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Trucos que te lo pondrán fácil

A situaciones críticas, decisiones firmes. Apúntate estas pautas para los momentos más ‘peligrosos’.

Mary Poppins
Mary Poppins

Demasiada televisión y videoconsola.
Controlad sus contenidos, e incluso compartirlos si puede ser positivo. La violencia y zafiedad alteran el desarrollo del niño. Limita el tiempo. Lo mejor es proponerles alternativas, como un partido de fútbol, ir al parque o salir de excursión.
Rabietas y berrinches.
No cedas, tenga la edad que tenga, o lo seguirá haciendo de por vida. Déjalo solo con su ‘numerito’, para que el berrinche pase inadvertido. Y, cuando se tranquilice, habladlo y solucionadlo.
No quiere estudiar.
No estáis obligados a sentaros con él, simplemente a ayudarle a crearse una rutina, cumplir un horario, hacerle las asignaturas más amenas y a participar en su mundo exterior, la escuela.
La rebeldía.
Forma parte de su desarrollo y reafirmación, pero hay que poner límites. A menudo son los padres quienes incumplen las normas, lo que las anula ante los ojos del niño.
“No quiero comer”.
Desde que son pequeños, tienes que intentar afrontar la hora de la comida como uno de los momentos más agradables para compartir en familia. Aceptar sus gustos y no hacer un drama cuando el niño rechace unas judías verdes es una forma de hacerlo. Hay trucos como elaborar las comidas de una manera atractiva, poner la mesa de forma distinta, preparar alguna sorpresa... Obligarlos a comer es una vía directa al fracaso. Lo único que harás es crearles más manía contra los alimentos y el ritual de la mesa. Eso sí, si no quieren comerse el primer plato, querrá decir que tampoco tienen hambre para el postre…
Apatía y ostracismo.
La mayoría de las veces es una señal de que el niño tiene un problema o está molesto por algo: quizá ha discutido con un compañero, lo han castigado, el grupo lo ha rechazado o se siente acomplejado por alguna razón. Pregúntale, sin intimidarlo, hasta que te desvele la razón de su aislamiento. Y, lo más importante, el niño debe hacerlo voluntariamente. No vale un “¿qué te pasa?”. Abarca demasiada información. Lo mejor son las preguntas directas, provocadoras y eficaces: “¿Te gusta estar enfadado?”, “¿qué provecho sacas de este comportamiento?” o “¿a qué tienes miedo?”.

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