Custo Dalmau: "A mi edad, ya solo me pongo nervioso con el café"

​Lleva 35 años llenando de color la pasarela y marcando estilo en las series americanas. Ahora es el momento de la transformación. ¿Se está sofisticando Custo Barcelona?

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Mucho más. Así se llama la nueva colección de Custo Dalmau. No hay duda de que cuando un diseñador que lo ha conseguido todo se decanta por un nombre así es porque el genio sigue muy vivo. Nos encontramos con el catalán minutos antes de presentar por primera vez en España su gran manifiesto del cambio. El escenario elegido es la Pasarela de Castilla y León, en Burgos.

¿Es verdad que Custo se está moderando? ¿Que ahora apuestas por el minimalismo?

Para nada, no soy nada minimalista. Lo que pasa es que antes dábamos un concierto con muchos decibelios, y ahora lo damos con algunos menos, pero sin renunciar al color, a la fusión de materiales y al grafismo, que es nuestro ADN. Es un trabajo de coctelería más sutil: un afinado más del sabor, quitándole un poco de cuerpo.

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¿Entonces por qué catalogas Way More ('Mucho más') como una colección totalmente rompedora?

Porque coincide con el 35 aniversario de Custo en el mercado y entendemos que esta propuesta tiene que servir de testimonio para pasar el proyecto a una nueva generación, a los hijos de nuestros primeros compradores.

¿Este cambio es también tu manera de enfrentarte a las imitaciones que te persiguen desde el comienzo de tu carrera?

Contra las imitaciones ya no trato de luchar, porque lamentablemente nos han perseguido siempre. Al final dices: "Si tengo que vivir con este moscardón, que no me impida disfrutar del verano". Las decisiones de desarrollo de producto las tomamos porque entendemos que tiene que ser así, no porque haya imitadores. Al final, los que quieren imitarte lo van a acabar haciendo. Dicen que hay más dólares falsos en el mercado que verdaderos, así que, imagínate: si pueden imitar tan bien el dólar, qué no van a poder hacer con la moda, que es pura estética.

Custo asegura que jamás a pagado a una famosa por lucir sus diseños. Paula Echevarría, Elsa Pataky o Victoria Abril han sido algunas de las celebrities fieles a la firma.
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Has dicho que la pasarela es una contradicción necesaria.

Y sigo pensándolo. Hoy en día lo que prima es la inmediatez: cuando el consumidor ve algo y le apetece lo quiere comprar enseguida. Lo que pasa es que la pasarela tiene mucha más funciones, como la de ser un gran show. Lo más curioso es que las pasarelas se han mantenido prácticamente inalterables en los últimos cincuenta años, cuando el mundo no ha dejado de cambiar.

De esos cincuenta, llevas veinte desfilando en Nueva York. ¿Qué te sigue aportando la Gran Manzana?

Nueva York nos ha colocado en el mapa internacional de la moda. Te da una proyección que solo puedes comparar con París o Milán.

Cuando empezaste, eras el único extranjero que desfilaba en la cita neoyorquina. ¿Cómo recuerdas esos primeros años?

Fueron muy duros los inicios. No fue nada fácil. Lo que pasa es que tuvimos un poco de suerte porque llegamos a EE.UU. en medio de una corriente minimalista que llevaba mucho tiempo, con lo que la gente estaba cansada, y ahí estaban nuestras camisetas, que eran justo lo opuesto. Curiosamente, comenzamos en las tiendas que usaban los estilistas de Hollywood, y en unos meses nuestras camisetas salían en un montón de programas de televisión, en series de éxito, en películas, en vídeos musicales, en anuncios... No hay mucho más: estuvimos en el momento adecuado, en el lugar adecuado y con el producto adecuado.

¿Ese fue el momento en que pensaste: "Esto funciona"?

Claro, nos encontramos con el mejor marketing que puedes tener en EE.UU.: que Hollywood te haga publicidad gratis, totalmente gratis. Recuerdo que había una serie de Disney de chicas de 16 años que estuvo durante cuatro o cinco años usando nuestro vestuario y nunca nos lo solicitaron. Lo normal es que te llamen y te pidan, pero no fue así. No solo no nos cobraban ni un dólar, sino que además pagaban por nuestras prendas.

Has vestido a las chicas de Sexo en Nueva York, de Friends, a Bridget Fonda en Jackie Brown o a Julia Roberts en Novia a la fuga...

Nuestras camisetas llamaron la atención de las famosas, no fue al revés. Las camisetas fueron el buque insignia porque eran lo que realmente rompía con todo.

Custo ha tenido el mejor marketing en Estados Unidos: ser el favorito de Hollywood. Phoebe en Friends y Julia Roberts en Novia a la fuga lucen sus camisetas. A la izquierda, una imagen de un velero customizado por la firma.

Ahora se hace lo contrario, pagar a las celebrities para que lleven tus prendas.

Alguna vez hemos intentado buscar a las famosas, pero cuando te pasan la factura llegas a la conclusión de que no tiene sentido. Nosotros no pagamos nada. Alguna vez nos han pedido algo especial para una entrega de premios o algún evento, pero pagar en forma de cheque, jamás.

Para España, ¿cuál es la estrategia para seguir compitiendo?

El mercado español no solo está saturado de marcas. Además, tiene la mayor corporación de moda del mundo con una incidencia demasiado grande en un mercado realmente pequeño. Y ya sabemos de quién estamos hablando...

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También has hecho colaboraciones con firmas de renombre internacional. ¿Cómo afrontas estos retos creativos?

Las colaboraciones nos sirven para valorar si nuestra identidad tiene sentido en algo más allá de la moda. Es muy interesante transmitir esa esencia de Custo a un teléfono, a un ordenador, cambiar toda una Harley-Davidson, un velero, una cafetera, un vino...

¿Crees que tus hijos continuarán con esa esencia tan reconocible de Custo Barcelona?

Si les gusta a ellos, yo encantado, pero solo si les gusta. Carlota tiene ya 25 años y estudia Interpretación, aunque ha desfilado tres o cuatro veces para la firma. En la última Semana de la Moda de Nueva York, su hermana Montana, de 16 años, también salió. Lo hacen porque han respirado moda cada día de su vida y porque subirse a la pasarela no les cuesta nada.

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Custo Barcelona siempre ha sido una empresa de carácter muy familiar. De hecho comenzaste en ese viaje a las costas de California con tu hermano David.

Y sigue siéndolo. Mi hermano siempre ha estado en la parte empresarial de la compañía.

También hemos visto por el backstage a Eva, tu mujer.

Mi mujer me ayuda mucho en los desfiles. A ella le encanta organizar las pasarelas.

¿Por eso estás tan tranquilo antes del desfile?

A mi edad no es lo mismo: ya solo me pongo nervioso con el café.

¿El deporte también ayuda?

El deporte es mi estilo de vida. Hacerlo cada día es complicado. De hecho es una de las cosas que peor llevo de los viajes. Mi día perfecto necesita un par de horas de ejercicio. Hago musculación, aeróbico, elasticidad... y en verano practico kitesurf y esquí náutico. Antes iba mucho a Canarias a practicarlo, pero en Tarifa y en Cataluña también hay zonas que están muy bien para coger unas olas.

Moda, deporte y padre de familia numerosa. ¿Cómo te organizas?

La verdad es que no me cuesta nada. Cuando tuve a mi primera hija pensé que mi vida iba a cambiar de forma radical, pero no fue así. Ahora tengo cinco hijos y mi vida sigue igual. Hago exactamente lo que quiero hacer, y es que tiene que haber una línea que lo separe todo para que no sea invasivo.

Entonces, ¿tenemos Custo para muchos años más?

Tengo la suerte de que me sigo divirtiendo mucho, de que sigo teniendo la dosis de adrenalina que necesito cada día para mantener el entusiasmo. Mientras dure eso, yo continúo. En el momento en que no me aporte nada, lo dejaré, porque es un trabajo muy exigente.

Diseñador y padre de familia numerosa

Casado con Eva Vollmer (@evavollmer), Custo Dalmau tiene cinco hijos de edades muy diferentes. La 'heredera' es Carlota, tiene 25 años y estudió Fashion Business en el Instituto Marangoni de Milán. Ahora se está formando como actriz en Nueva York, aunque echa mucho de menos a sus hermanos pequeños, de los que comparte entrañables imágenes en Instagram (@carlotadalmau). Siguiendo sus pasos, también ha debutado en la pasarela neoyorquina Montana (@montanadalmau), donde la joven de 16 años lució las últimas creaciones de Custo.