Mar Saura de sol a sol

A punto de estrenar serie, la presentadora y actriz interpreta para nosotros el papel de una ocupada mujer de negocios y nos muestra cómo sobrevivir 24 horas con mucho estilo

Fotos: Juanjo Molina. Estilismo: Mayte de la Iglesia.

La cita es en la habitación 610 del Hotel Me de Madrid . Mar Saura llega puntual, saluda al equipo y se prepara para la sesión de fotos. Estos días su actividad es frenética: ha regresado a España después de pasar un año trabajando en México, ya está metida de lleno en el rodaje de una nueva serie que veremos este otoño y tiene pendiente de estreno una miniserie sobre la Operación Malaya.
Mientras le enseñan la ropa que va a llevar, nos cuenta que acaba de llegar de París: “Me invitaron a ver el desfile de Alta Costura de Jean Paul Gaultier y no pude decir que no. Fue un espectáculo increíble, es un genio. Al final me acerqué a saludarle y charlamos unos minutos. Me fascinó por su mirada y su personalidad magnética”.
Un ambiente, el de la moda, que no le es para nada ajeno. Con 18 años inició una carrera como modelo que la llevó por las pasarelas de medio mundo. Residió en Milán, París, Miami, Tokio y Nueva York, donde trabajó para diseñadores como Carolina Herrera y Óscar de la Renta: “Disfruté tantísimo de aquella época... Era muy joven y no sabía cómo funcionaban las cosas, pero fue una experiencia valiosísima que me sirvió como aprendizaje”.
Su trayectoria pronto cambió de dirección. “ Viajé muchísimo en un periodo de tiempo muy corto, necesitaba instalarme en un sitio fijo. Decidí regresar a Madrid para estudiar Arte Dramático en la escuela de Cristina Rota. Quería valorar por dónde iba a dirigir mi carrera. El primer casting al que fui era para televisión. No fue una decisión premeditada, pero me ofrecieron presentar un programa y no rechacé la oportunidad”.
Durante casi una década, Mar fue uno de los rostros más reconocibles y habituales de la pequeña pantalla. “Trabajé junto a profesionales tan importantes como Constantino Romero, Bertín Osborne o Pedro Piqueras. También fui compañera de cadena de Ana Rosa –recuerda–. La verdad es que no podría haber tenido mejores maestros”.

Hace un par de años, sus inquietudes profesionales la encaminaron por fin hacia la interpretación: “Tuve algunos papeles en series españolas y enseguida me propusieron un proyecto en México titulado Capadocia”. Ambientada en una cárcel de mujeres, interpretaba el papel de Julieta, una cirujana acusada de asesinato. El colofón se produjo cuando la serie fue nominada a tres Emmy y Mar recibió una invitación para entregar uno de los premios junto al actor protagonista de CSI NY en una gala en directo vista por más de 13 millones de espectadores. “Imagínate. Soy la primera española que entrega un Emmy. Un momento que no olvidaré nunca”.

Una vez finalizada su aventura americana e instalada de nuevo en Madrid, Mar está trabajando en Ángel o Demonio una nueva serie cargada de misterio que dará mucho que hablar en la que interpteta a una mujer ‘diabólica’. “He llegado a obsesionarme con mi personaje, hasta el punto de soñar con ella. Disfruto mucho el proceso de creación, toda la adrenalina que se concentra en el set durante los cinco minutos previos a empezar, las dudas y las inseguridades... Cuando por fin gritan ‘acción’, todo cobra sentido”.

Todos los logros de su carrera obedecen a las decisiones tomadas siguiendo su instinto: “Sencillamente la vida me ha dado oportunidades que he aprovechado. Hago lo que siento en cada momento y, desde luego, no trabajo para satisfacer a nadie, sólo a mí misma. Sería muy triste si sólo pensara en el qué dirán. Nunca he pretendido agradar a todo el mundo. Cuando una puerta se me abre, voy a por ello”.
Está claro que pocas cosas la intimidan. Algo que se confirma cuando salimos a la calle a fotografiarla entre el tráfico: la gente la reconoce, le hace fotos con el móvil y se arremolina para saludarla. Ella reacciona tranquila y sonriente. Disfruta todo lo que hace como si fuera la primera vez. Incluso después de casi diez horas, cuando el fotógrafo anuncia que ha terminado, ella pregunta “¿Ya está?”. El día se le ha hecho corto.

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