Senegal, ¡explóralo!
Nuevas sensaciones
Este país africano te invita a vivir mil y una aventuras: sentirte parte de la naturaleza, soñar en el desierto, navegar en un barco colonial...
Texto: Mar Moreno Fotos: Cristina López
Aterrizar de noche en Dakar, la capital de Senegal, puede confundirte, porque te obliga a adentrarte en el excitante bullicio de una ciudad abarrotada de gente, luces, música y locales callejeros. Nada que ver con el sosegado destino que muchos viajeros buscan al calor del África más tradicional.
El embrujo de la luna duplica el misterio que se esconde detrás de cada uno de los rincones de este excitante país. Porque Dakar es sólo la puerta de entrada a una aventura llena de sorpresas que se extiende a tus pies al despertar: horizontes infinitos, hospitalarias aldeas tribales, sonidos tradicionales entre las dunas, la naturaleza salvaje de sus parques naturales, la increíble cercanía de su gente, que te sorprenderá con sólo dejarte llevar un poquito...
Todo depende de tu hoja de ruta. La primera decisión puede consistir en perderte en el centro de la ciudad, en torno a la Plaza de la Independencia, y disfrutar de ofertas culturales como el Museo Ifan (uno de los mejores de África occidental), una visita al Palacio Presidencial o a los mercados de Sandaga y Kermel. De paso, no olvides informarte sobre algunos de sus famosos locales de jazz (como el Club Thiossane, propiedad del rey de la música senegalesa, Youssou N’Dour) para ir a escuchar música en directo después de cenar.
No dudes en coger un ferry con rumbo a la isla de Gorée, a 20 minutos. Conocer este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es imprescindible por lo impactante que resulta la visita guiada a la Casa-Museo de los Esclavos, desde donde partieron hacia el Nuevo Mundo, sin regreso, 20 millones de esclavos secuestrados de las aldeas y despojados hasta de su nombre.
El tiempo se detiene en destinos como el Lago Rosa de Retba, a 40 kilómetros de Dakar, famoso por el curioso color rosado que toman sus aguas a la luz del sol, debido a su alta concentración de sal. Pero, si tu intención es explorar nuevas rutas, piérdete en Lompoul, el desierto más bonito de Senegal. Puedes alojarte en una acogedora jaima entre las dunas, ducharte bajo las estrellas y, después de una cena a la luz de las velas, tomar un té y bailar al calor de una hoguera. Si eres madrugadora, no te pierdas el amanecer.
Otra aventura interesante es embarcar por unos días en el legendario barco Bou El Mogdad, de estilo colonial, con el que, sobre las tranquilas aguas del río Senegal, podrás adentrarte en pleno corazón de la región del Sahel.
La civilización vuelve a cobrar vida en Saint-Louis, la colonia francesa más antigua de África, situada cerca de la desembocadura del río Senegal. Sobre todo si accedes a la ciudad por el magnífico puente Faidherbe, construido por Gustav Eiffel, el mismo que hizo realidad la famosa torre parisina.
Visita su patrimonio colonial, repleto de edificios y palacios, y saborea un plato de arroz con pescado y verduras, típico del país. Acércate a conocer la comunidad de los pescadores (conocida como Guet N’Dar), donde, si aguantas el fuerte olor, puedes observar cómo descargan los barcos y secan el pescado al sol, y ver el cementerio musulmán, cubierto por redes de pesca.
Si disfrutas con la naturaleza, a 8 kilómetros de Saint Louis se encuentra la Lengua de Barbarie, una franja de tierra que separa el océano Atlántico del río y que constituye una de las reservas ornitológicas más importantes de Senegal. Al norte de la ciudad también puedes coger una barca para visitar el parque nacional de Djoudj y quedarte embobado con el vuelo de los pelícanos, las águilas pescadoras o las garzas reales. Enamórate de la belleza salvaje de este país acogedor y accesible, de horizontes infinitos, etnias autóctonas y acacias y arrozales que se extienden al sol bajo un cielo azul intenso.



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