El editorial de Ana Rosa Quintana: De repente, el amor

Queridas compañeras de viaje: la redacción ha decidido en febrero hacer un homenaje al amor después de los cuarenta, lo que en principio me hace sospechar que hay alguna cuarentañera enamoriscada y cree que es algo excepcional. En esta ocasión voy a hablar por mí. No me lo han contado, ni lo he visto, ni tengo una amiga...

No hay amor mas consciente, estable, generoso e inteligente que el que llega cuándo tienes experiencia y ninguna gana de volverte a enamorar. Si partimos de que no hay reglas y que cuando te llega ya no hay nada que hacer y ninguna estamos libres de que nos salga rana, las vivencias pasadas sirven al menos para saber lo que no queremos. Miremos con sinceridad dentro de cada uno de nosotros: lo que te epata en la juventud no es lo que valoras a los treinta. Cuando ya hemos superado el amor por deslumbramiento, cuando dejamos de exigir de nuestra pareja lo que no es y por fin reconocemos que tampoco somos perfectas, es entonces cuando empezamos a estar preparadas para vivir el gran amor. 

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Algunas, unas pocas, tienen la suerte de toparse a la primera con su pareja perfecta y otras tienen que besar muchas ranas hasta encontrar al príncipe. Lo importante es no engañarse ni vivir un amor aburrido, sin pasión, por costumbre, justificando que eso es la pareja, que el amor evoluciona hasta que nos convertimos en compañeros de piso a los que tenemos apego e hijos en común. En esto del amor habría que dar un librito de instrucciones para no confundirlo con otros sentimientos como cariño, amistad, necesidad o comodidad. Tampoco es conveniente creer que siempre hay que vivir en la montaña rusa. 

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El tema es tan complicado que nadie tiene la formula mágica para la felicidad de pareja sin fin. Cada una de nosotras, afortunadamente, ha vivido el amor y el desamor, el cielo y la desesperación. Todo ello es vida y experiencia. Yo he tenido la suerte de encontrar el amor de mi vida recién cumplidos los cuarenta y, como todas las cosas importantes de la vida, llegó cuando menos lo esperaba; es más, cuando no tenía ninguna gana de volver a vivir en pareja. Fue decir: "Nunca ningún hombre va a volver a colgar sus pantalones en mi armario" y... hoy tenemos mellizos y sigo enamorada como el primer día. Esa es la magia del amor: nadie lo controla, nunca se sabe dónde ni cuándo te va a invadir, sin solución, sin remedio, sin posible resistencia.

Feliz día de los enamorados.