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Dominique Lapierre y su hija en París

El padre reedita sus mejores best sellers, la hija publica nueva novela. Y nos hablan de las pasiones que les unen: los héroes olvidados, la pasión por viajar, los caballos...

La ironía y el sentido del humor que comparten son contagiosos. Es obvio que la admiración que sienten el uno por el otro refuerza un cariño que, sin duda, es auténtico. “Siempre hemos estado unidos con un amor total, verdadero. Cuando yo me divorcié tuvimos problemas con su madre, pero siempre los afrontamos juntos”.
La autora de 'Fanny Stevenson' y 'Artemisia' no es tan efusiva, pero sí igual de transparente y afectuosa que su progenitor. Un equilibrio perfecto.
“Me encanta el aliento que hay en la forma de escribir de mi padre. Cómo consigue reflejar la enorme energía con la que vive la vida. De pequeña, no solía recomendarme libros. Simplemente, era un ejemplo de vida”, cuenta Alexandra.
Al parecer, la energía Lapierre y el ansia por conocer el mundo se heredan. “¡No os imagináis los nervios que me hace pasar esta hija! Porque no investiga desde su ordenador. Viaja a Rusia, Chechenia... ¡sola! En algunas situaciones ha puesto realmente en peligro su vida”.
Viajeros incansables
Alexandra mira a su padre con una sonrisa infantil, pero no intenta desmentirle. Y Dominique aprovecha para, como el gran charlatán que es, continuar halagándola: “Eso sí, a pesar de ser una escritora excepcional, también es una hija y madre excepcional. Cuando yo tuve cáncer fue la primera que corrió a verme a la clínica ¡con el rostro aún más devastado que el mío!”.

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