El viaje místico de Antonio Carmona
En busca de sí mismo, se ha encontrado con un tipo luchador, currante y amante de la libertad. Lo cuenta en su nuevo disco.
Texto: Carla Hernández. Fotos: Jaume de Laiguana
Dedicas una canción a tu mujer.
De noche. Creo que es la joya del disco, porque cuento con la cuerda del maestro David Campbell. Me siento muy orgulloso de haber trabajado con él. Además, la grabación fue una gozada, porque la hicimos en Capitol Records, un sitio maravilloso por el que han pasado los más grandes, como Sinatra.
Ella ha sido siempre tu mánager, ¿es fácil compaginar amor y trabajo?
La verdad es que no. Por eso hace cinco meses dejé de trabajar con ella y me alegro de haber dado ese paso. No por nada: creo que Mariola es la mejor mánager de este país, pero prefiero tenerla como mujer.
Pese a ser un hombre muy familiar, ¿necesitas la soledad?
Siempre. La soledad es una de mis mejores compañeras. Es con ella cuando salen mis mejores canciones y cuando se puede ver al verdadero Carmona que siento dentro.
Está claro que tú llevas la música en las venas. ¿Crees que tus hijas seguirán tus pasos en el futuro?
La pequeñita, Lucía, toma clases de piano, canta y baila y Marina canta conmigo en uno de los temas de este disco. Disfrutan con la música; ellas también saben de dónde vienen: son la quinta generación de una gran dinastía de músicos y asumen que también tienen una responsabilidad. Pero lo importante es que se tomen en serio a sí mismas, que aprendan todo lo que puedan y viajen mucho.
¿Qué es ser un Habichuela?
Me siento orgulloso de mis raíces. Toda mi familia ha luchado mucho para conseguir un sitio en la música. Sobre todo, admiro a mi padre como a nadie. Es un maestro, un genio. Además, es mi inspiración. Lo quiero y respeto mucho. Tener un padre así es un lujo, aunque también supone una verdadera responsabilidad: tú, como músico, tienes que estar a la altura de un padre así.
¿Tres rasgos de los Habichuela?
Ser trabajadores, muy artistas y, ante todo, luchadores.
Hablando de trabajo, también has hecho tus pinitos cinematográficos en Gitano, ¿repetirías la experiencia?
Me encanta el cine. Siempre que tengo un rato libre y no estoy tocando o componiendo veo películas. Pero la actuación se la dejo a los actores. Sí que hice mis pinitos, pero fue una cosa muy cortita, todo por un amigo.
Hay una canción que me encanta, Madrid, en la que dices que te sabes libre. ¿Cuándo notas esa sensación?
Siempre. Los gitanos somos libres, no nos atamos a nada. Para hacer música, tienes que sentirte sin cadenas para poder decir lo que sientes y filtrarlo a través de tus letras.
También hablas de unión, aunque das un paso más allá. En Ari Ario sugieres la abolición de fronteras.
A mí no me gustan las fronteras. Creo que no poder viajar libremente a otro país es un atraso. Yo vivo en Cádiz y ver llegar a la gente en pateras, con esas fatigas que tienen que pasar, cruzando un mar del que no saben si van a salir, es horrible. El rechazo al inmigrante no es más que un mecanismo de los que tiene el poder para mantener el control.
¿A qué tienes miedo?
Al ser humano porque puede llegar a ser muy retorcido. Por ello yo necesito mi libertad, para poder decir lo que siento y, si soy capaz, ayudar a los demás con mis canciones, haciendo que se sientan más libres o felices.
Un gran mérito por tu parte…
Mis canciones no son mías, vienen de arriba. Yo soy sólo un instrumento que las filtra a través de la música. Hay noches en las que me despierto a las cuatro de la mañana ahogado, porque tengo una armonía o una letra que necesito echar afuera. Es como una inspiración que Dios te está dando.




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