Maastricht: La capital del arte
La ciudad más antigua de Holanda
Texto: Constanza Belda Fotos: Félix Lorenzo
Esta encantadora ciudad, la más antigua de Holanda, alberga durante los últimos días del invierno la feria de arte más importante del mundo: The European Fine Art Fair (TEFAF). Un espectáculo único para contemplar, de primera mano, las obras de arte más codiciadas del planeta, y disfrutar de una urbe coqueta que reúne en sus adoquinadas calles magníficos museos, elegantes tiendas y animadas terrazas, en un ambiente multilingüe y alegre.
Famosa por ser la sede de la firma del Tratado de la Unión Europea, que marca una nueva etapa en la integración europea, su nombre significa “paso del Mosa (Maas en holandés)”. La fundaron los romanos en el año 50 a. C.; sufrió el ataque de las tropas españolas en 1579; en 1673, tras sus murallas murió el mosquetero francés D'Artagnan; en 1794 se unió a Francia y en 1830 pasó a ser dominio de Holanda.
Ubicada en la provincia de Limburgo, en una franja holandesa entre las ciudades de Aquisgrán (Alemania) y Lieja (Bélgica), Maastricht cuenta con un impresionante patrimonio cultural; nada menos que cerca de 1.600 monumentos protegidos. Esta pequeña ciudad, de unos 120.000 habitantes, que aún conserva sus fortificaciones medievales prácticamente intactas, hoy es una villa animada y agradable, que rebosa juventud por su condición de centro universitario.
Un paseo por la historia
Aunque es la capital de Limburgo, casi todo lo que hay en Maastricht es diferente al resto de Holanda, excepto las bicicletas, que se ven por todas partes. La ciudad es propicia para el recorrido a pedales o a pie, por eso se aconseja acceder al casco antiguo, dejar el coche y pasear para descubrir los tesoros de esta villa. El mejor parking está en la propia plaza central, llamada Vrijthof, un buen lugar para empezar a conocer Maastricht. Esta plaza de armas, donde antaño se ahorcaba a los malhechores, ahora es un amplio espacio arbolado con pequeños restaurantes y cafés, que alberga los principales edificios de la ciudad: el de la Guardia Militar, el de la Gobernación Española, el teatro neoclásico Generaalshuis y la iglesia más antigua del país, St. Servatius, fundada en el siglo XVI en honor al primer obispo de Holanda, Servasio, responsable de que Maastricht se hiciera cristiana. Un templo que merece la pena visitar y ver su tesoro, con reliquias del siglo XI.
Continuamos nuestra visita y nos dirigimos al distrito de Stokstraat, donde nos recibe una muestra de la arquitectura renacentista holandesa; aquí las casas, con altos techos a dos aguas, lucen en sus fachadas de ladrillo escudos del siglo XVIII. Después llegamos a la Morenstraat, una plazuela de suelo empedrado en la que se pueden contemplar termas galorromanas.
Siguiendo hacia el este, llegamos a la calle Stokstraat, llena de tiendas de lujo, muchas con fachadas renacentistas, escudos y ventanas enmarcadas en piedra, en un ambiente muy elegante y cuidado. Y si continuamos hasta la Plankstraat, de repente el paisaje se transforma en un entorno medieval. Contemplamos un castillo con dos torres, y al acercarnos, descubrimos que no se trata de una fortificación, sino de la Basílica de Nuestra Señora, un imponente edificio construido en roca carbonífera antes del año 1000. Esta iglesia, la más antigua de Maastricht, tiene dos criptas y un maravilloso coro románico del siglo XII, con columnas superpuestas. Al salir, podemos contemplar en una de las esquinas una garita, del año 1786, que fue una de las antiguas puertas de la ciudad.



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