más grandes que los que puedes encontrar en Madrid”.

El servicio del barco hizo sentir a nuestras lectoras como unas pasajeras únicas y privilegiadas. Y no es para menos, ya que el crucero tiene una media de más de un tripulante por cada tres pasajeros, por lo que Rosa y Ana tenían una persona de la tripulación dedicada a ellas de manera casi constante. Nuestras lectoras nos describen el camarote en el que se alojaban: “Era muy amplio y ofrecía mil comodidades, aunque casi ni parábamos en él. Por las noches, Rosa y yo salíamos al balcón. La paz y tranquilidad que sientes al anochecer frente al mar era lo mejor”, nos cuenta Ana. El crucero ofrece servicio de habitaciones, pero ellas preferían bajar a desayunar al buffet frente al mar,con unas vistas “maravillosas”.
No hay crucero que se precie sin una cena de gala para decir “hasta pronto”. Por eso, a pesar de no tener prevista una despedida de gala como tal, Rosa y Ana eligieron su última noche para vestirse de fiesta. Cenaron en un restaurante mexicano, y a la mañana siguiente se despidieron del barco “con lágrimas en los ojos; fue una experiencia muy intensa” cuenta Rosa. “Hacía tiempo que no nos reíamos tanto; conseguimos desconectar y volver con las pilas cargadas”, nos dice Ana.

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