Dientes sanos

Los dientes son parte indispensable del crecimiento de nuestros hijos. Les ayudan a ingerir correctamente los alimentos a través de la masticación y favorecen el desarrollo del habla, que les permite su integración en la sociedad.

Su higiene y cuidado tempranos resultan fundamentales para su correcta evolución. La doctora Elena Barbería Leache, catedrática de Odontopediatría de la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid, aclara todas nuestras dudas sobre la salud bucodental de los más pequeños.

Visita al dentista
Cuando un bebé está más irritable de lo habitual, llora y se lleva las manos a la boca, los padres suelen achacarlo al dolor por la dentición. Es muy posible que así sea, pero una vez que ésta se complete, pueden surgir problemas mucho más difíciles de identificar. Si detectamos, por ejemplo, manchas o posiciones incorrectas de los dientes o de la lengua, debemos acudir al odontopediatra, ya que pueden existir alteraciones como caries, maloclusiones (que los dientes al crecer no encajen), alteraciones de la estructura dentaria, infecciones… Aunque parezcan insignificantes, si no se tratan a tiempo, podrían originar problemas en la salud de nuestro hijo. Es importante, a partir de un año de edad, llevar al niño al odontólogo infantil para revisiones periódicas. Unos dientes de leche sanos y cuidados evitarán muchas visitas al dentista cuando el pequeño se convierta en adulto. Por otro lado, los dientes de leche también pueden sufrir caries. Pero, por las características propias de éstos, la infección tienen un avance más rápido y afecta al tejido nervioso antes que en el adulto.
Además, el aprendizaje de la pronunciación de los fonemas está relacionado con la colocación adecuada de los dientes, los labios y la lengua. Si la dentadura no se encuentra en su sitio, el niño podrá tener ceceo. Si presenta un frenillo lingual muy corto (el que se encuentra debajo de la base de la lengua), sufrirá movimientos de este músculo restringidos, que pueden provocar trastornos alimentarios por déficit en la succión, y babeo exagerado. En muchos casos será necesaria una intervención quirúrgica.

Si existen pérdidas tempranas de dientes, en algunos casos será vital reponer los huecos con prótesis infantiles para evitar problemas de pronunciación y consiguientes complejos. Éstas suelen colocarse a partir de los tres años. La herencia es un factor que influye en el desarrollo de la caries: por lo general, los niños que sufren muchas, suelen tener antecedentes familiares. Sin embargo, se pueden cambiar los factores externos para evitarlo. La doctora Barbería advierte que “una vez aparecen, todos los dientes dañados, sean de leche o definitivos, tienen que repararse. Hay niños en los que el empaste puede estar indicado a los tres años y otros en los que debe demorarse hasta la preadolescencia”. En cuanto al aparato, la especialista cree que “es fundamental no esperar a que salga toda la dentadura para ponerlo, porque se perdería la importante etapa prepuberal, llena de cambios hormonales y físicos”.

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