La ruta del vino

Escápate a la Ribera del Duero

Texto: Alicia Arranz. Fotos: Juan Serrano Corbella
Ribera del Duero
Vista del impresionante Castillo de Peñafiel desde la Plaza del Coso (donde aún se celebran corridas de toros).

La naturaleza ha querido que, en la confluencia de las provincias de Valladolid, Burgos, Soria y Segovia, se den cita todos los elementos que contribuyen a que un vino no sólo sea bueno, sino excelente. Si seguimos el criterio del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, podemos dibujar en un mapa una franja en la que esas condiciones son más que óptimas. Concretamente, se trata de un área de unos 115 kilómetros de ribera que discurre en paralelo al trazado del río y en la que se asientan más de cien pueblos, la mayoría de menos de mil habitantes. Hay mucho que ver en estas tierras a las que los romanos trajeron el verdor de las viñas y que todavía están sembradas de monasterios y castillos en los que se han vivido intensos episodios, particularmente en tiempos de la Reconquista. Pero, sobre todo, hay mucho de lo que disfrutar, así que lo primero es dejar las prisas a un lado y centrarte en la parte vallisoletana (la Ribera Baja), porque es la zona de mayor concentración de viñedos y bodegas.
Aquí puedes empaparte de unos paisajes adustos a cuya belleza cantaba Antonio Machado y que todavía nadie ha descrito mejor que Delibes. Poco a poco, te contagias de la tranquilidad que llena cada rincón de los pueblos por los que pasas y te deleitas al saborear las delicias de la gastronomía castellana, mientras te sumerges en el universo del vino, el verdadero protagonista de todo lo que sucede por estos lares.
Peñafiel es el mejor punto de partida. No es exagerado decir que su castillo es la identidad de este pueblo, cuyo punto central es la Plaza del Coso, un amplio espacio rectangular de casas con balconadas de madera que, desde la Edad Media, son el palco de las corridas de toros que aquí se celebran. Desde ésta, la vista del Castillo es impresionante y te remonta a la época medieval. Pero para hacerse una idea de dónde estás hay que subir hasta él.
Lo primero que te recibe es una panorámica de la zona que embelesa. Tras un rato contemplando la vista hay que entrar en el castillo, hoy convertido en la sede del Museo Provincial del Vino, una visita obligada para aprender de enología. Después, siempre y cuando no sea el primer fin de semana de octubre, cuando habría que sumarse a las Fiestas de la Vendimia, para reponer fuerzas puedes dirigirte al spa del Centro de Turismo Rural La Vida (tel.: 983 881 559), a pocos kilómetros de Peñafiel. Déjate cautivar por un magnífico tratamiento de vinoterapia. Te sentirás como nueva.

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